José Gironella - Ha estallado la paz

Здесь есть возможность читать онлайн «José Gironella - Ha estallado la paz» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Ha estallado la paz: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Ha estallado la paz»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Después de Los cipreses creen en Dios (época anterior a la guerra) y de Un millón de muertos (época de la guerra), José María Gironella en Ha estallado la paz trata de la posguerra. La familia Alvear sigue siendo el núcleo de la acción del libro y Gerona vuelve a ser la ciudad protagonista. Finalizada la contienda, todos los personajes retornan a sus hogares, excepto los exiliados, que se reparten a voleo por el mundo… La obra abarca los años inmediatamente posteriores a la guerra, con una mezcla de dramatismo, de poesía y de ironía que subyuga desde los primeros capítulos. El clima de aquellos tiempos aparece recreado con singular maestría, de tal modo que para el lector de edad madura constituye la ordenación de sus recuerdos, y para el lector joven un descubrimiento impresionante. En Ha estallado la paz, Gironella alcanza su momento cumbre de novelista nato, gran narrador que consigue fundir la historia con la ficción novelesca.

Ha estallado la paz — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Ha estallado la paz», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Minutos después se encontraban sentados a la mesa, ante las tazas humeantes.

Ése fue el momento elegido por mosén Alberto para comunicarles una extraña noticia que había de rematar las emociones de la jornada.

– Bueno… -dijo, disolviendo el azúcar con la cucharilla-. Todo esto es muy doloroso, pero he de decirles algo que tal vez les sirva de consuelo.

– Marcó una pausa y añadió-: El señor obispo ha decidido abrir en la Diócesis varios expedientes de beatificación. Uno de ellos expedientes es el de César.

Matías arrugó el entrecejo, pero Carmen Elgazu, que en la Parroquia había oído rumores sobre el particular, exclamó, entre sollozos, simplemente:

– ¡Oh, Dios mío…!

Ignacio, por su parte, había clavado la vista en mosén Alberto. Prodújose un momento de expectación. ¿Soltaría el chico algún exabrupto? Ocurrió todo lo contrario… Mosén Alberto había hablado con su mejor voz de sacerdote y de amigo. Así que Ignacio, al final de su mirada, dijo:

– Desde luego, si alguien merece subir a los altares es mi hermano.

El hecho de que Ignacio dijera mi hermano en lugar de decir César, conmovió a todos de un modo impreciso.

Pilar no pudo con su corazón. Se levantó bruscamente, derramando la taza de café. Y se fue sollozando a su cuarto y se desplomó de bruces sobre la cama, sobre aquella cama desde la cual, cuando llovía, oía el claquear de las gotas en el río.

Nadie acudió en ayuda de Pilar. Todo el mundo permaneció quieto y silencioso en el comedor. El café derramado por Pilar había salpicado la bella sotana de mosén Alberto, pero éste acertó a disimular.

CAPÍTULO XI

Llegó el verano y el calor se adueñó de la ciudad. Las prendas de abrigo desaparecieron entre bolas de naftalina, y las modistas, las hermanas Campistol, abrieron los balcones para airear el taller en que tantas muchachas gerundenses habían aprendido a enhebrar la aguja, mientras rezaban el rosario y se contaban en voz baja historietas un poco subidas de tono. En la oficina de Telégrafos repartieron ventiladores asmáticos, que daban unas cuantas vueltas y luego se paraban, con reiterada desfachatez. Los reclusos empleados en la reparación de las calles pidieron permiso para trabajar con el torso desnudo, y les fue concedido; pero se produjeron reclamaciones, intervino el señor obispo y se les obligó a ponerse la camisa. Las márgenes del río Oñar, en su confluencia con el Ter, se llenaron de tribus de gitanos esquiladores, que tocaban el organillo y recitaban, ¡todavía!, "El crimen de Cuenca". Pablito, el hijo del Gobernador, sufrió un ataque de desasosiego. Sus quince años pletóricos de rebeldía descubrieron la existencia de la mujer. Los ojos se le quedaban clavados como si de aquel acto dependiera su porvenir. Veía blusas y redondeces por todas partes, por lo que su madre, María del Mar, le dijo cariñosamente: "Hala, vete a la piscina, hijo, y báñate lo más que puedas". Todo había ocurrido en un santiamén, como si el calendario tuviera también mando en plaza. Las basuras olían, sesteaban los perros y, al llegar la noche, las cálidas noches de Gerona, los panaderos, antes de iniciar su trabajo, salían en camiseta a la acera a fumarse un par de pitillos, mientras los serenos hacían sonar cansinamente su pata de palo. ¡Oh, sí, los noctámbulos, en pandilla o solitarios, pudieron cumplir con sus ritos a la luz de la luna! Y mientras tanto, doña Cecilia, la esposa del general, bajita y escuchimizada, se abanicaba diciendo: "Compadezco a las mujeres, como la viuda Oriol, que han de llevar faja. ¡Uf!".

Con la llegada del verano se produjeron novedades de todas clases. Novedades tristes, novedades alegres y pintorescas, novedades culturales, novedades patrióticas. Cumplíase la sentencia de Julio García: "La única verdad es que en Gerona la vida continúa".

La vida y la muerte… Porque, la primera novedad triste de aquel final de junio fue el accidente que ocurrió a pocos quilómetros de Nuestra Señora del Collell, el internado en el que César había ejercido de fámulo, cortado raciones de pan y recogido pelotas de tenis. La Delegación de Excautivos, conjuntamente con la Sección Femenina, había organizado una peregrinación en autocar al santuario, en póstumo homenaje a los cuarenta y dos patriotas asesinados allí a última hora, ¡precisamente por orden de Gorki! Tales peregrinaciones eran frecuentes, y aquella ruta empezaba a ser llamada "La Ruta de los Mártires". El autocar, renqueante como los trenes, desgastado por la guerra, rompió la dirección y se cayó a un barranco. Hubo cuatro muertos y quince heridos. Entre los muertos figuraba una niña de ocho años, hija del jefe de Policía, don Eusebio Ferrándiz. Los heridos fueron llevados al Hospital y atendidos por el doctor Chaos. El suceso enlutó la ciudad y don Emilio Santos y Marta, que habían imaginado al alimón aquella aventura, al regreso del entierro no osaban mirarse a la cara.

La segunda novedad triste se produjo bajo el signo del fuego. Desatóse en la provincia una cadena de incendios. Ardían pajares, alfalfa y cosechas. En principio, ello se atribuyó al sol, al ardor de sus rayos, que quemaban la tierra. Pero pronto circuló el rumor de que se trataba de sabotajes; como cuando los anarquistas, antes de la guerra, convertían en cenizas los bosques, ante el pasmo de las serpientes y de los lagartos. A resultas de la investigación abierta fueron detenidos y encarcelados varios malhechores y también varios colonos, descontentos porque sus amos les exigían demasiado o los habían amenazado con el despido.

Otra novedad triste: el padre Forteza fracasó en su labor en la cárcel, atendiendo a los condenados a muerte. Le ocurrió lo mismo que a mosén Alberto en San Sebastián: nada que hacer. Los hombres -y las mujeres- en capilla, que iban a ser ejecutados al día siguiente al amanecer, al ver entrar en la celda "un cura", apretaban los puños y como fieras se liaban a insultarlo y a anegarlo de procacidades.

El padre Forteza ensayó todas las argucias imaginables, desde la solemnidad hasta el desparpajo, desde el llanto hasta la sonrisa, y la respuesta fue siempre la misma: "¡Largo de ahí, maricón!". Su combinación de santo y payaso, que tantos éxitos le proporcionaba fuera de aquellos muros, en la cárcel no tenía objeto. No se apuntó sino dos logros: un muchacho joven de veinte años, que había formado parte del Comité de Orriols y que, después de haberle pegado al padre Forteza el clásico puntapié entre los muslos, que hizo caer al jesuíta en redondo al suelo, una hora después, y sin que nadie supiera por qué, hizo que lo llamaran y le pidió confesarse. El jesuíta, loco de alearía, no sólo lo alentó cuanto pudo sino que al día siguiente, en el cementerio, quiso estar a su lado hasta el último momento. De tal suerte que el alférez que mandaba el piquete de ejecución tuvo que ordenarle por tres veces: "¡Padre, apártese usted, por favor!". El padre Forteza por fin se apartó; pero el Señor y el gran misterio de la madrugada eran testigos de que hubiera deseado que una bala le atravesara también a él el corazón, para poder seguir atendiendo al desconocido muchacho de Orriols, del que sólo sabía que se llamaba Ángel.

El segundo logro fue una mujer. Una mujer de Almería, conocida por Rosa-Mari y que se había presentado ella misma a la policía de Figueras acusándose de haber dado muerte a un guardia civil de los que montaban guardia en La Carbonera. Era una mujer extraña, de mirada bellísima y loca, que cuando veía un hombre se despeinaba. El padre Forteza sospechó desde el primer instante que era anormal y que su auto acusación era una mentira insensata. Gracias a ello consiguió no sólo aplazar el cumplimiento de la sentencia, sino que el Tribunal accediera a revisar la causa. Entonces ella, Rosa-Mari, en agradecimiento, se lanzó al cuello del jesuita y lo besó en la boca. Y le dijo que quería confesarse. Y lo hizo. Lo hizo arrodillada -y despeinada- con unción. Y se confesó de todos los pecados de su vida ¡y de haberle mentido, efectivamente, a la policía de Figueras! Oh, no, ella no había matado al guardia; pero le ocurrió que quiso morirse, porque su "hombre" se había ido a Francia y no regresaba. Por eso concibió aquel ardid. El padre Forteza le dio la absolución, presa de mil sentimientos dispares. Y le dijo: "Ya estás reconciliada con Dios. Ahora yo procuraré que te reconcilies también con la justicia". El padre Forteza confiaba en que el doctor Chaos redactaría un informe médico sobre el estado mental de Rosa-Mari, salvándola de la ejecución.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Ha estallado la paz»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Ha estallado la paz» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Ha estallado la paz»

Обсуждение, отзывы о книге «Ha estallado la paz» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.