La sargento Borrás miraba atónita a Iñaki mientras este le iba explicando la situación. Se acercó a su compañero, puso las palmas de las manos sobre la mesa, agachó un poco la cabeza y miró a Iñaki. Este levantó la vista de las carpetas y advirtió la mirada penetrante y desafiadora de la sargento.
—¿Qué mierdas me estás contando, Iñaki? ¿Una toxina que se parece a la savia venenosa de una planta de nombre impronunciable originaria del Amazonas colombiano mezclada con algo que no se sabe ni lo que es? ¿Y qué pinta algo de una selva a miles de kilómetros de aquí en el cuerpo de dos adolescentes de familias bien de Barcelona?
—Ya me gustaría a mí darte algo más consistente, pero es lo que tenemos hasta ahora. Creo que necesitas otro café e intentar ver las cosas con perspectiva.
La sargento Borrás dejó el rotulador rojo sobre la mesa, salió de la sala y se dirigió a la máquina de café que había en el pasillo mientras Iñaki se quedaba preparando los documentos para seguir construyendo el tablero de investigación. La sargento regresó pasados dos minutos con dos cafés en las manos. Extendió su brazo derecho y le entregó uno al agente.
—¿El café de la paz? —comentó la sargento al agente.
—Venga, que buena falta nos hace —respondió Iñaki chocando el vaso de cartón en signo de afirmación de que era el café de la paz.
—Vamos a por el siguiente —comentó la sargento.
El agente le entregó la foto de Gerard a la sargento. Esta dejó el vaso de café sobre la mesa y cogió el rotulador rojo.
Se acercó a la pizarra y colocó la fotografía a la derecha de la Tania, la sujetó con otro de los imanes y anotó bajo la foto: «AGREDIDO». Después dibujó una flecha entre ambas imágenes y escribió: «RELACIÓN».
—Va, Iñaki, cuéntame lo que sepamos del chaval.
—Gerard Puig, diecisiete años al igual que Mireia y Tania y compañero de clase de ambas. Como hemos comentado antes, tiene una relación con Tania. Es un poco dado al whisky bueno y a la cocaína. Se supone que él es quien metió en el mundillo del polvo blanco a las amigas. Y como todos los chicos del grupo, hijo de familia bien.
—Vamos a por los padres de Mireia, a ver qué tenemos.
Iñaki sacó la fotografía de Oriol, se acercó a la pizarra blanca y la colocó por encima de la de Mireia, un poco a la izquierda. La sargento dibujó una flecha entre las fotos de padre e hija y anotó: «PADRE». Mientras, Iñaki volvió hacia la mesa, se sentó de nuevo y cogió la hoja donde tenía anotada los datos de Oriol.
—Oriol Grau i Moncada, marqués de Grau i Moncada, vamos, un grande de España, de la alta nobleza catalana. Propietario de varias empresas, entre las que destaca una de las navieras más antiguas de España. Ah, y no te lo pierdas, que está entre los cien primeros de la lista Forbes —describió el agente.
—¿Un grande de España? Joder, qué antiguo suena eso.
—Tan antiguo que deberíamos dirigirnos a él como «excelentísimo señor».
—Vamos, si espera que yo le trate de «excelentísimo señor», va a ser como que no. A ver qué tenemos de la madre.
El agente le entregó la fotografía a la sargento, que la colocó sobre el tablero, a la derecha de la del marido. Dibujó una flecha hacia la de Mireia y anotó: «MADRE».
—Aina Domenech, otra de rancio abolengo. Su familia no es tan «grande» como la de su marido, pero también es de alta cuna. Aunque es propietaria de varias empresas, las gestiona su marido dentro de su grupo corporativo. Básicamente, se dedica a organizar fiestas benéficas y a pasar horas en el club de golf, donde se reúne habitualmente con otras esposas de empresarios importantes. Por cierto, es la marquesa de Grau i Moncada, al ser la esposa de Oriol.
—Vamos, que ni oficio ni beneficio.
—Bueno, no creas, tiene una licenciatura en Económicas, aunque no ha ejercido nunca.
—Qué bien que tu marido se preocupe por tus empresas y tú a vivir como una reina. Venga, vamos a ver el padre de Tania, que supongo que será más interesante que la esposa perfecta del marqués.
Iñaki buscó la fotografía de Artur mientras la sargento se acercaba de nuevo a la mesa a recogerla. La miró fijamente y, como había hecho con las anteriores, la colocó sujetándola con un pequeño imán. Quedó por encima de la de Tania, algo ladeada a la izquierda. Dibujó una nueva flecha con el rotulador rojo entre la foto de Artur y la de Tania y anotó: «PADRE». Entonces se giró de nuevo hacia el agente.
—Vamos, Iñaki, ¡ándale con lo que sepamos!
—Artur Cardona, padre de Tania, socio en varios negocios, pero no en todos, de Oriol, el padre de Mireia. También tiene una cierta fortuna, aunque no es comparable a la de Oriol, al que conoció cuando las hijas de ambos empezaron en el colegio con tan solo tres años. Desde entonces no solo las niñas se hicieron amigas, sino que los matrimonios también, y al cabo de un tiempo Artur y Oriol empezaron a hacer negocios juntos.
—¿Se les conocen problemas económicos en sus empresas?
—No hasta donde sabemos. Tanto las empresas propias de Artur, como las de Oriol, como las que comparten en sociedad son empresas saneadas económicamente. De hecho, ambos han ganado el premio Empresarios del Año 2018 por la buena gestión.
La sargento Borrás miró a Iñaki, se llevó los dedos índice y corazón a la boca e hizo un gesto simulando vomitar. A continuación comentó:
—Qué bonito todo, qué familias más perfectas. ¿De dónde las hemos sacado, de la sección de cuentos infantiles de una librería cutre? De verdad, no puedo con este tipo de gente. Pero bien, lo importante no son ellos, son los chicos y sobre todo Mireia, que seguimos sin tener ni puta idea de dónde puede estar.
La puerta del despacho se abrió bruscamente y apareció el teniente Torres, superior de la sargento Borrás.
—¡Antonia, pon la televisión en el canal de noticias 24 Horas!
La sargento se acercó a un televisor que tenían en el despacho y seleccionó el canal que el teniente le había dicho. Los tres se pusieron delante de la televisión y pudieron observar la noticia.
—Detrás de mí pueden ver el Hotel Night Beach. Según hemos podido averiguar desde el canal 24 Horas, desde la mañana de ayer no se tienen noticias de Mireia Grau i Moncada. La víctima se encontraba pasando unos días de viaje de estudios con sus compañeros de tercero de Bachiller del EIAR, un colegio de élite de Barcelona. La desaparecida es hija del conocido industrial Oriol Grau i Moncada, perteneciente a una de las familias más ricas e influyentes del país. La noticia, que no había transcendido hasta ahora, ha sido filtrada en las redes sociales de sus compañeros de clase. A pesar de que la guardia civil no ha realizado ningún tipo de declaración, la inmensa fortuna de la familia hace sospechar que se trata de un secuestro por motivos económicos. Oriol Grau i Montada ha anunciado que en breve nombrarán un portavoz oficial de la familia —comentó la corresponsal de televisión.
—Ya lo han oído ustedes, Mireia Grau i Moncada, de diecisiete años e hija del industrial Oriol Grau i Moncada ha desaparecido en la localidad de Magaluf, en Mallorca. Supuestamente, se trata de un secuestro con fines económicos, dada la fortuna de la familia. Les seguiremos informando aquí en su canal de noticias 24 Horas.
La sargento Borrás, que aún mantenía el mando del televisor en la mano, pulsó con rabia el botón de apagado y lo lanzó sobre la mesa mientras negaba varias veces con su cabeza en silencio.
En ese momento fue el teniente Torres el que volvió a hablar.
—Iñaki, ¿puedes dejarnos a solas un momento?
—Sí, mi teniente.
Iñaki salió del despacho cerrando la puerta mientras era observado por el teniente Torres, el cual, al ver ya la puerta cerrada del despacho, se giró para la sargento Borrás.
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