La producción ensayística de Larrea empieza con los dos libros de Rendición de espíritu , del año 1943. Conforman una especie de prefacio que expone los mitos religiosos y laicos, y además los sueños colectivos en los que centra el examen, pues llega a considerar que aquella parte oculta, cubierta por la censura de la psique colectiva, esconde una verdad trascendental, una concepción que va en contra de la religiosidad católica de Roma y al mismo tiempo rechaza la ideología marxista de Moscú. En nuestra selección, siguiendo la huella hecha por Cristóbal Serra en su antología citada, hemos elegido el capítulo XVI, «Amor de América», porque anticipa el tema americano anunciado por la profecía de Rubén Darío. El poeta —apunta David Bary a propósito del libro— «veía estas realidades encubiertas como fragmentos de un lenguaje impersonal, expresión de una conciencia colectiva de la cual las conciencias individuales, presas en la ilusión del yo, no son más que fragmentos»81. Después, en particular en el texto Teleología de la cultura , un curso dictado en la Universidad de Córdoba, Larrea estudia la figura del obispo español Prisciliano, ejecutado a finales del siglo IV por heterodoxia y cuyos restos, según su opinión, fueron venerados en Galicia como los del apóstol Santiago. Y a este propósito comenta nuestro autor:
«El hecho de que el descubrimiento fuera profundamente subversivo ni añadía ni quitaba nada a su exactitud. La historia de Santiago misionero y matamoros era una de tantas especies legendarias a que, en su subjetivismo, tan inclinada había sido la mente medieval, creadora de sus propios mitos circunstanciales, y empeñada, tras la disgregación del Imperio, en atribuir geométricamente las predicaciones de cada una de las naciones del círculo mediterráneo a uno de los doce apóstoles»82.
En el mismo ensayo Larrea analiza la historia del profeta Daniel y el mensaje revolucionario del Apocalipsis. Esta investigación confluye en la obra capital La espada de la paloma (1956), un ensayo vinculado a la exégesis del libro de Juan, a la lectura de la literatura eclesiástica de las Actas de los concilios peninsulares, a la Patrología griega y latina de J. P. Migne y a otros asuntos de la heterodoxia religiosa en los que nuestro autor encuentra la llave de su tesis visionaria y de su proyección panamericana. Larrea lee la Epístola a los Corintios de Clemente Romano, escrita a raíz de una grave crisis que afectaba a la comunidad cristiana de Corinto en la última década del reino de Domiciano, y percibe cómo se exalta el orden jerárquico de la Iglesia católica. Esta lectura le sirve de pretexto para criticar, a la luz de la hermenéutica del Apocalipsis, tal modelo castrense en contraste con el carácter humilde de la palabra evangélica y con el espíritu profético que sustenta la tradición judeocristiana. En efecto, para Larrea, el mensaje de las profecías, desde Isaías hasta Amós y Oseas, asevera un espíritu revolucionario a favor del alma y la religiosidad judaicas; es decir: «Se afirma violentamente lo esencial dentro del fenómeno religioso, el Espíritu o conocimiento de Dios, frente a la institución en que se “incorpora” por razón del culto externo». El libro, que aborda varios aspectos de la tradición heterodoxa y milenarista, invita a mirar otra realidad con una proyección hacia América, con un anhelo de ascendencia espiritual que, a su vez, se alza como impulso concreto. Según Larrea, no es el resultado de ningún proceso de sincretismo, sino el fruto de una crisis que propicia un cambio y una distinta visión y concepción del mundo. Como ya había constatado en Rendición de espíritu , insiste Larrea en la presencia de una realidad expresada por un pensamiento poético subjetivo, pero que no desdeña la objetividad y la razón colectiva.
A lo largo de este excursus se ha señalado que Larrea no persigue otra imagen de sí mismo, sino una parte separada (e imaginada) de su yo. Pero ¿cómo llegar a ella? La producción de los ensayos escritos a lo largo de cuarenta años de reflexión sigue un orden laberíntico, sin principio ni fin, inmerso en la corriente universal del pensamiento: «Como bien lo sabía Dédalo —apunta Larrea en Rendición de espíritu — de ese laberinto o vía transformativa, semejante al de la crisálida, sólo puede uno desprenderse por arriba, aladamente»83. En realidad, la metáfora es el vehículo que le permite hallar en su sistema continuas equivalencias y contrastes. Escribe el poeta que Roma leído a la inversa significa Amor, y Finisterre —final de la tierra—, indica proximidad al cielo84. Todo depende del vector elegido, y Larrea enfoca la trascendencia de su yo buscándolo fuera de sí mismo, como sección de él pero aún oculto y cercano a la experiencia mística. Igualmente, su lectura de la historia también desarrolla un mito apocalíptico según el modelo de la visión teológica en que todos los hechos reales y acontecimientos privados, bien ordenados y engastados en su finalidad última, trazan una línea ascendente que conduce hacia un lugar geográfico concreto, el del Nuevo Mundo americano, que ya indicaba el subtítulo de su ensayo más amplio, Rendición de espíritu . En fin, toda la obra de Larrea, la poesía y la prosa (que es continuación de la primera, como documenta la experiencia del diario Orbe ), constituye una larga hermenéutica introspectiva que explora un territorio sagrado en el que se amalgaman historia e individuo, realidad objetiva y psiquis, y donde lo irracional irrumpe continuamente como saber profético indispensable para el conocimiento de la parte espiritual y oculta del ser. Desde el comienzo, esta aspiración se traduce en el desprendimiento del yo y en la conquista de un territorio neutro en el que la biografía y la historia se confunden, donde el individuo se mezcla con lo colectivo, y el signo de la vida personal deviene cifra premonitoria de un destino ya preconizado y trazado en el tiempo. En consecuencia, la salida de sí mismo y de España, que coincide con el abandono de la poesía, anticipa el exilio de orden político y el viaje mesiánico hacia América. Larrea, poeta y prosista, supera los límites literarios de su obra y propugna una doble quiebra y evasión: de España y del lenguaje. Queda su voluntad de silencio, que ha resistido a los asaltos de amigos y estimadores, un silencio necesario para que el gusano que aprisionaba su ser se metamorfoseara en crisálida y luego, como mariposa o arrebatada Psique, volara hacia la alta morada del espíritu, donde habita el otro yo imaginado y perseguido por el poeta.
G. M.
BIBLIOGRAFÍA ESENCIAL
LIBROS Y ARTÍCULOS DE JUAN LARREA PUBLICADOS
Oscuro dominio (1926-1927), México, Alcancía, 1934 (edición limitada de 50 ejemplares).
Arte peruano, Madrid, 1935 (catálogo ilustrado de la exposición de la colección Juan Larrea en el XXVI Congreso Internacional de Americanistas, Sevilla, 1935).
«Conocimiento de América», Cuadernos Americanos, año I, vol. I, núm. 3, México, mayo-junio de 1942, págs. 117-121.
«Hacia una definición de América (Última Tule)», Letras de México, año VII, vol. I, núm. 1, México, 15 de enero de 1943, págs. 9-10.
Rendición de espíritu, 2 vols., México, Cuadernos Americanos, 1943.
El surrealismo entre viejo y nuevo mundo, México, Cuadernos Americanos, 1944.
«Ingreso a una transfiguración», en Emilio Prados, Jardín cerrado, México, Cuadernos Americanos, 1946, págs. 7-24.
The Vision of Guernica, Nueva York, Kurt Valentin, 1947 (edición española: Pablo Picasso: Guernica, Madrid, Edicusa, 1977).
La religión del lenguaje español, Lima, Universidad Nacional Mayor San Marcos, 1951.
Razón de ser (tras el enigma central de la cultura), México, Cuadernos Americanos 1955 (2.ª ed., Madrid, Júcar, 1975).
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