– Magnífico -dijo-. Puedes irte, Eulalia.
La mujer se fue.
– Nunca se sabe cómo saldrán estos vinos hasta que no se prueban.
– Debes de tener una buena bodega -le dio coba Pérez.
– Excelente, pero el otro día destapamos un Vega Sicilia avinagrado. Tenía veinticinco años.
– No hay nada bueno que dure -lo disculpó Pérez, que prácticamente había terminado su copa.
– Ni la mayoría absoluta de nuestros conservadores -intervino Miguel Ferrer.
El representante de la Cámara de Empresarios acababa de poner sobre la mesa el único punto de la reunión. Júlia se lo tomó con calma. Cató el vino e hizo un comentario favorable.
– A lo mejor los conservadores no tienen la bodega adecuada -dijo Parma, pero su tono parecía conciliador.
Entonces Miguel Ferrer, sentado frente a Júlia, le preguntó:
– ¿Nos explicarás, aunque no sea el motivo de la reunión, por qué tu ex secretario general y ex president de la Generalitat aceptó irse a Madrid como ministro?
– Miguel, no presiones tanto -advertencia de Parma.
– Nos hemos reunido para decirnos las cosas claras, ¿no?
Miró a Júlia.
– Sí -Júlia, seca.
– Pues cuéntamelo. Tengo mucho interés en saberlo. Hace tiempo que esperamos una explicación. Se fue sin despedirse.
– ¿Tenía que habernos dado explicaciones?
– ¿Crees que los que subvencionamos sus campañas electorales no las merecíamos? ¿O es que a lo mejor no recuerdas el apoyo electoral público que os dimos los líderes de las distintas asociaciones patronales, a pesar de todas las críticas y presiones que recibimos? Si hubiéramos sabido cuáles eran sus intenciones lo habríamos pensado mejor antes de hacerlo. Por culpa de eso ahora nos encontramos en una situación política muy delicada. Pero vayamos por partes: ¿por qué se fue y dejó la presidencia de la Generalitat en plena legislatura?
– No nos dijo nada. Todo ocurrió muy deprisa.
– O sea, que también os dejó en la estacada.
– Supongo que es legítimo tener aspiraciones políticas.
– Por supuesto, pero también hay que hacer los deberes.
Pérez se vio obligado a tomar cartas en el asunto. Una pequeña ayuda ante la ofensiva de Ferrer contra Júlia. Un agradecimiento sincero, en el fondo, pues los líderes empresariales de Alicante, Castellón y Valencia, las empresas de los tres, trabajaban exclusivamente con contratos de obras públicas proporcionados por la administración autonómica.
– A lo mejor acaba siendo presidente del gobierno y con ese cargo…
– Con ese cargo, los empresarios madrileños como Florentino Pérez son los que saldrían ganando.
– Florentino sale ganando en todas partes -añadió Parma-. Su grupo de empresas es el que más factura en las obras públicas valencianas, y ahora también controla el Plan Eólico a través de filiales de su compañía ACS.
– Me gustaría que nos ciñéramos al tema que nos ha reunido -cortó Júlia para impedir que le recordaran el «tema» de l'Oceanográfic, que se había adjudicado a una empresa de Florentino Pérez por un precio de salida de sesenta millones de euros (precio que le sirvió para ganar la subasta institucional), un treinta y siete por ciento por debajo de las demás empresas, pero que acabó costando ciento ocho millones por gastos adicionales posteriormente aprobados.
– Bien, centrémonos en lo que nos ocupa -puso orden Parma. Estaban en su casa y gozaba del derecho a dirigir la reunión. Llenó la copa de Júlia-. Estamos algo preocupados con la actitud del Front.
– Nosotros también, pero estamos intentando arreglarlo.
– ¿Qué estáis haciendo, exactamente? -inquirió Ferrer.
– Hablar, persuadirlos. Pero tienen muchos problemas internos.
– ¿Qué tal es Francesc Petit? -preguntó Ferrer.
– ¿En qué sentido?
– En el personal.
– Un licenciado en Historia que no ha ejercido jamás porque lleva veinte años en política.
– Y ahora, por fin, puede dedicarse a ella como profesional.
– En efecto.
– A un hombre así no lo obligarán a abandonar el poder -afirmó José Luis Pérez como si se viera reflejado en Petit.
– Es un profesional de la política, pero proviene de la izquierda radical y del nacionalismo independentista -aclaró Júlia-. Quiero decir que aún es un profesional relativo.
– ¿Su oposición interna es fuerte? -Parma.
– Lo bastante para causarle graves problemas.
– Pero él sabe -añadió Parma- que no han sido los simpatizantes habituales del Front los que le han llevado al éxito.
– Lo sabe. Incluso es consciente de la gran aceptación social que tiene el proyecto de la Ley de Ordenación del Territorio.
– ¿La encuesta es fiable? -Ferrer.
– No. Pero es indicativa del nivel de desconocimiento que tiene la opinión pública de los grandes proyectos.
– ¿Y cuál crees que será la actitud de Petit? -Parma.
– Duda mucho. Sufre mucha presión.
– ¿También por parte de los socialistas?
– No tengo noticias de que se hayan reunido con él. Pero tampoco creo que tarden mucho en hacerlo.
– ¿Sois conscientes de que si Petit se opone al proyecto éste no se llevará a cabo?
– Claro, podrían presentar una moción de censura.
– ¿Y qué pensáis hacer?
– Convencerlo.
– ¿Cómo?
– Excelente pregunta.
– Compradlo.
La sugerencia de José Luis Pérez abrió un gran silencio no porque los demás no estuvieran de acuerdo, sino porque preferían guardar las formas. Al fin y al cabo lo mantenían en el cargo de presidente de la Cámara de Comercio para que ejerciera de tonto útil.
– ¿Puedes aportar alguna idea sobre cómo hacerlo? ¿Te atreverías a comprarlo tú personalmente? La idea es delicada y peligrosa. -Júlia evitó decir que, además, enunciarla así había sido una desfachatez.
– Hay muchas formas de comprar -intervino Ferrer-. Estamos dispuestos a que el Front pase la gorra para que les demos algo, pero no todo el mundo querrá subvencionarlos. La gente no sabe con seguridad adónde irá a parar el dinero. Siempre es arriesgado con partidos como ése, que no están del todo definidos ideológicamente. Además, al parecer Juan Lloris lo hizo y donde está Lloris las cosas son siempre dudosas.
– Descartemos la idea de comprarlo. Nos podría salir el tiro por la culata. Probemos con otras opciones.
– ¿Con cuáles, Júlia?
– Darle la Conselleria d'Obres Públiques. Sería un regalo envenenado.
– Ni pensarlo -cortó Ferrer-. No consentiremos que lo hagáis. De ninguna manera.
– Pues di algo.
– ¿Qué tengo que decir yo? Sois vosotros los que tenéis que resolver el problema. Para eso os pagamos. ¿Entendido? -Júlia calló. Ferrer prosiguió-: Si habéis sido incapaces de mantener la mayoría absoluta, si no sois capaces de convencerlos, por nuestra parte lo tenemos muy claro: apoyaremos a los socialistas.
– Un momento, Miguel, no perdamos los nervios -dijo Parma.
– Nos estamos jugando mucho. Hay empresas importantes que dependen del proyecto. Hemos pagado mucho dinero para que salga adelante.
– De acuerdo, pero no solucionamos nada discutiendo. Debemos pensar en la mejor manera de presionarlos.
– También lo estoy haciendo.
– ¿Cómo? -preguntó Ferrer.
– Si el Front da el Govern a los socialistas nos las arreglaremos para resucitar a Unión Valencianista.
– Está muerta.
– Con una buena campaña los muertos políticos resucitan -aseguró Parma-. ¿Se lo has dicho? ¿Le has amenazado?
– Sí. Incluso le he amenazado con echarle a Lloris encima.
– ¿Liderando Unión Valencianista?
– Sí.
– Ni se te ocurra dar cancha a Lloris -exigió Parma-. Es como meter un zorro en el gallinero de la política.
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