Elia Kazan - Actos De Amor

Здесь есть возможность читать онлайн «Elia Kazan - Actos De Amor» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Actos De Amor: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Actos De Amor»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Título original "Acts of Love" traducción de Montserrat Solanas

Actos De Amor — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Actos De Amor», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

¿Sonreía Teddy? ¿Había adivinado quizá lo que ella estaba pensando?

– Y si no son cebollas, son ajos. Adoro el ajo ahora.

Y cuando se alzara su pene ella lo dejaría caer de nuevo. Le enseñaría a no precipitarse. Una chica de Tucson le había contado que era como entrenar a un perro a esperar su comida. Tenías que entrenar a tu marido a no tragar. Llámese incitación, llámese técnica: ella lo incitaría, cambiaría su técnica.

– ¡Yogur! Ahora ya podré preparar el nuestro -se oyó que estaba diciendo-. Es mejor que eso que se come la chica de la tele. Ya verás.

Se acoplarían, no joderían. Ella lo haría diferente de todos los que había conocido. Ella lo convertiría en el amante que ella necesitaba.

– He aprendido a hacer el tipo sencillo. Sin ningún sabor es el sabor que me gusta más.

No como Ernie, ni Aarón, ni Julio… ¡oh no Dios mío! Teddy no podría… en fin, nunca lo había hecho, nunca la tomó de ese modo. Vaya palabrita: «¡Tomar!» Todas esas fantasías machistas. ¡Un polvo! ¡Meterla dentro! ¡Partirla con su herramienta! ¡Darse un revolcón! No, ellos se unirían, se unirían en el amor.

– Mañana haré un poco -dijo Ethel-. Ya verás lo que quiero decir.

Ella comenzaría de nuevo y él comenzaría también de nuevo. Ethel veía el cuadro de sus cuerpos iguales en unión.

– Y creo que finalmente he aprendido el truco del arroz.

No sería la acometida animal, con toda la rapidez y dureza de que él era capaz, y ella aprovechando lo que pudiera. Ella conseguiría que todo fuese cabal. Esta era su gran oportunidad, quizá su última oportunidad.

Estaban entonces siguiendo curvas a la orilla de verdes campos. Teddy no había reaccionado a nada de lo que Ethel había dicho… ninguna de las reacciones que era de esperar. Parecía decidido y Ethel no tenía ninguna sospecha acerca de qué.

Recordó entonces los alrededores. Subían hacia el distrito de Mission Hill, una zona de casas viejas y nuevos bloques.

Continuando la conversación para llenar el vacío, Ethel le habló de Aleko y su amante.

El bloque al que se acercaban era el mismo que se suponía ella debía firmar el contrato el día en que desapareció.

– Nunca se casará con ella -dijo Teddy-. Los griegos no se divorcian. ¿Cantó para ti?

– ¡Oh, sí! ¡Me emocionó lo indecible, verlos tan unidos!

Teddy frenó enérgicamente. Estaban en una zona marcada con dos gruesas líneas en el suelo. Teddy salió del auto, tiró de la bolsa de Ethel y dio un portazo. Parecía desasosegado, a punto de pelear.

Ethel ya sabía en dónde estaba. El ascensor subía soltando un silbido. Ethel recordó ese detalle y el sistema de iluminación del pasillo en la parte inferior, de modo que la gente que pasaba parecía flotar.

Teddy abrió la puerta, y mientras tiraba de la llave se colocó a un lado, un funcionario en una ceremonia, abriendo paso para un invitado de honor.

Ethel entró y encontró una lámpara.

– ¿Puedo encenderla?

– Claro.

Teddy había amueblado enteramente aquel lugar con mobiliario sin barnizar.

Ethel se acercó adonde Teddy la esperaba, firme, y alzó invitadora sus labios.

Teddy la besó rápidamente, y encendió entonces la luz central.

– ¿Quieres ver el resto? -preguntó.

– Dentro de un momento.

Ethel se sentó en el sofá, indicando el lugar a su lado colocando allí la palma de su mano y esperó a que Teddy viniera junto a ella.

Teddy se sentó en la butaca opuesta, recibiendo sobre la cabeza la luz de la bombilla de ciento cincuenta vatios. Ethel observó que Teddy estaba todavía acumulando tensión por algún motivo.

Salió entonces de la habitación y al regresar traía en la mano un gran sobre de papel manila. Sacando de él un formulario mecanografiado, lo dejó en la mesita frente a Ethel.

– Es para un año -dijo -. He firmado.

– Bueno, muy bien, entonces -respondió ella.

Teddy volvió a colocar el formulario en el sobre manila y se sentó otra vez en la butaca frente a Ethel.

– ¿Qué aspecto tengo? -preguntó Teddy.

– Más delgado. Guapo.

– Guapo, por el amor de Dios…

– Estás convirtiéndote en un oficial.

– Todavía no. Pero estoy estudiando. Duramente. El oficial de educación se ha tomado realmente interés por mí.

Teddy parecía diferente: más vigoroso, más pulido, más firme en su conjunto, muy decidido, una persona de clase superior. Todo lo cual hacía que Ethel deseara que Teddy se quitara toda la ropa cuanto antes. Tenían que derribar los muros que se habían alzado entre ellos.

– Primero tenemos que hablar -dijo Teddy.

Era una orden.

– De acuerdo – dijo ella-. ¿Puedo apagar esa luz tan brillante?

– Yo lo haré.

Ethel lo observó mientras se movía por entre el mobiliario sin barnizar, colocado estudiadamente y el área central unida por los pesados brazos de madera y las patas derechas, de corte cuadrado.

– ¿Qué dijo mi padre? -preguntó Teddy al sentarse de nuevo.

– ¿Sobre qué?

– Tú me escribiste diciendo que habías ido allí para hablar con él.

– Ah, sí, claro.

– ¿Fuiste por eso realmente?

Ethel se dio cuenta de que Teddy estaba luchando con una pregunta reservada.

– ¿Fuiste…? -preguntó.

– ¿Si fui adonde?

– A ver a Ernie.

– ¡Ernie!

– Estoy intentando descubrir por qué te fuiste repentinamente del modo en que lo hiciste. Quiero decir, el motivo de verdad.

– No seas niño, Ernie vive en Arizona. Yo fui a Florida.

– Dijiste que querías descubrir lo que necesitabas… o algo parecido. ¿Lo hiciste? ¿Lo encontraste?

– Teddy, dame un poco de tiempo. No rne atosigues, Teddy.

– De acuerdo.

– ¿Quieres un poco de café?

– ¿Por qué no?

Ethel encendió la luz de la cocina. Recordó que la primera vez que vio el rincón para desayunar, le había gustado. Tenía una gran ventana que miraba al Este. Ahora le pareció estrecho, con una mesa sin pintar y cuatro sillas de respaldo derecho.

– ¿Dónde está la cuchara para medir? -preguntó en voz alta.

– La he estado buscando -respondió Teddy desde la otra habitación.

– Pon un poco de música, ¿quieres?

Ethel le oyó que se levantaba y se movía.

– ¿Te gusta este lugar? No me has dicho nada.

– Me gusta.

– Pero no me habías dicho eso.

– Antes de irme, lo dije.

– Pero entonces desapareciste. ¿Te gusta el modo en que lo he arreglado?

– Todo este mobiliario… ¿Lo has comprado?

– Había unas rebajas. -Teddy se acercó a la puerta de la cocina.- Lo compré barato. Pensé que a lo mejor pintándolo de blanco… ¿No te gusta? -Se echó a reír.- Es como un hospital, ¿verdad?

– ¿Puedo hacer algún cambio?

– Haz lo que te plazca. Es tu casa.

– ¿El dormitorio es del mismo material?

– Sí. He puesto un tablón de madera bajo la mitad de la cama. Ya sé que a ti te gusta blanda.

– Veamos cómo está. Ven.

– Primero he de decirte algo.

La cafetera estaba en el fogón con el fuego encendido. Ella se volvió hacia donde Teddy estaba en el umbral de la puerta y se apoyó contra él, colocando su rodilla entre las de Teddy, y besándolo. Los labios de Teddy no cedieron.

– ¿No podríamos hablar después? -preguntó ella-. Siempre es agradable cuando hablamos en la cama. Te he echado de menos, Teddy; he estado pensando mucho en ti.

– Quiero que hablemos ahora. Ahora mismo.

Ethel se sentó en la butaca que antes había ocupado Teddy. El se sentó en medio del sofá, en el borde, y se inclinó con los codos sobre las rodillas y la cabeza baja.

– De acuerdo -dijo ella-. Adelante.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Actos De Amor»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Actos De Amor» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Actos De Amor»

Обсуждение, отзывы о книге «Actos De Amor» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.