LA PECULIAR VISIÓN SURREALISTA DE LARREA
En general, el léxico de Versión celeste anilla campos semánticos dispares que comparten elementos insospechados de proximidad, sólo revelados por el discurso. Pero es evidente el grado de autonomía que cada fragmento o texto afirma en el ámbito de la estructura unitaria del libro. Es decir, advertimos en cada célula sintagmática, verso o poema, un hilo conductor determinado por la tensión interior del mensaje que colma cada vacío, cada aparente contradicción o incomprensión semántica. A veces un poema, como «Sans glaive», proporciona una enumeración de imágenes sin nexo en su conjunto, pero capaz cada una de coagular una fuerte carga emotiva general que nadie, tan sólo la espada, puede separar.
La riviere la nuit le feu de vivre
les cheveux pieuvre les besoins d'une pluie
à partager
la glace la plus retenue
la moins rapace
les jambes plus pures que des écluses
seules sur l' abandon
les mains noircies de fleurs noires comme des yeux fermés
Toi seule tu peux nous séparer
Es evidente que estas asociaciones léxicas aparentemente surrealistas se distancian de la finalidad del movimiento francés, que estaba interesado en alcanzar una versión superior —como en el caso del libro inicial de versos y Oscuro dominio —, una versión «celeste» de la realidad. Si el surrealismo tendía a la exaltación del yo, el poeta bilbaíno aspiraba a su superación y disolución, animado por la esperanza de descubrir el sentimiento verdadero de una vida68. Por este motivo su abandono al fluir de imágenes provenientes de estados psíquicos respondía a un ansia interior que intentaba reconstruir la unidad sintáctica de la frase. Repetimos que se trataba de una exigencia espiritual que, con el tiempo, fue premonitoria de su futura visión mesiánica. A veces el desplazamiento de la imagen de su ámbito natural, o más bien el uso impropio e incoherente de una acción verbal, traducen la energía de un sentimiento que para expresarse explora los escondrijos misteriosos de la mente percibida en su ámbito trascendental. Otras veces fascinan algunas atmósferas suspendidas que Larrea inventa y semejan telones de fondo flotando en un aire de sueño. Hay casos en que las imágenes desorbitadas nos sorprenden con su capacidad de asociación, que vence cualquier resistencia de forma y contenido. Así ocurre por ejemplo en estos versos de amor del poema «Belle Île 10 septembre», integrados en la sección Ailleurs :
De même que lorsque la mer étouffe une colombe
par amour a la géographie
les vagues ne cachent pas l'effet que l'écume leur produit
je me souviens de tes seins en forme de cité
lorsque mon coeur déploie ses drapeaux d'activité
vers l'horizon qui éclate
petite ingrate
ingrate ingrate à faire ombrage aux brisants
sans autre distance que quelques vaisseaux d'haleine
tu es plus désirable que la guerre de cent ans
Au falte du temps je t'aime comme une douane sereine
je t' aime par transparence bref je te rouille
Juan
A propósito del último verso, Bodini notaba como peculiaridad característica de la lengua de Larrea la fuerza de penetración del sentimiento «que tiene el poder de modificar y alterar (químicamente) su objeto»69.
LA MEDITACIÓN LABERÍNTICA DE ORBE
A partir de 1932 aumenta la afición de Larrea a la arqueología precolombina y su vocación americanista. No en vano dos años antes había viajado con su mujer a Perú y, ya en el Cono Sur, se instalaron en Juli, junto al lago Titicaca. Por entonces dejó de escribir versos para volcarse en la reflexión mística, lo que no equivalía al abandono de la poesía y a su investigación poética, sino al abordaje de otro medio más profundo, de una perspectiva más visionaria y apocalíptica para el conocimiento del mundo. Él explicó los motivos de este cambio en su «Carta a un escritor chileno» (alias Pablo Neruda), quien le pedía razones del abandono:
«Le respondí que por mi parte hacía ya varios años que había desatendido el ejercicio literario de la poesía, pero que ello en nada modificaba mi actitud poética, sino que, al contrario, era producto de una penetración más directa a su ser real y profundo»70.
Mientras tanto, iba grabando en las páginas de un diario, que cronológicamente abarca el período entre 1926 y 1933, el conjunto de reflexiones y anotaciones personales71. Aquí emerge la continua meditación dictada por el magma onírico y los arquetipos proféticos. Al fin y al cabo, una mies de juicios e intuiciones conformaba todo un libro que, como se ha anticipado arriba, Bergamín deseaba publicar en 1936 en su colección de Cruz y Raya , poco antes de que estallara el golpe militar que obligaría al director de la revista a abandonar España junto con el grupo de intelectuales y escritores antifranquistas.
En realidad, Orbe es un diario de notas que ocupa una amplia extensión de páginas (1.521 en el texto mecanografiado por César Vallejo por encargo del propio Larrea). Contiene una serie de apuntes autobiográficos, a veces de carácter familiar, acompañada de un despliegue de reflexiones filosóficas y artísticas, razonamientos, observaciones, intuiciones y análisis sociológicos, estéticos y religiosos. Se cruzan y yuxtaponen formando un unicum discontinuo, fragmentario y fuertemente sujeto a la conciencia aplastante de una tesis visionaria que traspone e interpreta el manantial íntimo en materia de la realidad presente y futura. Esta tendencia es siempre de impronta poética (Larrea al principio pensó titular el libro Universo poético ), pero más discursiva y especulativa; por eso la elección de la prosa proviene de la misma crisis espiritual que origina los poemas de Versión celeste . Influye la lectura en 1927 del libro La evolución mística del padre Juan González Arintero. En este sentido, Orbe se coloca al final de esta primera fase de indagación y anticipa la escritura de los grandes ensayos. Aquí surgen ya los motivos del mesianismo y profetismo en los que triunfa el espíritu o, mejor aún, la Verdad y el Absoluto (así, en mayúscula). Se trata de una poética sugerente que alimenta el discurso crítico con un trasfondo totalmente religioso y americanista. La dificultad para el lector estriba en entrar en un texto híbrido, aunque construido con audacia, donde domina lo íntimo como guía de los acontecimientos exteriores. Se ahonda en conceptos místicos y simbólicos, fundados en la enajenación y el desdoblamiento del yo. Este es el referente que Larrea explota en su búsqueda del yo universal, como revela este fragmento del libro:
«Día ha de llegar en que estas ideas no se me aparezcan como fantasmas sino como evidencias, dentro de mí, Juan Larrea, o dentro de sí, yo universal. La articulación entre estos dos personajes, su identificación es la que me falta»72.
Antes, en una nota titulada «Cuzco», alude al viaje al lago Arequipa en 1930. Allí donde el espacio se confunde con el absoluto celeste, Larrea había advertido por primera vez la quiebra de su yo individual y el nacimiento, en consecuencia, de otro estado psíquico libre y universal:
«En la altura he notado primeramente una descoyuntación del yo, como si estuviese compuesto de más de un elemento, cosa que se me produjo con grandes luchas y violencias en Arequipa.
De esta descoyuntación resultó un nuevo estado psíquico en el que una especie de potencia absoluta reinaba sobre el cuadro interior de complejos»73.
En definitiva, este concepto se eleva a exigencia espiritual, por encima de cualquier credo religioso. Sin embargo, para Diego esta intuición no resulta tan clara, transparente, comprensible y verdadera para todo el mundo, según responde en el acuse de recibo del libro de Larrea. Esta discordancia, como escribe en su carta del 26 de diciembre de 1933, se funda en la diferente tesis acerca del destino humano y de la pervivencia en la otra vida, negada en la visión de Larrea: «Me es difícil renunciar —confiesa Diego— a la esperanza cierta de una vaga inmortalidad del alma, no sé cómo, pero de alguna manera que compense los trabajos y para mí evidentes injusticias de esta vida». En particular, Diego censura la pretensión de aplicar el análisis psicológico a la esfera de los acontecimientos exteriores. El lenguaje preciso se convierte «en puro juego de imaginación divertida, en puro poema de conceptos en los que te sigue el lector artista, pero no el neófito convencido». En una misiva del 29 de diciembre, Larrea responde a la crítica del amigo, quien a pesar de sus observaciones asegura que la idea central lo había convencido y que el libro es llamado «a tener una larga resonancia». Cree que Diego no había captado por completo la intención del volumen, que en conjunto es de índole poética y no filosófica. Defiende así el carácter autónomo, ya que «el libro forma un objeto en sí que se basta a sí mismo, algo que [se] sostiene por sí solo, sin vinculaciones inmediatas, como un cuerpo humano, como un planeta, en su atmósfera, que se crea y en la que se crea constantemente». Lo mismo sucede con el sueño, pues la razón humana puede comprender lo que oscuramente le ha dictado el inconsciente onírico. Y dirigiéndose a Diego, Larrea se pregunta si esto es producto de la irrupción del «superconsciente» y las causas del fenómeno:
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