– Entonces, tenemos que encontrar la manera de no ponernos en evidencia. Piensa.
Nicholas asintió.
– Ahora me pondré al teléfono para hacer algunas compras. -Echó a caminar por la cubierta-. Pero debemos seguir vigilando el jolie Filie para cerciorarnos de que la situación no haya cambiado.
– Me llevaré la gabarra y vigilaré. Duerme un poco y relévame al amanecer.
– Correcto.
Melis esperó a que Nicholas bajara para hablar con Kelby.
– ¿Lanzacohetes? Eso suena como si fuéramos a la guerra.
– Sólo nos preparamos para cualquier eventualidad -le explicó Kelby-. No quiero utilizar ese poder de fuego si no me veo obligado a hacerlo. Es muy sucio.
– Y ellos responderán el fuego. Nicholas tiene razón, es más peligroso.
– Quizá llegue a la conclusión de que Nicholas estaba equivocado en lo de los explosivos en el casco. Ya veremos.
– Dijo que si había una distracción era posible abordarlo.
Los labios de Kelby se tensaron.
– No, Melis, estás fuera de todo esto.
– Y una mierda.
– Escúchame. Entiendo por lo que has tenido que pasar. Por eso te dejé que me convencieras de tenderle una trampa a Archer y casi te matan. No quiero tener que pasar nunca más por esto. -La voz de Kelby era dura-. Puedes discutir hasta quedarte sin aire. No y no.
Se volvió y se alejó.
Lo decía en serio. No había duda alguna de que estaba decidido a mantenerla lejos de cualquier acción contra Archer.
Y no había duda de que ella no le iba a permitir eso.
Melis vio cómo la gabarra de Kelby desaparecía más allá del horizonte y fue en busca de Nicholas. El hombre acababa de colgar el teléfono.
– Parece que está resuelto lo del lanzacohetes. Pero no lo tendremos antes de…
– Necesito tu ayuda -dijo Melis.
Nicholas la miró, precavido.
– Me parece que esto no me va a gustar.
– Ninguno de nosotros quiere usar ese lanzacohetes. Tú y Kelby necesitáis una distracción. Yo os la puedo proporcionar. Pero Kelby no quiere ni oír hablar de eso.
– ¿Y por qué crees que yo sí?
– Porque es algo lógico y no hay tiempo para buscar otra. No quiero que disparen cohetes contra el Trina. Kelby ama este barco.
– A mí tampoco me gusta mucho la idea. -A continuación sacudió la cabeza-. Es demasiado arriesgado. Archer te odia a muerte.
– No me hará daño en el primer momento.
– Eso no puedes asegurarlo.
– Lo conozco. Puedo ver todos los recovecos sucios de su mente. No soy ninguna mártir. Puedo hacerlo, Nicholas. Sólo necesito un poquito de ayuda para distraer la atención de Archer en el momento crítico. ¿Qué tipo de distracción tenías en mente?
– Una explosión que aparte a los centinelas de la borda.
– ¿Puedes conseguirme una granada? Nicholas asintió.
– Tengo algo más sofisticado. Pequeño y fácil de ocultar.
– Entonces dime dónde y cuando quieres la explosión. Nicholas vaciló.
– Kelby me matará.
– ¿Vas a hacerlo?
– ¿Y qué harías tú si me niego a ayudarte?
– Buscar otra manera de llevarlo a cabo, sin ti o sin ese explosivo.
– Eso fue lo que creí. -Quedó callado un momento más-Déjame pensarlo.
Nicholas se volvió y se alejó de ella.
– No queda mucho tiempo -le dijo Melis.
Nicholas la miró por encima del hombro y su expresión era tan dura que la sorprendió.
– No me presiones, Melis. En este momento no estoy haciendo el payaso. No puedes obligarme a hacer algo que no quiera. Si co laboro contigo es porque pienso que es lo más inteligente que podemos hacer todos. Y no es porque estés loca por atrapar a Archer. No le haría eso a Jed. Y tampoco me lo haría a mí mismo.
Ella lo siguió con la vista, sorprendida e inquieta, mientras él atravesaba la cubierta mirando al mar. Melis había vislumbrado pocas veces a aquel Nicholas más tenebroso y peligroso, que él escondía tan bien bajo su aspecto ligero. Hubiera querido seguirlo, convencerlo, pero sabía que sería inútil. La expresión del hombre había sido remota e intimidatoria. Tendría que esperar a que él viniera en su busca.
Se sentó en una silla de extensión, sin apartar la vista del perfil feo y fascinante de Nicholas. Chamán. El título que él utilizaba en broma no parecía nada cómico en ese momento. Exudaba una fuerza callada, una potencia tal que se preguntó en qué medida lo conocía. El hombre que había pintado los ojos del pájaro dodo no era ése.
Transcurrieron más de treinta minutos antes de que Lyons se apartara del pasamanos y fuera hacia ella.
– Está bien, lo haremos -dijo en tono cortante-. Hay algunas posibilidades de que resulte, pero estarás más segura si Kelby y yo participamos. Me haré responsable.
Melis se sintió aliviada.
– ¿Dónde quieres que ponga el explosivo?
– En la sala de máquinas o en la cocina. En ambos sitios habrá suficiente combustible para que ocurra una buena explosión.
– ¿Y cómo se supone que llevaré el explosivo?
– En la suela de tu zapato náutico derecho. Tendrás que apretar un interruptor y contarás con quince segundos para lanzarlo. Así que lo mejor será que estés bien preparada. Sólo tenemos que rezar para que no te registren con demasiada minuciosidad.
– Creo que sé cómo evitar eso. -Melis sonrió sin alborozo-. Tengo en mente una distracción de mi propia cosecha-. Se quitó los zapatos náuticos -. Ponte manos a la obra, Nicholas. – Se volvió para marcharse -. Voy a mi camarote para hacer algunos preparativos.
– Y no sería mala idea que rezaras. Tus probabilidades de salir viva de esto son cincuenta -cincuenta.
La voz de Lyons era fría e inexpresiva, y ella volvió a mirarlo.
– Esto te preocupa mucho.
– Si te mata, me preocuparé. Estaré tan preocupado que tendré que matarlo yo mismo para justificar que te haya dejado ir a por él. Pero como he llegado a una decisión no dejaré que la emoción interfiera. Sólo tenemos que completar el trabajo e intentar sobrevivir. -Recogió los zapatos náuticos blancos -. Te los prepararé. Buenas suelas, gruesas. Es una suerte. -Echó a andar hacia su camarote-. Necesitamos toda la suerte que podamos conseguir.
Melis se sentía enferma.
No te mires en el espejo. No pienses en ello. Limítate a subir a cubierta y buscar a Nicholas.
Lyons estaba de pie junto a la gabarra.
– Te he limpiado los zapatos náuticos. Nadie se daría cuenta… Por dios. -Sus ojos se abrieron más -. ¿Para qué te has disfrazado? ¿Halloween?
Ella tocó el vestido blanco de organdí con mano temblorosa.
– No, pero tiene un elemento de horror. Es un regalo de Archer. Lo describí en una de mis cintas y él lo ha copiado exactamente. Un vestido de niña en talla de adulto. Me atarás las manos y engancharás con un alfiler a la pechera de esta abominación la nota que escribimos, y me enviarás a Archer con saludos de Kelby. -Tragó en seco -. Él sabe cuánto daño me hará ponerme este vestido. No creerá que me lo haya puesto yo misma. Entonces llegará a la conclusión de que ha sido Kelby.
– Dios mío.
– Uno, dará más veracidad a mi entrega. Dos, verme con esta ropa distraerá totalmente a Archer. Se sentirá triunfante. Se excitará. Le gustan las niñitas. -Respiró muy hondo y comenzó a ponerse los zapatos que le había dado Nicholas -. Ahora, larguémonos de aquí. Quiero quitarme este vestido lo antes posible.
– No podemos acercarnos más sin que nos vean -dijo Nicholas cuando apagó el motor. Permaneció sentado, contemplando las luces del barco de Archer más adelante en la oscuridad-. La última oportunidad. ¿Estás segura de que quieres hacerlo?
– Estoy segura. -Melis le presentó las muñecas -. Átame bien fuerte. Pero cerciórate de que pueda ver mi reloj.
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