"Franco, dando una vez más pruebas de su sentido de gratitud para con el pueblo, ha anunciado su propósito de levantar "en algún lugar de España" un gigantesco monumento a los Caídos, que perpetúe a través de los siglos la gesta de la Cruzada".
Referente a José Antonio, Mateo anunció que iba a procederse a trasladar sus restos desde Alicante a El Escorial -así como habían sido trasladados los restos de César-, y que dicho traslado lo efectuarían por carretera, a pie, escuadras falangistas de toda España, que llevarían el féretro a hombros, turnándose día y noche. La comitiva iría escoltada por cruces y antorchas y a su paso se encenderían hogueras en las colinas y en las montañas. Mateo llamó a José Antonio, como siempre El Ausente, y repitió una y otra vez su célebre frase: "La vida no vale la pena si no es para quemarla en alguna empresa grande".
Cabe decir que, todas estas noticias, lo mismo las alusivas a Alemania e Italia que las alusivas a Franco y a José Antonio, obtuvieron en Gerona, por lo general, buena acogida. Según el profesor Civil, ello se debía a que los encargados de propagarlas conocían a fondo la psicología de la masa. "El hombre de la calle -comentaba el profesor- es muy sensible a la arenga si ésta lleva dentro un contenido poético". "El éxito de los sistemas totalitarios es que aciertan a combinar la política con el espectáculo".
Ahora bien, no todos los gerundenses eran muchedumbre amorfa. En consecuencia, no faltaron personas a las que la noticia de que Alemania construía mil aviones diarios causó visible preocupación, y que por otra parte criticaban con dureza los derroches publicitarios a escala nacional de que Mateo se había hecho eco. ¡Hogueras en las montañas, la espada del Cid! ¿Es que no había otros quehaceres más urgentes? ¿Por qué no se reparaba la carretera Gerona-Olot, que estaba hecha una calamidad? ¿Y por qué Mussolini, en vez de regalarle a la ciudad de Zaragoza bustos de emperadores, no le regala una nueva estación ferroviaria o un nuevo edificio de Correos?
Uno de los más ostentosos disidentes, comparable en cierto sentido al doctor Chaos, era precisamente el teniente jurídico Manolo Fontana.
El teniente Manolo Fontana, cuya brillante hoja de servicios le permitía también levantar impunemente la voz, en las tertulias del Casino manifestó sin ambages que consideraba aquel juego exhibicionista y adulador harto peligroso, por cuanto desconectaba de la realidad y desembocaba fatalmente en el endiosamiento. "Si a mi me sepultaran bajo espadas de oro, títulos y medallas, acabaría emborrachándome y sintiéndome infalible". "Yo no hice la guerra para que luego nos dedicáramos a cantar ópera". Esther, la joven esposa de Manolo, que hablaba con inimitable acento andaluz, le dijo a José Luis Martínez de Soria: "¿Qué sensación debe de causar que le llamen a uno Salvador Invicto?".
José Luis Martínez de Soria, que desde el incidente del baile no se llevaba muy bien con el matrimonio Fontana, escuchaba estos lamentos con la sonrisa en los labios. Se abstenía de opinar con respecto a las potencias del Eje, "porque en su opinión era un error meter en el mismo saco al Führer y al Duce"; ahora bien, estimaba absolutamente lógico que José Antonio tuviera un sitio en El Escorial. "La historia está llena de símbolos, ¿no es cierto? ¿Qué mal hay en ello?". Y en cuanto a Franco su convicción era que se trataba de un hombre básicamente modesto y que todos los honores que pudieran rendirle debían de tenerle sin cuidado. "Imagino que acepta esto como el camarada Dávila ha de aceptar los jamones y los pollos que le regalan los campesinos agradecidos". "No creo que se endiose jamás, y si alguna virtud ha demostrado hasta ahora es el sentido realista".
– Si tan modesto es, ¿por qué consiente esa invasión de fotografías suyas en todas partes?
– Sabe que es el jefe y estima que ello es necesario.
– ¿Y ese faraónico Monumento a los Caídos? ¿No será que se pirra por lo árabe y que quiere construir su mezquita?
– Eso no lo hace pensando en él. Lo hace pensando en España.
Con todo, el principal núcleo de disidentes, tal como le constaba a 'La Voz de Alerta', lo constituían los amigos de Matías Que, diariamente, después de almorzar, se reunían con éste en el Café Nacional. La diferencia estribaba en que allí no se hablaba en voz alta, como en el Casino de los Señores. Todo eran fusiones, medias frases, mientras las fichas de dominó repiqueteaban en las mesas de mármol. Los componentes de dicha tertulia habían llegado a crearse un argot propio -para el caso de que algún fisgón anduviera por allí cerca-, que sólo Ramón, el fiel camarero, entendía. Alemania era el seis doble; Italia el cero doble; la Falange, un cafetito caliente, y 'La Voz de Alerta', Búfalo Bill; Franco era el sheriff y José Antonio la copita de Jerez.
Matías hubiera preferido, por supuesto, que sus contertulios no hablasen de política; pero no había forma de evitarlo. ¡Con tanto marisco contribuyendo al Subsidio del Combatiente y con tanto coro ruso añorando las estepas! Por otra parte, ¿podía negarse que la compañía de aquellos hombres le resultaba agradable? Ninguno de ellos -ni Marcos, el de las cuatro o cinco aspirinas diarias; ni Galindo, de Obras Públicas, el sensacional mecanógrafo; ni Carlos Grote, oriundo de Canarias, funcionario de Abastecimientos y Transportes, etcétera-, podía hacerle olvidar a Julio García; pero tampoco tenían los derechos de éste.
– Son buena gente -decía Matías-. Pinchan, pero sin intención de dañar. La ironía por la ironía, nada más.
Tal vez estuviera en lo cierto. Por ejemplo, la principal queja que el aprensivo Marcos formulaba contra el Gobierno era que en Gerona faltaban dispensarios y, sobre todo, urinarios públicos. ¿Cabía imaginar algo más inofensivo? Y el máximo argumento que esgrimía contra Alemania e Italia era que sus sabios no habían descubierto todavía el remedio contra la calvicie. Él estaba convencido de ser el hombre más calvo de Europa, lo que lo acomplejaba sobremanera, sobre todo pensando en su mujer, que por cierto empezaba a ser llamada "la guapetona Adela". "El día que Goebbels invente un remedio contra la calvicie, le mandaré un telegrama diciéndole que puede contar conmigo".
Por su parte, Galindo, el solterón, era gallego y su 'leit motif' era subir el sueldo a los peones camineros. Ayudante de ingeniero, admiraba a los italianos porque habían construido la Torre de Pisa; en cambio, detestaba a los alemanes porque el cine que elaboraban era de ínfima calidad, excepto algunos documentales. "A mí no me importa que Hitler se considere un dios; pero que inunde nuestros cines de películas interminables, con tanto casco militar y tantas niñas en bicicleta, no se lo perdono". El gallego Galindo, que fue el inventor del apodo de Búfalo Bill aplicado a 'La Voz de Alerta', cada vez que oía hablar del Movimiento Nacional miraba las fichas de dominó alineadas frente a sí y decía: "Paso".
En cuanto a Carlos Grote, con el que Matías había intimado especialmente y que por ser canario le temía al invierno como el camarada Rosselló a los baches de las carreteras de la provincia, su oposición a las potencias del Eje era sin duda la más seria: estaba convencido de que éstas conducirían al mundo a una guerra mucho peor que la española: a una guerra mundial.
– Hoy quiero esto, mañana lo otro, hasta que los ingleses digan ¡basta!
– ¿Y cuándo dirán ¡basta! los ingleses? -le preguntaba Matías.
– Eso no lo sé -contestaba el señor Grote-. Pero cuando lo digan, ¡que el padre Forteza nos confiese!
El Café Nacional… Todas las novedades de la ciudad y del país quedaban registradas allí, como en el Servicio de Fronteras la ficha de los repatriados. Matías no hubiera podido dejar de ir. Además, trataba a sus nuevos amigos, precisamente por su condición de depurados, con tal gentileza, que todos ellos lo apreciaban de veras, cada día más. Naturalmente, le tomaban el pelo porque, si Dios no le ponía remedio, iba a ser nada menos que suegro de Mateo y de María. "Dos palomitas, ¿verdad Matías?". Matías se echaba para atrás el sombrero madrileño. "Señores -comentaba, en respuesta a las chanzas de sus amigos-, a mí las palomitas me preocupan muy poco. A mí lo que me preocupa es el reuma, que no me deja dormir por las noches, y, sobre todo, ese elemento de Guadalajara de que habló el periódico, que compraba duros a seis pesetas y los vendía a siete en Portugal…"
Читать дальше