»Quería que me enseñara a imitar la voz de Winnie, y la de Tigger, y la de Rabbit. Quería que me enviara señales desde allá arriba para decirme lo que pensaba de mis iniciativas disparatadas y si era tan grave dormir todos juntos compartiendo nuestras tristezas… Quería que volviera a decirme que ese chico no valía la pena y que había hecho bien al no darle la oportunidad de que volviera conmigo. Quería que me abrazara y me preparara grandes tazones de leche caliente con azahar a mí también…
»Quería llamarla por teléfono y contarle lo difícil que era criar a los hijos de una hermana que había desaparecido cuidándose mucho de despedirse de ellos para que no se pusieran tristes. Quería rebobinarlo todo y decirle: deja que se marchen los dos a probar ese vino, tú y yo nos quedamos aquí y nos terminaremos la botella de jerez; te contaré historias de papayas y cotilleos de quién se acuesta con quién en la universidad.
»Le habría encantado que le dijera eso, de hecho, lo estaba deseando…
»Creo que me estaba volviendo loca y que habría sido más razonable mudarnos de esa casa, pero no podía imponerles esa decisión… Y además no era tan fácil… Se me ha olvidado contarle todo el lado… técnico, por decirlo de alguna manera, de este asunto… El consejo de familia, la vista ante el juez que otorga la tutela, el notario y todos esos tejemanejes para tener con qué criarlos… ¿Eso también le interesa, Charles, o nos vamos directamente al campo?
– Me interesa mucho, pero…
– ¿Pero?
– ¿No van a coger frío bañándose tan tarde?
– Pfff… Éstos no hay manera de que revienten… Dentro de un momento los chicos se pondrán a perseguir a las chicas, y todo el mundo entrará en calor, créame-Silencio.
– Está usted muy atento, ¿eh?
Charles se puso colorado en la oscuridad.
La distribuidora de tortas acababa de pasar delante de ellos gritando, perseguida por Bob Dylan.
– ¿Qué le decía?… Por cierto… ¿usted dejaría preservativos en el guadarnés?
Charles cerró los ojos.
Esa chica era una verdadera montaña rusa…
– Pues yo los he dejado… Junto a la caja de terrones de azúcar para los caballos… Cuando se lo dije a Sam, me miró asustado, como si fuera una horrible pervertida, pero, mientras tanto, ¡la horrible pervertida tiene la conciencia tranquila!
Charles se cuidó muy mucho de decir nada. Sus hombros se rozaban de vez en cuando, y el tema era un poco… en fin, dejémoslo…
– Sí. El lado técnico me interesa mucho -sonrió, sin despegar los ojos del fondo de su copa.
En la oscuridad no era fácil decirlo, pero le pareció oír su sonrisa.
– La cosa va para largo -le advirtió.
– Tengo todo el tiempo del mundo…
– El accidente tuvo lugar un 18 de abril, y yo me «busqué la vida», como dicen mis queridos adolescentes, como pude hasta finales del mes de mayo, luego hubo que convocar lo que llaman un «consejo de familia», o lo que es lo mismo, tres personas de la rama paterna y otras tantas de la materna. Por nuestro lado, la cosa estaba clara, Dad, mi madre y yo, pero del lado de Pierre todo resultó bastante más complicado. Eso no era una familia, era un nido de víboras, y hasta que se pusieron todos de acuerdo tuvimos que anular una primera reunión del consejo de familia.
»Al verlos llegar, sentí una enorme ternura por Louis y su hijo. Comprendí entonces por qué Louis no quería verlos más y por qué Pierre se había enamorado perdidamente de mi hermana. Era gente… ¿cómo decirle?… bien armada… Sí, eso es… Bien armada en la vida… Estaban la hermana mayor de Louis, su marido y Edouard, el tío materno de Pierre… y… ¿me sigue todavía?
– Sí.
– El tío Edouard tenía una sonrisa bonita y regalos para los niños; los otros dos, llamémoslos los «contables», pues era la profesión de él y la obsesión de ella, que cuadraran las cuentas, me refiero, empezaron por preguntarme si sabía francés. ¡La cosa empezaba bien!
Kate se reía.
– I think I’ve never spoken French as well as… ¡tan bien como aquel día! ¡Les planté a esos dos paletos de provincias un francés digno de Chateaubriand lleno de imperfectos del subjuntivo de esos que ya nadie usa!
»Entonces, primer punto… ¿A quién nombrar tutor de los niños? Bueno… no hubo tortas precisamente. La jueza me miró, y yo le sonreí. Asunto arreglado. Segundo punto, ¿a quién nombrar protutor? Es decir, ¿quién se encargaría de vigilarme? ¿Quién "controlaría mi gestión"? Y claro, enseguida, los paletos se pusieron nerviosos. Las otitis, las pesadillas y los dibujos de monigotes sin brazos de esos niños no tenían mucha importancia, pero su patrimonio, cuidadito…
Con el pretexto de imitarlos, Kate le daba muchos codazos como quien no quiere la cosa…
– ¿Qué quería que hiciera contra tan viles canallas? ¿Morirme en el acto, fulminada, o sumirme en la más honda desesperación? Miraba el rostro de mi anciano papaíto, que tomaba apuntes mientras mi madre retorcía su pañuelo gimiendo, y los escuchaba contarle al juez sus historias de dinero. Mi pobre papá estaba sin blanca, donde había algo más de cash era del lado de Louis… Un piso en Cannes y otro en Burdeos, sin contar el de Pierre y Ellen. Bueno… de Pierre sobre todo… La experta en contabilidad conocía la escritura de venta mejor que yo, por supuesto… El problema es que Louis y su hermana estaban en litigio desde hacía más de diez años por un pedazo de tierra o qué sé yo qué y… bueno, le ahorro los detalles…
»Good Lord, presentí que todo ese asunto iba a traer cola… Al final el que se llevó el título fue el cuñado de Louis. Artículos 420 y siguientes del código civil, recordó la jueza, la función del protutor es la de representar a los menores incapacitados cuando los intereses de éstos se hallan en conflicto con los del tutor. Nos pusimos todos de acuerdo mientras el secretario judicial cumplía con su tarea de secretario judicial, pero recuerdo que mi cabeza no estaba ahí. Me decía:
«Diecisiete años…
«Diecisiete años y dos meses bajo su atenta mirada…
»Help.
– Al salir del tribunal, mi padre abrió por fin la boca y dijo: «Alea jacta est.»
»Pues sí que me ayudaba mucho eso a mí… Y como adivinaba mi angustia, añadió que no tenía nada que temer, que lo había escrito Virgilio, Numero deus impare gaudet…
– ¿Lo que significa? -preguntó Charles.
– Que estos niños eran tres, y que a la Divinidad le complacían los números impares.
Kate lo miró riéndose.
– Cuando le decía que me sentía sola, ¡se lo decía por algo, créame! Luego nos reunimos muchas veces con el notario para definir la renta que se me ingresaría cada trimestre y asentar la certeza de que estos niños podrían seguir estudios superiores si hasta entonces los tutelaba como Dios manda… Lo cual supuso, no sostendré lo contrario, un enorme alivio. Diecisiete años y dos meses, incluso con un capitalito como ése, me las podría apañar, y, a menos que se largaran con la pasta al cumplir la mayoría de edad, debían poder salir adelante…
»Pero bueno… eso ya se verá… Como le decía antes: a cada día le basta su afán… Vamos, una última copa cada uno, hasta que nos caigamos al río rodando…
– Entre todas esas citas y esos miles de llamadas telefónicas, la vida sigue su curso.
«Pierdo las cartillas de sanidad, compro zapatos de verano, trabo amistad con las otras madres, oigo hablar mucho de Ellen, sonrío vagamente, abro su correo y contesto con fotocopias de su acta de defunción, me pongo a cocinar, aprendo a transformar las pounds and onces, las cups, las tables poons, los feet, las inches y todo lo demás, asisto a mi primera fiesta de fin de curso en el colegio, empiezo a apañármelas bien con la voz tonta de Tigger, mantengo el tipo, me vengo abajo, llamo a Matthew en plena noche, lo molesto en medio de una manipulación, no puede hablar conmigo, ya me llamará. Lloro hasta la mañana siguiente y cambio mi número de teléfono por miedo a que me llame de verdad y encuentre argumentos más convincentes para hacerme volver…
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