Mercedes Castro - Y punto

Здесь есть возможность читать онлайн «Mercedes Castro - Y punto» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Y punto: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Y punto»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

«Él me acusa de tener sentimientos. Me dice que soy débil y frágil, sutil, febril, casi pueril. Nada viril para mi profesión, y tendría que serlo, que adónde va una mujer policía tan sentimental como a punto de romperse.»
Clara Deza es contradictoria y deslenguada, Clara Deza es agente de la autoridad, esposa y compañera, tan sensible por dentro como dura por fuera. Inmersa en un mundo hostil marcado por el enfrentamiento entre dos esferas contrapuestas: la laboral, poblada por policías que oscilan entre la incomprensión o la superprotección, yonquis que inspiran su ternura y superiores que no la respetan, y la personal, que gira en torno a un matrimonio que es a la vez refugio y casa de fieras, remanso de paz y estanque de tormentas.
Clara Deza aprenderá a demostrar pronto su faceta más combativa y mordaz cuando, tras recibir un desconcertante mensaje de su mejor confidente, descubre que uno de los mafiosos más escurridizos planea su gran golpe. Movida por el pálpito de saber que se encuentra ante su caso más importante, comienza a escarbar en las cloacas de una sociedad brillante en apariencia y tremendamente cruel en realidad.
Con una poderosa voz narrativa cargada de ironía, Mercedes Castro irrumpe en el panorama literario con la historia de una mujer que se mueve entre claros y oscuros, una protagonista tan de carne y hueso que traspasa las páginas de esta novela con su humor agridulce, su contundente fragilidad y un inconformismo esencial que va más allá de cualquier punto y final.

Y punto — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Y punto», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Esa misma madrugada llegaron a comisaría, una con una fisura en la muñeca, pues no acostumbraba a dar semejantes puñetazos, y una tunda en el cuerpo que la tuvo dolorida una semana entera; la otra con el labio roto, el pómulo morado, la espalda desollada por los correazos y en su boca, fresca, roja, sangrante, las esquirlas de una muela. El problema, con todo, no era denunciar al amo sino escapar de él en un Madrid sitiado por sus secuaces. Demasiado apegadas a la noche, sabían que era demasiado tarde para cambiar y convertirse, de día y formalitas, en cajeras de supermercado, pero se negaban a aceptar como única salida la prostitución. Entonces, ¿a quién acudir?, ¿quién les daría trabajo?

Tras el juicio, fallido y desalmado, la única que les echó una mano fue la policía novata, la misma que se hiciera cargo de su caso después de que los compañeros lo hubieran estado mareando pasándolo de mano en mano, una Clara todavía inocente que no las abandonó cuando el juicio se fue a la mierda y que tiró de ahorros y les prestó la pasta para dar la entrada de un bar. De su generosidad sacó en limpio una deuda saldada con intereses, dos buenas amigas y avispadas confidentes y todas las copas gratis que pudiera beber allí de por vida. Esta noche sólo buscaba compañía e información.

– Tú no serás vieja jamás. Pero decidme, ¿qué más sabéis de ese tío?

– Es fotógrafo de moda, o eso dice. Entre semana viene casi todos los días, más o menos a esta hora. No se mete en problemas -explica Negra-, es el típico rarito con manías de artista, cínico, descreído. En resumen: inofensivo.

– Eso lo dices porque no llegamos a aceptar esa sesión de fotos, vete a saber si vamos de qué nos pide que nos vistamos… Mira -se interrumpe Rosa-, hablando del rey de Sodoma, por la puerta asoma.

Clara se vuelve y, en efecto, puede distinguirlo, medio desorientado por la oscuridad del local, sus ojos bizqueando exactamente con el mismo gesto de miope que pone Ramón cuando suena el despertador.

Es mejor no moverse, dejarse estar, hacerse la interesante con el torso bien erguido y la sonrisa exultante, altiva, ligeramente descolocada, que parece dirigida a las amigas pero va directa hasta él como una estocada. Y pica. Me divisa, mi camisa abierta más de lo decente refulge en la oscuridad poblada de miradas como un faro en una tempestad y él, náufrago desubicado, se encamina hacia ella irremisiblemente y, dentro de sus botones y hechuras, se encuentra conmigo, esta noche en aparición estelar representando el papel de perdida a punto de perderse más todavía, digna heredera de una Olvido, cuya prestancia quisiera imitar aunque apenas lo consiga.

– Hooola -saluda Kodak, zumbón-, qué coincidencia. ¿Tú no tendrías que estar en el hospital?

– Mi padre está en coma, ¿acaso puedo hacer algo más por él que tomarme una copa por su salud con mis colegas? -respondo con soltura jaranera.

– Vaya chica dura -y mira a las panteras-. No sabía que os conocierais.

– Trabajamos juntas hace tiempo -afirmo, y le guiño descaradamente un ojo a Pantera Rosa, que suelta esa risita suya de Betty Boop y me hace un gesto para recriminarme mi desfachatez, Clara, vaya cara, reconoces que estás cazando a un pringado y ni te molestas en disimular. Pantera Negra, en cambio, suspira como si yo no tuviera remedio, a ver, me dirá luego, más tarde, cuando me llame preocupada para preguntarme si he tenido problemas con él, que nunca se sabe, siempre son más peligrosos de lo que parecen, te arriesgas demasiado yéndote así, sola, sin avisar a tus compañeros, imagínate que lleva una navaja, que hay amigos esperándole fuera, que te tiene controlada y sabe que eres madera y, para colmo, se te ocurre decirle con ese morro que te gastas que trabajamos juntas, que fuimos camaradas en la barra, pero ¿tú te has visto? Si eres una retaca, si no sabes ni dónde tienes la delantera, quién se lo va a tragar.

Pero éste, Kodak, se lo traga, y me calibra con una nueva admiración en los ojos que echan chispas y le hacen chiribitas que deben de seguir, dentro de su cabeza llena de rizos, el compás de las evoluciones y molinetes que se imagina que daría en la barra, y yo, idiota, me dejo embriagar por el reflejo de su admiración y esnifo ese sentimiento de seguridad en mí misma y me creo tan de rompe y rasga como aparento ser y me oigo riendo mientras él insinúa:

– Ya me parecía a mí. Esa elegancia sólo puede tenerla una bailarina. Lo hiciste fenomenal. Hasta yo me empalmé, y eso que estoy acostumbrado.

– No exageres, no fue para tanto. Seguro que tus chicas te enseñan hasta la campanilla.

– De eso se trata. No enseñaste nada, pero sugeriste. La anticipación es lo que excita. Ahora todo es demasiado explícito, las mujeres ya no saben seducir.

– Conseguirás que me sonroje -advierto-. ¿Vienes mucho por aquí?

– Casi todas las noches, en busca de alguien que me sepa seducir -reconoce con una sonrisa cómplice-. Parece que hoy es mi día de suerte. A ti, en cambio, no recuerdo haberte visto por estos pagos.

– Llamo mucho a las chicas -le explico-, pero casi nunca las veo. No me gusta salir hasta tarde, mi trabajo en la facultad me exige madrugar y, además, me puede el miedo.

– ¿Miedo?, ¿una mujer como tú, con esa seguridad?

– Sí. De volver a los malos hábitos si frecuento la noche, de dejarme caer una vez más por el sendero de la perdición… -enumero interpretando, con una convicción que para sí querría Meryl Streep, a la mujer descarriada empeñada en enderezar su camino ante un público que no desea en absoluto que lo haga.

– Te entiendo, es muy duro mantenerse limpio trabajando en según qué ambientes -me confiesa, y ridículamente se lleva la mano al corazón para darle más verosimilitud a la escena-. Menos mal que yo tengo mi arte.

– ¿A qué «arte» te refieres? Creí que vivías de Virtudes.

– Sí, claro, como una garrapata más del negocio del siglo, chupando de las sobras de la leche de sus ubres, sacándole fotos a putitas que no saben ni bajarse la cremallera, enseñándoles a perder la vergüenza, a menear las caderas… No, no es lo mío. Saco pasta de Virtudes a ratos y de reportajes de moda a tiempo completo. Modestia aparte, esa víbora no miente cuando asegura que trabaja con los mejores: los peluqueros, los maquilladores, todos jugamos en primera división -asegura mientras se sienta a mi lado, con los codos apoyados en la barra y la boca cerca, avariciosamente cerca de la mía-, y a nadie le viene mal un sobresueldo.

– Entonces, eso de tu arte…

– Es a lo que dedico el sobresueldo, a financiar mis vicios y, entre ellos, por encima de todos, la fotografía artística. Es mi pasión. Ahora precisamente estoy montando una nueva exposición.

– ¿De verdad? -río incrédula-. No sé cómo lo hago que siempre estoy rodeada de artistas.

– Será porque eres una obra de arte, nena -ronronea en mi oído como un lobezno con hambre de caperucitas.

– O una stripper demasiado vieja -y ahora suelto la frase clave, el anzuelo perfecto-. ¿Y de qué van tus fotos «artísticas»?

– ¿Te gustaría verlas? Puedo enseñártelas, vivo aquí al lado.

– Nooo, a otra con esa excusa, cariño. ¿Quieres quedarte conmigo con un truco tan rancio? ¿No ves que no hace falta? Sabes perfectamente a qué quiero dedicarme. No es necesario que me cameles si deseas estar conmigo.

– No, lo digo en serio. Estaría genial follar y todo eso, por supuesto, me pones a mil y, además, estoy hasta los huevos de niñitas con tetas de silicona y boquita de fresa haciéndose las inocentes con sus coletas y piruletas. Tú eres una mujer de verdad y te llevaría a la cama sin dudarlo, pero me caes bien, me recuerdas a una amiga que tuve y, tal vez sea por eso, no quiero aprovecharme de ti y echarte un polvo forzado con la excusa de que tengo mucha mano con Virtudes. Prefiero hablar, enseñarte mis fotos, mis proyectos…

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Y punto»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Y punto» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Y punto»

Обсуждение, отзывы о книге «Y punto» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.