— Señorita Viernes, no lo sé; eso es lo que se supone que debía descubrir yo. Pero usted era considerada como un agente de Tripagorda Bal…
— Alto ahí. Si va a hablar usted del difunto doctor Baldwin, por favor no utilice ese horrible apodo.
— Lo siento. Había la creencia de que era usted un agente de las Empresas System, es decir, del doctor Baldwin, y usted lo confirmó acudiendo a su cuartel general…
— Alto de nuevo. ¿Formaba usted parte del grupo que me saltó encima al llegar allí?
— Me alegra decir que no. Usted mató a dos de ellos, y otro murió más tarde, y ninguno de ellos se salió sin alguna herida. Es usted una fiera.
— Adelante, siga.
— Trip… el doctor Baldwin era un rebelde, un disidente, no formaba parte del sistema.
Con el Jueves Rojo en pleno montaje…
— ¿Qué tiene que ver el Jueves Rojo con esto?
— Oh, bueno, todo. Fuera lo que fuese lo que usted llevaba, al menos iba a afectar el desarrollo de los hechos. Creo que el Consejo para la Supervivencia (ese es el lado para el que trabajaban los terroristas a sueldo de Mosby) se olió algo y actuó antes de estar preparados. Quizá por eso no consiguieron mucha cosa. Llegaron a un arreglo de sus diferencias en las salas del consejo. Pero nunca he visto un análisis de ello.
(Ni yo tampoco, y ahora probablemente ya nunca lo vería. Anhelé unas cuantas horas ante la terminal de servicio ilimitado que tenía en Pájaro Sands. ¿Cuáles directores habían resultado muertos en el Jueves Rojo y sus sequelae? ¿Cómo había quedado el mercado después de eso? Sospecho que las respuestas realmente importantes nunca aparecerán en los libros de historia. El jefe me había estado insistiendo en que aprendiera el tipo de cosas que finalmente me conducirían a las respuestas… pero había muerto y mi educación se había interrumpido bruscamente. Por ahora. ¡Pero aún podía seguir alimentando mi mente elefantina! Algún día).
— Mac, ¿le contrató Mosby para este trabajo? Vigilarme en esta nave.
— ¿Eh? No. Sólo he tenido un contacto con Mosby, y aún a través de un intermediario.
Fui contratado para esto a través de un reclutador que trabaja para un agregado cultural del Embajador de El Reino en Génova. Este trabajo no es para avergonzarse, sin embargo. Estamos cuidando de usted. Por todos los medios.
— Debe ser aburrido, sin ninguna violación.
— Uf.
— ¿Cuáles son sus instrucciones respecto a mí? ¿Y cuantos de ustedes hay aquí?
¿Está usted al cargo, o no?
Dudó.
— Señorita Viernes, está pidiéndome que revele los secretos de mi empleador. En la profesión no hacemos eso… y creo que usted lo sabe.
— Tonterías. Usted sabía cuando cruzó esta puerta que su vida dependía de responder a mis preguntas. Piense de nuevo en ese grupo que saltó sobre mí en la granja del doctor Baldwin… piense en lo que les ocurrió. Luego hable.
— He pensado en ello, muchas veces. Sí. Estoy al cargo… excepto, posiblemente, en lo que respecta a Tilly…
— ¿Quién es Tilly?
— Perdón. Shizuko. Ese es su nombre profesional. En la UCLA era Matilda Jackson.
Todos nosotros hemos estado aguardando en el Hotel Cielo Alto casi durante dos meses…
— «Nosotros», plural. Nómbrelos. Los nombres que figuran en la lista de pasajeros. Y no intente salirse por la tangente con tonterías acerca del código de los mercenarios; Shizuko va a estar de vuelta dentro de unos minutos.
Los nombró… ninguna sorpresa; los había descubierto a todos. Torpes. El Jefe nunca lo hubiera tolerado.
— Prosiga.
— Aguardamos, y la Dirac partió sin nosotros, y solamente veinticuatro horas antes de la hora de partida de la Adelantado fuimos precipitadamente alertados de que debíamos abordar la Adelantado. Luego nos facilitaron holos a color de usted para que la estudiáramos… y, señorita Viernes, cuando vi su foto casi me desmayé.
— ¿Tan malas eran las fotos? Oh, vamos.
— ¿Eh? No, eran muy buenas. Pero tenga en cuenta dónde nos vimos la última vez.
Pensé que usted había muerto en aquel fuego. Yo, esto, bueno, debo confesar que lo sentí por usted. Un poco, al menos.
— Gracias. Le creo. De acuerdo, siete, con usted al mando. Este viaje no resulta barato.
Mac, ¿para qué necesito yo siete ángeles custodios?
— Pensé que usted podría decírmelo a mí. No es asunto mío el porqué está haciendo usted este viaje. Todo lo que puedo decirle son mis instrucciones. Tiene que ser entregada usted en El Reino en perfectas condiciones. Ni una uña rota, ni un arañazo, ni un resuello. Cuando lleguemos, un oficial de la guardia de palacio subirá a bordo, y a partir de entonces usted será su problema. Pero no nos será pagada nuestra bonificación de entrega hasta que usted haya pasado un examen físico. Entonces seremos pagados, y volveremos a casa.
Pensé en todo aquello. Era consistente con la preocupación del señor Sikmaa acerca del «más valioso paquete que un correo haya llevado nunca»… pero había algo falso en todo aquello. La vieja redundancia de principio del cinturón-y-tirantes era comprensible…
pero ¿siete personas, durante todo el tiempo, sólo para asegurarse de que no me cayera por las escaleras y me rompiera el cuello? No tenía sentido.
— Mac, no se me ocurre ninguna otra cosa que preguntarle ahora, y Shizuko, quiero decir «Tilly», está a punto de volver. Hablaremos más tarde.
— Muy bien. Señorita Viernes, ¿por qué me llama usted Mac?
— Es el único nombre por el que le he oído llamarle. Socialmente, quiero decir. En la sesión de violación a la que los dos asistimos. Estoy razonablemente segura de que no es usted «Howard J. Bullfinch» ¿Cómo prefiere que lo llame?
— Oh. Sí, yo era Mac en esa misión. Pero normalmente me llaman Pete.
— ¿Su nombre es Peter?
— Oh, bueno, no exactamente. Es… Percival. Pero nadie me llama así.
Contuve la risa.
— No veo por qué no, Pete. Hombres valientes y honorables se han llamado Percival.
Creo que Tilly está en la puerta, ansiosa por bañarme y vestirme. Una última cosa: ¿Sabe usted por qué aún sigue respirando? ¿Por qué no está muerto?
— No.
— Porque me dejó ir a orinar. Gracias por dejarme ir a orinar antes de esposarme a aquella cama.
De pronto su expresión se volvió irónica.
— Tuve una trifulca por culpa de ello.
— ¿De veras? ¿Por qué?
— El Mayor pretendía obligarla a que lo hiciera en la cama. Imaginaba que ayudaría a desmoronar su voluntad.
— ¿De veras? El estúpido aficionado. Pete, aquel fue el momento en que decidí que no estaba usted totalmente perdido.
Frontera no es gran cosa. Su sol es una estrella G8, lo cual la sitúa bastante por debajo de las estrellas tipo sol, puesto que el sol es una G2. Es notablemente más fría que la estrella de nuestro sistema solar. Pero la estrella no es algo tan importante mientras sea una estrella tipo sol (tipo G). (Puede que algún día sea posible colonizar planetas en torno a otros tipos de estrellas, pero parece razonable de momento limitarse a estrellas cuya distribución espectral encaje con el ojo humano y no emitan demasiadas radiaciones letales… estoy citando a Jerry. De todos modos, hay más de cuatrocientas estrellas tipo G no tan lejos de la Tierra como lo está El Reino — eso al menos dice Jaime López —, las cuales pueden mantenernos ocupados durante unos cuantos años).
Pero supongamos una estrella tipo G. Entonces necesitas un planeta a la distancia correcta de ella para que sea cálido pero no demasiado caliente. Luego su gravedad superficial debe ser lo suficientemente intensa como para sujetar firmemente su atmósfera en su lugar. Esa atmósfera tiene que haber tenido tiempo de cocerse en conexión con la evolución de la vida, el tiempo suficiente como para ofrecer un aire adecuado a la vida-talcomo— la-conocemos. (La vida-tal-como-no-la-conocemos es un tema fascinante pero no tiene nada que ver con la colonización por parte de la gente de la Tierra. No esta semana.
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