Maite Carranza - La Maldición De Odi

Здесь есть возможность читать онлайн «Maite Carranza - La Maldición De Odi» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Фэнтези, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La Maldición De Odi: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La Maldición De Odi»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La guerra de las brujas está próxima y la elegida no puede posponer más el momento de empuñar el cetro y destruir a las temibles Odish. Pero Anaíd, que anhela el amor de Roc y del padre que nunca tuvo, que confía en llevar la paz definitiva a las Omar, tendrá que enfrentarse a la traición, al rechazo de los suyos y a la soledad. La maldición de Odi se ha cumplido: la elegida ha incurrido en los errores, ha sucumbido al poder del cetro y hasta los muertos reclaman su tributo. Es el momento de la verdad, de la batalla definitiva entre Omar y Odish.

La Maldición De Odi — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La Maldición De Odi», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Selene se crispó.

– ¡No tenías por qué decirlo!

– ¿El qué?

– Anaíd no sabe dónde estamos.

– Te equivocas -la corrigió su hija.

Anaíd lo sabía perfectamente.

Estaban en una pequeña caravana aparcada en medio de un descampado solitario, a pocos kilómetros de la autopista. Las suaves llanuras surcadas de canales de riego que se intuían al oeste, el campo de almendros al norte, el vuelo de alguna gaviota, el lejano fragor de las olas y el aroma de los naranjos en flor, intenso, dulzón, le habían hecho suponer acertadamente que estaban en tierras levantinas.

Selene había querido impedir que su hija adivinase la ruta que seguían desde que partieron de Urt, en el corazón del Pirineo axial. Huían de Baalat, la Odish fenicia, y nadie debía conocer su paradero.

Pero Anaíd no podía sustraerse a su sentido innato de la orientación. Deméter, su abuela, la había acostumbrado a ello desde pequeña y, sin proponérselo, se fijaba en la altura del sol, en su itinerario celeste o en la intensidad de sus rayos. Conocía asimismo las constelaciones nocturnas, que aprendió a contemplar en los cielos fríos de las montanas pirenaicas. Sólo de un vistazo, a través de los vidrios opacos de la caravana, sabía que era medianoche, que iban en dirección sur y que a pocos kilómetros al este se encontraba el Mediterráneo.

Mientras Anaíd reflexionaba sobre ello, se dio cuenta de que Selene, con celeridad, había sacado un objeto de un cajón y se lo ofrecía a Gunnar con un rictus de desprecio.

– Ten, quédatelos. No aceptamos tus regalos. Anaíd reprimió un grito y le arrebató la caja.

– Son míos, me los regaló a mí. Fran los pendientes de rubíes que Gunnar le había hecho llegar como regalo en su décimo quinto cumpleaños.

Selene se encaró con su hija.

– Devuélveselos.

Anaíd hubiera querido continuar considerándose neutral, pero no podía. Si le devolvía los pendientes a Gunnar, se posicionaba claramente del lado de Selene. Si se negaba a devolvérselos, se decantaba por Gunnar.

– Mamá, no me obligues…

Pero Selene estaba fuera de sí.

– Te estoy ordenando que los devuelvas. ¡Yo se los devolví!

Anaíd tomó aire y lo expulsó para darse fuerzas. Era cierto, pero la actitud de Selene la inclinó por Gunnar.

– Tú los rechazaste, pero yo no. Me los quedo.

Y sin saber de dónde provenía su osadía, tuvo el descaro de tantear su lóbulo izquierdo, tomar un pendiente entre el índice y el pulgar, y horadar con la joya puntiaguda la fina piel que cubría su orificio, pues hacía mucho tiempo que no usaba pendientes y se le había cerrado el agujero. Sintió un pinchazo agudo al desgarrarse la carne, pero no dejó escapar ni un grito y sostuvo durante todo el rato la mirada a Selene, como en un duelo.

Una gota caliente salpicó su camiseta. Era sangre. Sangre roja, como el rubí engarzado en oro que tintineaba sobre su hombro. Selene, incrédula, limpió con su dedo la mancha de sangre mientras Gunnar tomaba con sumo cuidado el otro pendiente y lo colocaba con pericia en la oreja derecha de su hija. Fuese magia o habilidad, Anaíd esa vez apenas notó el chasquido de la piel.

Gunnar la sujetó por los hombros y la estudió como se estudia a una obra de arte. Al final sonrió abiertamente, una sonrisa tan acogedora como sus brazos.

– Estás preciosa.

Selene no pudo soportarlo. Retiró las manos de Gunnar que rozaban el cuello de Anaíd y la agarró interrogándola con vehemencia, como era su estilo:

– ¿Sabes de dónde han salido estos pendientes?

Anaíd le respondió sin titubear.

– Del cofre de joyas que poseía la dama de hielo. Tú misma me lo contaste.

Selene se exasperó.

– La Odish más poderosa del hemisferio norte.

Anaíd ladeó la cabeza ante ella, haciendo que el reflejo rojizo de los rubíes hiriese la retina de Selene.

– Mi abuela -respondió con aplomo.

Selene, enfurruñada, salió de la caravana dando un fuerte portazo.

– ¡Espera! -gritó Gunnar en vano-. ¡Es peligroso salir sola!

E hizo el gesto de ir a buscarla, pero Anaíd lo retuvo lomándolo del brazo.

– Déjala. No te va a hacer caso.

Y era cierto. Selene pertenecía a la raza de los cabezotas. Si bien, no era menos cierto que Anaíd quería estar a solas con Gunnar y saborear una victoria pírrica, el triunfo

del primer pulso que mantenía con su madre.

– ¿Te gustan los huevos fritos?

– Me encantan -sonrió Gunnar.

– Es lo único que sé hacer -confesó pensando que a un padre se le pueden confesar ese tipo de cosas sin riesgo de quedar mal para siempre.

Luego resultó que no había más que un huevo y que ese huevo se reventó en las inexpertas manos de la cocinera antes de caer en la sartén. Así que Anaíd se quedó con las ganas de agasajar a su padre: la pequeña nevera ofrecía una imagen tan desoladora como el desierto de Arizona.

Con un poco de imaginación, por fin apañaron una ensalada de tomate y atún, frieron unas croquetas congeladas de pollo y pelaron una manzana cortándola en pedacitos, que pretendían ser artísticos, para luego decorarla con miel.

Y en el mismo momento en el que Anaíd colocaba los vasos sobre la pequeña mesa de fórmica, el móvil de Selene, abandonado sobre una silla, comenzó a vibrar. Acababa de recibir un mensaje y Anaíd, sin dudarlo, lo abrió. Creía que se trataba de algún aviso de Elena. Quizá fue por eso, por su necesidad de saber de Roc y por la falta de contacto con el exterior a la que la había condenado Selene… El caso es que la curiosidad pudo más que la prudencia, leyó el mensaje y se quedó tan asombrada que el vaso de vidrio que sostenía en una mano cayó al suelo y se hizo añicos.

– ¿Qué pasa? -preguntó inmediatamente Gunnar, acudiendo a su lado y cercio-rándose de que no se hubiera cortado.

Ella apenas podía hablar. Sólo balbuceó incoherentemente:

– Es Baalat. Es ella. Me persigue.

Y tendió el móvil a su padre, que leyó el mensaje con el entrecejo fruncido.

Anaíd, t stoy bskando, vengo de muy lejos pra vrte, t adoro y slo hiero inerte cerka, muy cerka. Lmame, dme algo, porfa. Dácil.

Gunnar parecía tan inquieto como Anaíd. Consultó el buzón de mensajería y lo mostró a Anaíd.

– No es el primero. Por lo que parece, te ha estado bombardeando.

Anaíd aún se quedó más desorientada.

– Selene no me ha dicho nada.

– Para no asustarte -la justificó Gunnar.

– ¿Por qué la defiendes? Tengo derecho a saber quién me persigue.

Gunnar borró el mensaje con un clic seco y dejó el móvil sobre la silla donde se encontraba minutos antes.

– Vamos a hacer una cosa. Vamos a olvidarnos de lo que pueda haber por ahí fuera y vamos a pasar una velada agradable, tu madre, tú y yo. ¿De acuerdo?

Anaíd asintió. Le gustaba tener un padre que le transmitiese calma, seguridad, y que pusiese un poco de orden en su vida. Selene era demasiado caótica.

– Anda, avisa a tu madre de que la cena está lista…, si no se la ha cenado Baalat a ella.

Anaíd contempló su discreta obra de arte gastronómica y se entristeció. La manzana, que antes era blanca y hermosa, se había oxidado y se había ido oscureciendo hasta quedar casi negra, como el humor de Selene, que apareció en ese preciso instante y les agrió la cena.

La primera cena en familia de la vida de Anaíd fue deprimente.

Selene estaba dispuesta a reventar la celebración y, aunque Gunnar intentaba solventar los pequeños inconvenientes, Selene no hacía más que acentuarlos.

– No has aliñado la ensalada.

– No había vinagre.

– Así está deliciosa.

– Una ensalada sin vinagre es como un gazpacho sin tomate.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La Maldición De Odi»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La Maldición De Odi» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La Maldición De Odi»

Обсуждение, отзывы о книге «La Maldición De Odi» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x