Carmen Posadas - La cinta roja

Здесь есть возможность читать онлайн «Carmen Posadas - La cinta roja» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La cinta roja: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La cinta roja»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La cinta roja — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La cinta roja», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

— ¿Estáis bien, madame?

— Sólo es otra de mis pesadillas–le dije, pero me cuidé mucho de confesarle que ésta no era como las anteriores, sino que tenía como protagonista a mi amante. Y es que si no lo he dicho antes lo diré ahora: Frenelle siempre odió a Barras. Desde el comienzo de nuestra relación, y sobre todo ahora que ella y yo pernoctábamos con más frecuencia en casa de Barras que en la mía, Frenelle se limitaba a desempeñar estrictamente sus labores domésticas y a tratarme con una lejana deferencia que al principio me impacientó y que más tarde procuré ignorar. Lejos quedaban ya los tiempos en que éramos cómplices y amigas o, más aún, compañeras de aventuras. Ya no era para ella «Teresa», sólo «madame».

— ¿Deseáis que abra las cortinas, madame?

— Gracias, Frenelle…

Se dirigió hacia la ventana y una vez que se hizo la luz miró hacia el lecho. Entonces pude comprobar cómo en sus labios asomaba una sonrisa cuyo significado no me fue difícil adivinar: Frenelle se congratulaba al comprobar que Barras, la noche anterior, no había compartido mi cama. Sin embargo, si este hecho era para ella motivo de alegría, para mí lo era de gran pesar. Hacía tres días que no me visitaba, demasiados ya.

— Hay una carta para vos–dijo a continuación Frenelle y en el mismo tono impersonal añadió-: Arribó ayer a La Chaumiére y Bidos la ha traído hasta aquí esta mañana. La dejaré junto a la bandeja del desayuno y si no deseáis nada más…

Se retiró sin esperar mi respuesta y yo la dejé marchar. Eran demasiadas las preocupaciones que rondaban mi cabeza como para ocuparme de Frenelle. Sin embargo, un nuevo motivo de pesar me esperaba al rasgar aquel sobre, puesto que la carta era de Tallien y decía así:

Bella niña mía:

Nada puede ser más desgraciado que nuestras vidas aquí. Carecemos de todo. Desde hace cinco días no logro cerrar mis ojos, debemos dormir sobre la mera tierra. Nos comen las moscas, los piojos, las chinches y toda especie de insectos. El papel en el que escribo está húmedo de mis lágrimas. Adiós, mi bella niña, el dulce recuerdo de ti y la esperanza de volver a veros a ti y a nuestra hijita me mantienen con vida, así como mi único deleite es pensar en tu casa de La Chaumiére; nunca te deshagas de ella, te lo ruego.

Tu infeliz Tallien

La carta me llenó de infinita tristeza, no sólo por la miseria que traslucía, sino también por su última frase. «Nunca te deshagas de La Chaumiére», apuntaba en ella Tallien, pero lo cierto era que acababa de hacerlo. Había vendido esa casa que ambos compartimos con la intención de comprar, más adelante, otra cerca de la de Josefina. Pero también con la secreta esperanza de que el hecho de que mis hijos y yo pasáramos cada vez mayor tiempo en este rimbombante palacio de Grosbois en el que ahora me encontraba fuera algo así como la oficialización de mi entente con Barras. Sin embargo, lo único que había logrado con mi estratagema era no tener casa propia, mientras que Barras apenas visitaba mi lecho. Al igual que un fallido estratega que yerra sus cálculos y es ya por siempre prisionero de un movimiento equivocado, yo había quemado mis naves. ¿Qué me esperaba ahora?

DE CÓMO BARRAS SE LIBRÓ DE MÍ

(O YO DE ÉL)

— Mi bella ateniense. — La voz de Barras sonaba suave, sinuosa. (Nos encontramos ahora en esa mañana la misma que había comenzado con mis pesadillas y la carta de Tallien)-. Mi bella Aspasia, descuidáis demasiado a vuestros invitados. El amigo Ouvrard estaba impaciente por veros; mirad, os ha preparado una maravillosa sorpresa.

Estaba prevista para ese día una gran batida de caza y, como si de la continuación de mis sueños se tratara, como si en efecto Barras y Ouvrard hubieran estado hablando de algo que me concernía, ambos me esperaban al pie de la escalera.

— Ésta es Coquette –dijo el segundo señalando una magnífica yegua que llevaba de la brida-. Me he permitido traérosla como regalo, la más bella de las damas merece tener también la más hermosa de las monturas.

No era inusual que otros caballeros que no fueran Barras me hicieran regalos caros, pero después de mi sueño de horas antes, todo tenía para mí una secreta lectura. Miré a mi amante: había en sus ojos una mirada de impaciencia, de velado hastío, me pareció.

— Mi bella directora–dijo a continuación dirigiéndose casi más a Ouvrard que a mí-. Dado el magnífico regalo que acaba de haceros Ouvrard, creo que bien merece ser vuestra pareja durante todo el día. Coquette es sin duda un soberbio animal y a vos, querida, os gusta tanto galopar…

***

Precisamente en este punto comienza mi historia amorosa con Gabriel Ouvrard, banquero de fortuna y abastecedor del ejército de la República.

Años más tarde, La Révelliére–Lépeaux, uno de los otros cuatro directores que junto a Barras detentaban el poder en aquellos años, recogería en sus memorias el hecho que acabo de contar, pero dotándolo de un prólogo muy poco halagüeño para mí. Según él, minutos antes de la escena del caballo, Barras habría hablado con Ouvrard para convencerle de lo mucho que le convendría aceptar un «traspaso». Siempre según La Révelliére–Lépeaux, yo me había convertido en un lujo demasiado caro para Barras, del que había escuchado de sus propios labios contar con todo detalle «el trato más que conveniente al que había llegado con Ouvrard, por el que le cedía a madame Tallien y cómo, al poner éste ciertos reparos, le había forzado a tomarla y satisfacer de ahí en adelante todas las necesidades de una mujer tan devoradora ( sic )». «Caso de no aceptar–continuaba contando Barras por boca de Lépeaux-, le hice ver a Ouvrard que bien podía peligrar su pingüe negocio como proveedor del ejército y también exponerse a una inspección de su fortuna».

«Fue así–termina narrando La Révelliére–Lépeaux-, cómo esa misma mañana en Grosbois se firmaron las cláusulas de tan infame trato».

Como puede verse, lo que narra este caballero, la conversación entre Barras y Ouvrard, el «traspaso» y la circunstancia de que yo me estaba convirtiendo para el primero «en un lujo demasiado caro», se parece mucho al sueño que yo tuve aquella misma madrugada. Sin embargo, como no creo tener las dotes adivinatorias de la vieja Marie Celeste ni soy capaz de anticipar el futuro, me inclino a creer que la explicación a tan extraña coincidencia es otra. Tout passe, tout casse, tout lasse… et tout se remplace , dicen los franceses, que en esto del amor son tan galantes como cínicos. Todo pasa, todo se rompe, todo aburre y todo se reemplaza. Y si la frase es cierta siempre, lo era aún más en aquellos tiempos tornadizos en los que las reglas de juego imperantes entre personas como Barras y como yo misma respondían a tan pragmática premisa. De ahí que mi sueño no tiene nada de mágico ni de sobrenatural, sino que responde a un modo de intuir lo que está pasando, una alerta para actuar antes de que las circunstancias se volvieran del todo adversas. Por eso he de decir que es más que probable que Barras hubiera llegado a la conclusión de que yo era una mujer demasiado cara y «devoradora», como apunta La Révelliére–Lépeaux en sus memorias; pero yo por mi parte siempre he sido una mujer intuitiva y también sumamente orgullosa, de modo que, sin tener los poderes de Marie Celeste, aquella misma mañana supe que debía con presteza cambiar de caballo. Y no me refiero a Coquette precisamente, aunque desde ese día se convirtió en mi montura favorita, sino a mi vida sentimental. ¿Qué me convenció para hacerlo? Posiblemente la pesadilla de la que antes he hablado, o tal vez fuera la carta de Tallien, que tanto me había llenado de tristeza recordándome que ya no tenía casa ni tampoco marido. O quizá, y por qué no, fuera esa breve conversación sobre mi abanico que mantuve con Gabriel Ouvrard la víspera, en la que pude descubrir a un hombre sensible, capaz de amarme como no me amaba Barras. Sea lo que fuere, lo cierto es que esa mañana sonreí a Ouvrard de un modo especial mientras le tendía la mano.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La cinta roja»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La cinta roja» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La cinta roja»

Обсуждение, отзывы о книге «La cinta roja» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.