LIBRO PRIMERO Claves epistemológicas para repensar el destino humano
ENSAYO I EL EPISTEME MODERNO Y SU FRACASO
No hay duda que las dos primeras décadas del siglo XXI muestran todos los signos de una profunda crisis civilizatoria. Devastación ecológica, trastornos climáticos, desequilibrios ambientales, deterioro socio-cultural, violencia generalizada, conflictos bélicos y políticos, migraciones forzadas por violencia política, económica y ambiental, epidemias, hambre, etc., son entre muchas otras las características de la actualidad humana. El escenario del mundo presente evidencia, con absoluta nitidez, el quebranto y decadencia de la civilización moderna-occidental-capitalista.
Antes de exponer los signos de la crisis civilizatoria que muestran el fracaso de su horizonte de sentido, es importante establecer los conceptos básicos que van a permitir el estudio y análisis de la situación actual. Del tema propuesto se deprende que es el concepto de civilización el que tienen que entrar en debate, antes de lo cual es necesario intentar definirlo.
A nivel del pensamiento universal abstracto, el concepto civilización hace referencia a un proceso, un continuo movimiento hacia adelante y en expansión que expresa la trasformación del comportamiento humano social e individual. Estos cambios en la vida social aluden:
…tanto el grado alcanzado por la técnica, como al tipo de modales reinantes, al desarrollo del conocimiento científico, a las ideas religiosas y a las costumbres. El concepto puede referirse a la forma de las viviendas o a la forma de la convivencia entre hombre y mujer, al tipo de las penas judiciales o a los modos de preparar los alimentos. Para ser exactos, no hay nada que no pueda hacerse de una forma «civilizada» y de una forma «incivilizada», con lo que siempre resulta algo difícil tratar de resumir en unas cuantas palabras todo aquello que el término «civilización» comprende. (Elías, 1988, p.57)
Las trasformaciones del comportamiento humano en sociedad se comprenden a partir de dos tipos de relaciones y estructuras dialécticamente articuladas. Las que se dan a nivel de la vida del individuo se explican con el concepto de psicogénesis, y las otras hacen referencia a la vida social y se exponen con el concepto de sociogénesis. En este sentido, las trasformaciones del comportamiento humano de las cuales da cuenta el concepto de civilización son, en rigor, las transformaciones de las estructuras de la personalidad y de las estructuras de la sociedad.
Las estructuras de la personalidad se forman a partir de las relaciones que los individuos establecen entre ellos, las mismas que son posibles a partir de una determinada configuración afectiva. De lo que se trata es de un tipo de formación espiritual y emotiva que se materializa en una determinada forma de comportamiento individual. La posibilidad que dos individuos entren en relación está dada por el establecimiento de un límite claro entre los dos que forma el yo en relación al otro yo. Este límite expresa y se forma en el control de las pulsiones (energía psíquica profunda), que se muestra en las funciones corporales y manifestaciones emotivas que son las que se reprimen con el establecimiento de los límites.
Los límites son codificaciones (simbolizaciones) que instituyen lo común entre dos o más individuos y en esa medida estructuran las relaciones sociales. El límite se presenta socialmente como normas/mandatos que prescriben el comportamiento o conducta social adecuada, que posibilita la convivencia humana. La pauta de comportamiento da forma de sentimientos a las emociones, para que éstas se presenten de manera no directa y violenta. Así, se matizan las manifestaciones psíquicas de los individuos y se refina la expresión de sus ideas (Elías, 1988), a través de prescripciones de diversos tipos y cualidades como el pudor, la vergüenza, el miedo, el silencio, etc., que restringen la expresión de las pulsiones en su búsqueda de placer o realización inmediata.
Lo dicho se traduce en usos o costumbres cotidianos que se extienden a todos los miembros de la sociedad a manera de pautas generales de comportamiento, que muestra el nivel de avance de las relaciones humanas. Se concluye, entonces, que el desarrollo de una determinada civilización y la existencia de la misma tienen que ver con el límite (codificación) que la cultura impone a las pulsiones de la naturaleza humana. En este mismo sentido, el límite es lo que separa y pone en relación al hombre y su naturaleza o a la naturaleza y su autocociencia. La posibilidad de la demarcación y de su efectividad como configuradora de las relaciones humanas y de lo humano con la naturaleza se da, entre otros recursos y capacidades del ser humano, por consecuencia de la técnica.
A nivel del pensamiento histórico concreto, para el mismo autor, el concepto civilización expresaría la “autoconciencia de occidente”, con el cual busca diferenciarse y aventajar a sociedades anteriores y no occidentales. El concepto civilización establece así las peculiaridades de occidente – “el grado alcanzado por su técnica, sus modales, el desarrollo de sus conocimientos científicos, su concepción del mundo y muchas otras cosas” (Elías, 1988, p.57) – en las cuales afirma su identidad. El grado alcanzado se muestra en el nivel de las realizaciones en lo económico, lo político, lo social, la ciencia, la técnica, y la cultura.
LA MODERNIDAD EN SU DECADENCIA TECNOCIENTÍFICA.
Al observar la curva civilizatoria del proyecto nor-atlántico, en la perspectiva teórica de Norbert Elías, es pertinente afirmar que se asiste al momento de su declinación y caída en un nuevo periodo de barbarie. Para explicitar lo dicho es necesario determinar cuáles han sido las transformaciones en las estructuras de la personalidad (psicogénesis) y en las estructuras de la sociedad (sociogénesis) que explican el actual regreso de la barbarie (Elías, 1988). La comprensión de los procesos de larga duración se facilita cuando:
En un primer momento podemos distinguir dos direcciones principales en los cambios de la estructura social: cambios estructurales en la dirección de una diferenciación e integración creciente y cambios estructurales en la dirección de una diferenciación e integración decrecientes. (Elías, 1988, p.10)
La fase de declinación de una curva civilizatoria exige distinguir los cambios estructurales en la dirección decreciente que incluye los procesos de la dirección creciente. Para propósitos de este debate se establece un corte histórico en los años sesenta del siglo pasado, a partir de los cuales se puede observar: Por una parte un proceso de flexibilización progresiva de los controles emotivo humanos, que mostrarían cambios en las estructuras de la personalidad en dirección de una diferenciación y una integración decrecientes. Por otra parte, se observa cambios estructurales en el conjunto de la sociedad, que tienen la misma dirección decreciente que la primera. Este hecho es visible en el deterioro gradual de las principales instituciones modernas sobre todo el Estado. Es importante señalar que estas transformaciones en dirección decreciente son producto de las transformaciones en dirección creciente. En otras palabras, la integración y diferenciación de las instituciones modernas devino es su desintegración e indiferenciación.
En varios debates teóricos sobre el significado social de la revolución cultural del mayo francés del 68, autores de distintos orígenes teóricos sostienen que la misma produjo transformaciones en las estructuras sociales y de la personalidad en dirección decreciente, que al contrario de suponer una salida del capitalismo implicaron su recomposición mejorada.
…a partir de 1970 apareció gradualmente una nueva forma de capitalismo, que abandonó la estructura jerárquica del proceso de producción al estilo de Ford y desarrolló una organización en red, basada en la iniciativa de los empleados y la autonomía en el lugar de trabajo. (Zizek, 2008, p.4)
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