Antonio Molina - Ardor guerrero

Здесь есть возможность читать онлайн «Antonio Molina - Ardor guerrero» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Ardor guerrero: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Ardor guerrero»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

En el otoño de 1979, un joven que sueña con ser escritor se incorpora por reclutamiento obligatorio al Ejército Español. Su destino es el País Vasco. Su viaje, que atraviesa la península de sur a norte, es el preludio de una pesadilla. En las paredes de los cuarteles estaban todavía los retratos de Franco y su mensaje póstumo. Es una historia biográfica donde el autor nos cuenta cómo fue su servicio militar.

Ardor guerrero — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Ardor guerrero», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– ¿De verdad no crees que el sargento Valdés se merezca un tiro, no te alegrarías de que lo mataran? ¿Crees que él dudaría un momento en matarte a ti?

Pero estoy hablando de 1980, de lo que pensaba entonces alguien que lleva muerto doce años y a quien le fue negado el porvenir de madurez, de cinismo, de descreimiento o de gradual claudicación en el que todos los demás, los vivos, nos fuimos adentrando a lo largo de la década. Yo me pregunto siempre con una sospecha de remordimiento si he sido fiel a la amistad de entonces y si él aprobaría las cosas que he hecho y escrito a lo largo de estos años, pero tiendo a dar por supuesto lo que sin duda habría sido muy difícil, que él no hubiera cambiado, que hubiera mantenido invariable su marxismo-leninismo de entonces, su confianza práctica en la revolución cubana y en los países del Este. En el verano de aquel año, cuando empezaron a llegar noticias sobre las huelgas en los astilleros polacos y sobre el sindicato Solidaridad, él descartó velozmente cualquiera de las incertidumbres que a mí me sobresaltaban: aquellas huelgas, igual que los levantamientos de Berlín y Hungría en los años cincuenta y que la primavera de Praga, estaban alentadas y dirigidas por la CÍA y por el Vaticano. La legitimidad de las democracias populares no podía juzgarse por comparación con las formalidades de las democracias burguesas…

Lo más triste de los muertos, lo que más los aleja de nosotros, es también lo que nos hace sentir que continúan viéndonos y que pueden juzgarnos. La cara que petrifica la muerte, la fotografía congelada de una vida, se parecen a una especie de insobornable lealtad fantasmal. A diferencia de nosotros, los muertos no cambian ni envejecen, tan sólo se van desdibujando sin que nos demos cuenta, y esa inconsciencia con la que los vamos olvidando es el agravio más cruel, la impiedad más profunda que les infligimos.

Los muertos son lo que nosotros fuimos, los testigos traicionados, los portadores de una profecía que es la de aquello en lo que nos hemos convertido desde que ellos faltan. Pero también, si pudieran vernos ahora, es muy posible que no nos reconocieran: para crecer o para cumplir nuestra biografía huimos de nuestros muertos igual que a una cierta edad huimos de nuestros padres. Su fidelidad se la consagran a quien ya es un desconocido. Qué permanece de lo que yo soy si borran de mi vida todo lo que Pepe Rifón no pudo conocer, lo que me sucedió después de su muerte, a medida que pasaron los años y cambió el mundo y se me fue alejando el recuerdo del cuartel: en qué habría cambiado él, hacia dónde habría derivado. Era demasiado inteligente como para embalsamarse en el comunismo extraviado y fósil de los años ochenta, en las devociones rancias y los anacronismos empecinados y patéticos de una progresía residual cuyos últimos adeptos aún deambulan por ciertas calles y bares como fantasmas tristes o fugitivos de una reserva india. Pero también era demasiado honesto y tenía un sentido demasiado alto de la dignidad humana y de la justicia como para convertirse en un político profesional, en un triunfador o un negociante socialista, en uno de esos escualos con gafas de montura de metacrilato y trajes de Armani que saquearon la administración y conocieron sus días de máxima gloria en el final de los ochenta, que acabaron, por cierto, no en el último día de la década, sino el 12 de octubre de 1992.

Puedo imaginar la rabia creciente, el desengaño y el asco, casi las palabras que había dicho Pepe Rifón ante el espectáculo de la década que él no llegó a presenciar. Mi propia rabia, mi desengaño, el asco que puede seguir cada día creciendo, son en cierto modo herencia de los suyos, pues si nunca compartí la formulación política de sus ideales sí aprendí de él o recobré gracias a su amistad algo que casi había perdido en la confusión de aquellos tiempos, un sentimiento muy primario y muy fuerte de odio a la injusticia y de respeto y solidaridad hacia los débiles.

Pepe no creía que se pudiera transigir, no aceptaba la menor indulgencia con la deslealtad hacia las ideas de uno o hacia sus orígenes de clase. Ahora, cuando pienso en él, me lo imagino siempre solo. Los muertos se quedan solos porque seguir viviendo es irse del pasado, atravesar una por una y sin detenerse nunca las habitaciones sucesivas del tiempo. Vuelve uno la espalda porque ha creído escuchar unos pasos o una voz que lo llamaba y no ve a nadie en las estancias vacías, que sólo están habitadas algunas veces en los sueños. Los pasos que uno oía eran ecos de los suyos, y las voces sonaban en su imaginación o en su recuerdo, que según voy dándome cuenta a medida que escribo vienen a ser lo mismo.

Debe de haber por ahí fotos en las que estemos juntos, fotos cuartelarias en blanco y negro que sin duda parecerán tomadas años antes de su fecha real, porque las fotografías en las que aparece un muerto siempre tienen como un anacronismo añadido, una vocación de antigüedad sepia y mal recordada. No conservo ninguna, y sin embargo tengo muy presente su cara, el pelo castaño oscuro, la barba corta y poblada, que le hacía parecer mayor de lo que era, como a todos nosotros, las gafas de montura sólida, la expresión seria, la sonrisa difícil, la ironía muy afilada, pero formulada siempre en voz baja y con una suavidad en la que influía sin duda el tenue acento gallego.

Pepe Rifón era de la provincia de Lugo, de un pueblo de montaña casi en la linde de Asturias, Fonsagrada, donde yo lo visité una vez, meses después de que nos licenciáramos, en el verano de 1981. No logro acordarme de nuestra despedida: nos diríamos adiós de cualquier modo, con la distracción de la mayor parte de los actos comunes, con la seguridad insensata de volver a vernos que tiene todo el mundo cuando se despide, como si la muerte no existiera o no pudiera afectarnos precisamente a nosotros. Tenía veintitrés años, uno menos que yo, le faltaban unas cuantas asignaturas para licenciarse en Matemáticas y se encontraba en libertad provisional, acusado de un delito de agresión a la Policía o a la Guardia Civil. Había ingresado en el campamento de Vitoria al mismo tiempo que yo, y también lo destinaron a San Sebastián y a la segunda compañía, pero hasta que entró en la oficina yo apenas había reparado en él, entre otras cosas, según empecé a darme cuenta un poco más tarde, porque casi no había reparado en nadie.

Pepe Rifón poseía una capacidad extraordinaria de sigilo o de mimetismo, de no hacerse demasiado visible: se escondía en el número y en la uniformidad de los soldados como entre los árboles de un bosque. Jamás había frecuentado a los universitarios de la compañía, hacia los que manifestaba una hostilidad ecuánime, más o menos idéntica a la que sentía hacia cualquiera que hiciese gala de un simulacro de superioridad intelectual: reírse de las jergas vacuas de los literatos, de su descarado clasismo, de su gravedad impostada y ridícula, era una de las aficiones permanente de mi amigo Pepe, que de vez en cuando me incluía a mí también entre los destinatarios de sus burlas:

– No sé cómo os las arregláis, pero siempre se os abre el periódico por las páginas culturales.

Yo estaba convencido de poseer y practicar siempre una aguda capacidad de observación, pero él me hizo descubrir que en realidad me había pasado meses en el ejército sin enterarme de prácticamente nada de lo que ocurría a mi alrededor. Seis años en la universidad, dedicados a leer libros y a ver películas en cineclubes universitarios y a discutir sobre libros, películas y política con personas que hacían más o menos lo mismo que yo me habían influido mucho más de lo que yo estaba dispuesto a reconocer, segregándome de la vida común, o haciéndome creer que esa vida era la de los universitarios y los aspirantes a intelectuales de izquierda con los que yo trataba.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Ardor guerrero»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Ardor guerrero» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Antonio Molina - In the Night of Time
Antonio Molina
Antonio Molina - A Manuscript of Ashes
Antonio Molina
Antonio Molina - In Her Absence
Antonio Molina
Antonio Molina - Sepharad
Antonio Molina
Antonio Molina - Los misterios de Madrid
Antonio Molina
Antonio Molina - El viento de la Luna
Antonio Molina
libcat.ru: книга без обложки
Antonio Molina
Antonio Molina - Córdoba de los Omeyas
Antonio Molina
libcat.ru: книга без обложки
Antonio Molina
Antonio Molina - El Invierno En Lisboa
Antonio Molina
Antonio Molina - El jinete polaco
Antonio Molina
Отзывы о книге «Ardor guerrero»

Обсуждение, отзывы о книге «Ardor guerrero» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.