Array Array - Lituma en los Andes
Здесь есть возможность читать онлайн «Array Array - Lituma en los Andes» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Lituma en los Andes
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:5 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 100
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Lituma en los Andes: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Lituma en los Andes»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Lituma en los Andes — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Lituma en los Andes», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
— ¿O sea que lo mataste? — insistió Lituma. Apoyado en un codo, todavía buscaba en la oscuridad la cara de su adjunto.
— ¿No eres uno de los custodios, acaso? — La mujer lo miraba sin comprender, pestañando. En sus ojos había un miedo animal, pero ahora, además, estupefacción-. ¿Por qué has hecho eso?
Trataba de cubrirse, se encogía, levantaba una manta con manchas de sangre. Se la mostró, acusándolo.
— No lo aguantaba más–dijo Tomasito-. Que para darse gusto le pegara así. Que la estuviera matando.
— Pa su macho–exclamó Lituma, echándose a reír.
— ¿Qué dices? ¿Qué? — La mujer se recobraba del susto, su voz era más firme. Tomás la vio saltar de la cama, la vio tropezar, vio enrojecerse un segundo su silueta desnuda al pasar bajo el mechero y la vio, ya dueña de sí, ahora llena de energía, empezar a embutirse la ropa que alzaba del suelo, sin parar de hablar-: ¿Por eso le has disparado? ¿Porque me estaba pegando? ¿Y quién te dio a ti vela en esto, se puede saber? ¿Y quién eres tú, se puede saber? ¿Quién te pidió que me cuidaras, se puede saber?
Antes de que pudiera responderle, Tomás oyó la carrera y la voz atolondrada de Iscariote: «¿Carreño? ¿Carreñito?». Los escalones se estremecieron con sus brincos, la puerta se abrió de par en par. Ahí estaba su facha de barril, ocupando la entrada. Lo miraba a él, miraba a la mujer, a la cama revuelta, a la manta, al mosquitero caído. Tenía el revólver en la mano, bailoteando.
— No sé–murmuró el muchacho, luchando contra la materia mineral que era su lengua. En el suelo de tablas, medio borroso, el cuerpo se movía. Pero ya no se quejaba.
— Puta, qué es esto–acezaba el gordo Iscariote, los ojos como saltamontes-. ¿Qué pasó, Carreñito?
La mujer había terminado de vestirse y se calzaba los zapatos, moviendo una pierna, otra. Como entre sueños, Tomás reconoció el vestido blanco floreado con que la había visto bajar del avión de Lima, en el aeropuerto de Tingo María, ese mediodía, cuando Iscariote y él fueron a traérsela al Chancho.
— Pregúntale a éste qué ha pasado. — Sus ojos relampagueaban y movía una mano, señalando al caído, a él, de nuevo al caído.
— Estaba tan furiosa que pensé: «Se me va a echar encima a rasguñarme» — dijo el muchacho. Se le había dulcificado la voz.
— ¿Tú lo has matado al jefe, Carreño? — El gordo estaba alelado-. ¿Tú lo mataste?
— Sí, sí–chilló la mujer, fuera de sí-. Y ahora qué nos va a pasar a nosotros.
— Maldita sea–repitió, como un autómata, el gordo Iscariote. Pestañeaba sin tregua.
— Creo que no está muerto–balbuceó el muchacho-. Lo he visto moverse.
— Pero, por qué, Carreñito. — El gordo se inclinó para observar el cuerpo. Ahí mismo se enderezó y dio un paso atrás, ahuyentado-. ¿Qué te hizo? ¿Por qué?
— Le estaba pegando. La iba a matar. Sólo para darse gusto. Me sofoqué, gordo, me volé. No pude aguantar tanta porquería.
La cara de luna llena de Iscariote se volvió hacia él, lo escudriñó adelantando la cabeza como si quisiera también olerlo y hasta lamerlo. Abrió la boca sin decir nada. Miraba a la mujer, miraba a Tomás y sudaba y acezaba.
— ¿Y por eso lo mataste? — dijo, por fin, moviendo su crespa cabeza, alelado como un cabezudo del carnaval.
— ¡Por eso! ¡Por eso! — chilló la mujer, histérica-. Y ahora qué nos va a pasar, maldita sea.
— ¿Porque estaba dándose gusto con su puta lo has matado? — Los ojos del gordo Iscariote se revolvían en sus órbitas como si tuvieran azogue-. ¿Pero sabes lo que has hecho, infeliz?
— No sé qué me pasó. No te preocupes, no es tu culpa. Yo le explicaré a mi padrino, gordo.
— Pedazo de cojudo, de principiante. — Iscariote se cogía la cabeza-. Pedazo de animal. Pero qué crees tú que hacen los hombres con las putas, so huevón.
— Va a venir la policía, van a averiguar–decía la mujer-. Yo no tengo nada que ver, yo tengo que irme.
— Pero no podía ni moverse–recordó el muchacho, dulcificando aún más esa voz de floripondio, y Lituma pensó: «O sea que ya estabas, Tomasito»-. Dio unos pasos hacia la puerta, pero se paró y regresó, como si no supiera qué hacer. Estaba asustadísima, la pobre.
El muchacho sintió la mano del gordo Iscariote en su brazo. Lo miraba compungido, compadecido, sin cólera ya. Le habló muy resuelto:
— Desaparécete y mejor no le des más la cara a tu padrino, compadre. Te agarraría a tiros, quién sabe qué te haría. Vuela, hazte humo y ojalá que no te pesquen. Siempre supe que no eras para estas cosas. ¿No te lo dije, cuando nos presentaron?
— Un amigo muy derecho–explicó el muchacho a Lituma-. Yo pude desgraciarlo también a él con lo que hice. Y, a pesar de eso, me ayudó a escapar. Un gordo enorme, una cara redonda como un queso, una barriga de llanta. Qué será de él.
Le extendía su mano rechoncha y amistosa. Tomás se la estrechó, con fuerza. Gracias, gordo. La mujer, con una rodilla en tierra, rebuscaba las ropas del hombre que yacía inmóvil.
— No me estás contando todo, Tomasito–lo interrumpió Lituma.
— No tengo un centavo, no sé dónde ir–oyó el muchacho que la mujer le explicaba a Iscariote, cuando él ya salía a hundirse en la tibia brisa que hacía chasquear los arbustos y la enramada-. No tengo un centavo, no sé qué hacer. No le estoy robando.
Echó a correr rumbo a la carretera, pero, a los pocos metros, se puso a caminar. ¿Adónde iba a ir? Todavía conservaba el revólver en la mano. Lo guardó en la cartuchera, sujeta en la correa de su pantalón y disimulada por la camisa. No había vehículos por la vecindad y las luces de Tingo María se veían remotas.
— Me sentía tranquilo, aliviado, aunque usted no lo crea, mi cabo–dijo el muchacho-. Como cuando uno despierta y se da cuenta de que la pesadilla era sólo pesadilla.
— Pero por qué te guardas lo mejor, Tomasito–volvió a reírse Lituma.
Entre el rumor de los insectos y el bosque, el muchacho oyó los pasitos de la mujer, apresurados, tratando de alcanzarlo. La sintió a su lado.
— Pero si no le oculto nada, mi cabo. Ésa es la verdad enterita. Así pasó, tal cual.
— El gordo no me dejó llevarme ni un centavo–se quejó ella-. El barrigón de mierda ése. No estaba robándole, sólo prestándome algo para llegar a Lima. No tengo un centavo. No sé qué voy a hacer.
— Yo tampoco sé qué voy a hacer–dijo Tomás.
Iban tropezando en el sinuoso caminito invadido por la hojarasca, resbalando en los huecos abiertos por las lluvias, sintiendo en caras y brazos roces de hojas y telarañas.
— Quién te mandó meterte. — La mujer bajó ahí mismo la voz, arrepintiéndose. Pero, un momento después, aunque más contenida, siguió riñéndolo-. Quién te nombró mi custodio, quién te pidió defenderme. ¿Yo, acaso? Te has fregado y me has fregado a mí también, sin tener culpa de nada.
— Por lo que me cuentas, ya estabas templado de ella esa noche–afirmó Lituma-. No sacaste tu revólver y le disparaste porque te dieran asco las porquerías que le hacía. Confiesa que le tenías celos. No me contaste lo más importante, Tomasito.
II
«Todas esas muertes les resbalan a los serranos», pensó Lituma. La noche anterior, en la cantina de Dionisio, había escuchado la noticia del asalto al ómnibus de Andahuaylas y ni uno solo de los peones que bebían y comían había hecho el menor comentario. «Nunca entenderé una puta mierda de lo que pasa aquí», pensó. Esos tres desaparecidos no se habían escapado de sus familias, ni habían huido robándose alguna maquinaria del campamento. Habían ido a enrolarse a la milicia de los terrucos. O éstos los habían asesinado y enterrado en algún hueco de estos cerros. Pero, si los senderistas ya estaban aquí y tenían cómplices entre los peones, ¿por qué no habían atacado el puesto? ¿Por qué no los habían ajusticiado ya, a él y Tomasito? Por sádicos, tal vez. Querían romperles los nervios antes de hacerlos añicos con cargas de dinamita. No les darían tiempo a sacar los revólveres de debajo de la almohada, menos a correr al ropero de los fusiles. Se acercarían despacito por los cuatro costados de la choza mientras ellos dormían el sueño pesadillesco de cada noche, o mientras Tomás recordaba sus amoríos y él le servía de paño de lágrimas. Un estruendo, un fogonazo, el día en medio de la noche: le arrancarían las manos y las piernas y la cabeza al mismo tiempo. Descuartizado como Túpac Amaru, compadre. Ocurriría en cualquier momento, tal vez esta noche. Y, en la cantina de Dionisio y la bruja, los serruchos pondrían las mismas caras desentendidas que pusieron anoche al oír lo del ómnibus de Andahuaylas.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Lituma en los Andes»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Lituma en los Andes» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Lituma en los Andes» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.