Mercedes Castro - Y punto

Здесь есть возможность читать онлайн «Mercedes Castro - Y punto» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Y punto: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Y punto»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

«Él me acusa de tener sentimientos. Me dice que soy débil y frágil, sutil, febril, casi pueril. Nada viril para mi profesión, y tendría que serlo, que adónde va una mujer policía tan sentimental como a punto de romperse.»
Clara Deza es contradictoria y deslenguada, Clara Deza es agente de la autoridad, esposa y compañera, tan sensible por dentro como dura por fuera. Inmersa en un mundo hostil marcado por el enfrentamiento entre dos esferas contrapuestas: la laboral, poblada por policías que oscilan entre la incomprensión o la superprotección, yonquis que inspiran su ternura y superiores que no la respetan, y la personal, que gira en torno a un matrimonio que es a la vez refugio y casa de fieras, remanso de paz y estanque de tormentas.
Clara Deza aprenderá a demostrar pronto su faceta más combativa y mordaz cuando, tras recibir un desconcertante mensaje de su mejor confidente, descubre que uno de los mafiosos más escurridizos planea su gran golpe. Movida por el pálpito de saber que se encuentra ante su caso más importante, comienza a escarbar en las cloacas de una sociedad brillante en apariencia y tremendamente cruel en realidad.
Con una poderosa voz narrativa cargada de ironía, Mercedes Castro irrumpe en el panorama literario con la historia de una mujer que se mueve entre claros y oscuros, una protagonista tan de carne y hueso que traspasa las páginas de esta novela con su humor agridulce, su contundente fragilidad y un inconformismo esencial que va más allá de cualquier punto y final.

Y punto — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Y punto», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Sólo estábamos jugando -y pícaro me guiña un ojo como dando a entender que se ha acabado la diversión porque este capullo nos la ha chafado, qué lástima, agente, se perdió el intenso momento de intimidad, adiós a la tensión sexual y al caliente coqueteo, y ahora afloja sus manos de mi cuello pero no las retira, lo acaricia y, manteniendo su cuerpo sobre el mío, se inclina un poco más y me besa, un beso húmedo, jugoso, que me permite notar su calor, la tersura en su piel, los nervios contenidos y el hambre de no estar solo, de no estar perdido, de estar poco a poco dejándose llevar sin control, cada vez menos cuerdo. Y me pilla por sorpresa, no me permite reaccionar y, atrapada como estoy, sólo puedo ver a París de reojo, sorprendido también, petrificado hasta que empieza a gritar:

– ¡Que la sueltes, hijo de puta cabrón, te he dicho que la sueltes! ¡No le toques ni un puto pelo más!, ¿me oyes, mamarracho?, ¿me estás oyendo?

Esteban, tras morder mis labios, introducir su lengua, saborear el interior de mi boca, profanarme el paladar, se aparta de mí con languidez, levanta las palmas con aire condescendiente y, moviendo la cabeza como un maestro que le explica la lección a un alumno particularmente obtuso, protesta.

– Qué poco perceptivo es usted, oficial, qué puritano. ¿O es que no sabe distinguir entre la amenaza y el escarceo amoroso? -y a pesar de que París no ha cesado de apuntarle, baja sus manos y saca un pañuelo del bolsillo para limpiar la huella de mi carmín.

Me tiemblan las piernas pero no quiero darles el placer de ver cómo me siento en el suelo, derrotada, así que me quedo de pie, jodida pero de pie, apoyada en la barandilla, y mientras el anfitrión se aleja camino del ascensor París se abalanza sobre mí y, consciente de mi palidez, me abraza con fuerza haciéndome casi daño, pero no importa, seguimos así, abrazados y serios los dos, cuando Esteban, junto a la compuerta que acaba de abrirse, se vuelve hacia nosotros:

– Espero que sepan disculparme, pero ahora debo marcharme. Ha sido un placer, agentes. Y, Clara, ya sabe que estoy siempre a su disposición.

Y accede al interior, contemplándonos impasible mientras aprieta el botón y un muro se cierra entre él y nosotros, y oigo a París que me susurra por entre el pelo que el viento ha enmarañado y que Esteban Olegar ha olido:

– Si quieres lo hago detener ahora mismo por agresión a un agente.

*

– No te entiendo, Clara, de verdad que no te entiendo -refunfuña París en el coche, camino de comisaría.

– Qué no entiendes, ¿que no quiera empapelarle? Te lo he dicho mil veces, no llegó a hacerme daño, sólo me inmovilizaba. Lo que más dolió fue el susto.

– Pudo haberte lanzado al vacío sin ningún esfuerzo.

– Pero no lo hizo, y que yo sepa aún no se juzgan en este país los pensamientos sino los actos.

– Sí las tentativas. Sólo con el hecho de cogerte por el cuello habría sido suficiente para colgarle una agresión. ¿Te ha dejado marcas?

– Creo que no, apenas llegó a apretar demasiado.

Pero…

– ¡Ni peros ni hostias! -brama-. Ese tío está como una puta cabra y pudo tirarte desde su terraza, o estrangularte, o violarte o todo a la vez. No uno ni dos, tres delitos, tres, de los que podemos acusarle. Y con mi testimonio hubiera bastado. ¿Quieres hacer el jodido favor de explicarme por qué lo hemos dejado escapar? No, si encima va a ser que te gustó el beso…

– Vete a tomar por el culo.

– Lo teníamos, Clara, por mis muertos que lo teníamos, y sabes tan bien como yo que ese niñato no oculta nada bueno.

– Es cierto, lo teníamos, pero ¿para qué? Sólo podríamos denunciarle por tentativas, nada más, y con los abogados que se gasta no tardaría ni un suspiro en salir, primero bajo fianza y luego libre por falta de pruebas. ¿Y de qué nos sirve ponerle sobre aviso y entretenerlo unos cuantos días entre calabozos y juzgados? Estamos detrás de algo mayor, no lo olvides, tenemos tres muertos, los tres están relacionados, y dos de ellos directamente con él.

– Ah, qué bien, ya veo que has planeado darle cuerda al muchacho. Pues muchas gracias por comunicármelo, qué honor. Te advierto que no va a ser tan fácil como te piensas controlar a un tipo así; es imprevisible, se puede salir por peteneras en cualquier momento y, en todo caso, tampoco tienes indicios de que sea el responsable de alguno de los crímenes… ¿O sí?

Clara medita un momento y, finalmente, escupe entre dientes:

– No. Sólo sé que está atormentado y es insensible al dolor ajeno. Y que muchas de sus reacciones no son lógicas ni sus respuestas coherentes. Se siente tan superior que piensa que puede seguir engañándonos por siempre, pero si tiene algo que ver acabará cayendo, ya lo verás.

– Claro, claro… Y con esas sospechas tan sólidas decidiste por tu cuenta que algo ocultaba y allá que te fuiste, sin contar conmigo, a jugarte el tipo porque te dio uno de esos pálpitos de policía. Fue así, ¿no?

– Se me ocurrió sobre la marcha, te lo he dicho mil veces. Cuando el chico del bar lo reconoció pensé en ir a ver si le sacaba algo.

– Pues por poco le sacas un curso de vuelo sin motor. Hace falta ser inconsciente, no sé cuántos policías habrá enterrados gracias a sus pálpitos, miles, millones. Y tú, de espabilada, sin indicios ni pruebas, te vas a sonsacar al psicópata ese sin avisar, ni compañero que te cubra o te defienda ni nada. Anda que si no llego a aparecer…

– Mi héroe.

– Ya te vale con la coñita -y estalla-. La próxima vez dejo que te tiren.

– No te enfades conmigo, Carlos, sabes que te estoy muy agradecida.

– Sólo cumplía con mi deber.

– Eso, tú acaba de arreglarlo, para un detalle que tienes…

– Mira, siento el susto que te has llevado, pero con tu experiencia ya tendrías que haber aprendido que no debes exponerte así. Ni un muerto, ni dos, ni tres, valen lo que tu vida. No tienes remedio, en la academia eras igual.

Clara gira la cabeza para mirar por la ventanilla del coche y que no la vea estremecerse y sonreír a la vez presa del susto y del alivio.

– Vale, tienes razón, no sé qué habría pasado si no llegas a aparecer. Lo que no entiendo es cómo supiste dónde estaba. Si te dejé revisando extractos bancarios.

– Ese chaval, Pedro, o Pablo, como se diga, llamó a comisaría al rato de haber estado en su bar. Debe de ser subnormal, porque le hacía tanta ilusión conocer a un secreta que llamaba sólo para ver si algún día necesitarías un actor para una operación policial. En fin. Me contó lo de las fotos, me describió al calvo y a su hijo y supuse que, loca como estás, habrías decidido ir a hablar con él a su trabajo. Pero es que a mí nunca me pareció tan inofensivo, ya el primer día en el garaje noté que te miraba de forma rara, por eso al ver que no dabas señales decidí ir a buscarte. Quien me atendió fue su secretaria y, tras camelármela con mi labia insuperable, me guió hasta la terraza. El resto ya lo conoces -revela contento de sí mismo y sin poder disimularlo.

– Conque labia insuperable… -suspira Clara, satisfecha su curiosidad, al ver que se aproximan a comisaría-. Bueno, ¿y ahora qué hacemos?

– Hablar con Santi si ha llegado y si no con Bores, porque habrá que decidir hacer algo con el tema de la madame -organiza París.

– Pensé que estaba claro que sin su opinión no había nada que hacer.

– Y yo pensaba dedicar mi hora del almuerzo a llamar a antiguas conocidas a ver si alguna se prestaba a hacer de prostituta y acompañarte, incluso quería buscar en las páginas de contactos a profesionales que pudieran solucionarnos la papeleta, pero resulta que he tenido que rescatar a una compañera imprudente de las manos de un chiflado y ahora estoy sin comer y sin puta que me ladre.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Y punto»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Y punto» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Y punto»

Обсуждение, отзывы о книге «Y punto» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.