Joanne Harris - Cinco cuartos de naranja

Здесь есть возможность читать онлайн «Joanne Harris - Cinco cuartos de naranja» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Cinco cuartos de naranja: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Cinco cuartos de naranja»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Cuando tras décadas de ausencia Framboise Simon regresa a su pequeño pueblo en la campiña francesa, los habitantes no la reconocen como la hija de la mal afamada Mirabelle Dartigan,la mujer que aún consideran responsable de la tragedia sucedida en los años de la ocupación nazi. A la búsqueda de un nuevo comienzo en su vida, Framboise descubre rápidamente que el presente y el pasado se encuentran inextricablemente unidos, mientras recorre las páginas del cuaderno de recetas de cocina heredado de su madre.
Con la ayuda de esas recetas, Framboise recrea los platos de su madre, que sirve en un coqueto restaurante. Y a medida que analiza el cuaderno -a la búsqueda de pistas que le permitan comprender la contradicción entre el amor de su madre por la cocina y su conducta opresiva-, descubre poco a poco un significado oculto detrás de las crípticas anotaciones de Mirabelle. Entre las páginas del cuaderno, Framboise encontrará la clave para comprender lo que realmente sucedió aquel fatídico verano en el que tenía tan solo nueve años.
Exquisito y lleno de matices, Cinco cuartos de naranja es un libro sobre madres e hijas del pasado y del presente, sobre la resistencia y la derrota y, sin lugar a dudas, una extraordinaria muestra del talento de la autora de Chocolat.

Cinco cuartos de naranja — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Cinco cuartos de naranja», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– A mí no. -A mis pies los remolinos parduscos del río eran hipnóticos-. Yo voy a comprobar todas mis trampas y luego creo que iré a probar suerte en el gran banco de arena. Cassis dice que a veces hay lucios por allí.

Paul me dirigió una mirada cínica.

– Nunca la cogerás -dijo lacónico.

– ¿Por qué no?

– No, no lo ha-harás, eso es todo.

Estuvimos pescando un rato el uno junto al otro mientras el sol nos caldeaba las espaldas y las hojas iban cayendo, amarillentas, encarnadas y negruzcas, una a una en el agua sedosa. Oímos las campanas de la iglesia repicando dulces y distantes a través de los campos, que anunciaban el final de la misa. Diez minutos más tarde daría comienzo la feria.

– ¿Van a ir los otros? -Paul se sacó una lombriz de su caliente escondite en la mejilla izquierda y lo clavó con destreza en el anzuelo.

– No me importa -dije indiferente.

Durante el silencio que siguió oí el estómago de Paul crujir con fuerza.

– ¿Tienes hambre?

– No.

Y entonces la oí. Clara como el recuerdo de la carretera de Angers, casi imperceptible al principio, haciéndose más fuerte como el zumbido de una avispa adormilada, más fuerte aún que el latido de la sangre en las sienes después de una carrera por los campos hasta perder el aliento. El sonido de una motocicleta.

Sentí una violenta sacudida de pánico. Paul no debía verlo. Si era Tomas yo tenía que estar sola, y mi corazón, brincando de dicha, me decía con una certidumbre clara y extática que se trataba de Tomas.

Tomas.

– Quizá podríamos ir a echar un vistazo -dije con fingida indiferencia.

Paul emitió un ruido evasivo.

– Habrá pan de jengibre -le dije astutamente-. Y patatas cocidas y maíz asado, y pasteles y salchichas en las brasas de la hoguera.

Oí gruñir sus tripas con más fuerza.

– Podríamos entrar y servirnos -sugerí.

Silencio.

– Cassis y Reine estarán allí.

Al menos eso esperaba. Contaba con su presencia para que eso me permitiera escabullirme con rapidez y volver con Tomas. El mero pensamiento de su proximidad -la alegría insoportable y cálida que me inundaba sólo de pensar que iba a verlo- era como tener ladrillos ardientes bajo mis pies.

– ¿Es-estará ella allí? -Tenía la voz apagada por el odio, lo que en otras circunstancias me habría sorprendido. Nunca imaginé que Paul fuera de los que guardan rencor-. Quiero de-decir tu ma-ma-ma… -hizo una mueca por el esfuerzo-, tu ma-ma…

Negué con la cabeza.

– No lo creo -le interrumpí con más brusquedad de la intencionada-. ¡Dios, Paul, me sacas de quicio cuando haces eso!

Paul hizo un gesto de indiferencia. Ahora se podía oír con claridad el ruido de la moto, a un par de kilómetros o tres por la carretera. Cerré los puños con tanta fuerza que las uñas me dejaron señales en las palmas.

– Quiero decir, quiero decir que no importa en realidad -le dije en un tono más amable-. Ella no lo entiende. Eso es todo.

– ¿Es-estará ella allí? -insistió Paul.

– No -le mentí-. Dijo que iba a limpiar el establo de las cabras esta mañana.

– Vale -dijo Paul dócilmente.

Capítulo 11

Tomas podía esperar en el puesto de vigilancia una hora más o menos. Hacía calor; seguramente escondería la moto en los arbustos y se pondría a fumar un cigarrillo. Si no había nadie a la vista quizá se arriesgara incluso a meterse en el río. Si para entonces seguía sin aparecer nadie garabatearía un mensaje para nosotros y lo dejaría (quizá junto a un paquete de revistas o dulces envueltos cuidadosamente en papel de periódico) en lo alto del puesto de vigilancia, en la horca que había debajo de la plataforma. Lo sabía; ya lo había hecho en otras ocasiones. Entre tanto yo podía ir al pueblo con Paul y luego regresar corriendo sin que nadie me prestara atención. No le diría a Cassis o a Reinette que él estaba ahí. Sentí un estallido de avara alegría sólo de pensarlo, imaginando su rostro iluminándose con una sonrisa de bienvenida, una sonrisa que sería para mí sola. Con aquel pensamiento casi arrastré a Paul hacia el pueblo, la mano caliente agarrando con fuerza la suya fría, el pelo sudoroso tapándome los ojos.

La plaza junto a la fuente ya estaba medio llena de gente. Las personas iban saliendo de la iglesia, niños con velas, jovencitas con coronas de hojas otoñales, un puñado de hombres jóvenes recién confesados: Guilherm Ramondin entre ellos, comiéndose a las chicas con los ojos antes de recoger una nueva cosecha de pensamientos pecaminosos. Más, si podía; la cosecha era el momento para ello, después de todo, había muy pocas cosas que esperar aparte de eso… Vi a Cassis y Reinette un poco separados del resto de la multitud. Reine llevaba un vestido de franela de color rojo y un collar de bayas y Cassis estaba comiendo pasteles de azúcar. No parecía que nadie les hablara y sentí un círculo de aislamiento a su alrededor. Reinette estaba riendo, un sonido alto y quebradizo como el grito de un ave marina.

Un poco más allá mi madre estaba de pie, observando, con un cesto con pastas y fruta en la mano. Parecía muy gris entre la multitud festiva; su vestido negro y el pañuelo en el pelo discordaban con las flores y las banderas. Sentí que Paul se ponía rígido a mi lado.

Un grupo de personas junto a la fuente empezaron a cantar una alegre canción. Raphaël estaba allí, creo, y Colette Gaudin y el tío de Paul, Philippe Hourias -con un pañuelo amarillento anudado al cuello de forma incongruente-, y Agnès Petit con su vestido de los domingos y sus zapatos de charol, y una corona de bayas en el pelo. Recuerdo su voz alzándose sobre las demás; no era una voz educada pero era dulce y clara, y sentí que un escalofrío me erizaba los pelos de la nuca, como si el fantasma en el que habría de convertirse hubiese hecho que me estremeciese. Aún recuerdo las palabras que cantó:

A la claire fontaine j'allais me promener

j'ai trouvé l'eau si belle que je m'y suis baignée

il y a longtemps que je t'aime

jamais je ne t'oublierai.

Tomas, en el caso de que fuese él, estaría ya en el puesto de vigilancia. Pero Paul, a mi lado, se mostraba poco dispuesto a mezclarse con la multitud. En vez de eso, miraba la figura de mi madre al otro lado de la fuente y se mordía el labio con nerviosismo.

– Creí que dijiste que no ven-vendría -dijo.

– No lo sabía.

Permanecimos unos instantes observando mientras la gente salía de la iglesia y se iba a tomar algo. Había jarras de sidra y de vino en el reborde de la fuente y muchas mujeres, al igual que mi madre, habían traído barras de pan, brioche y fruta para repartir en la puerta de la iglesia. Vi que mi madre guardaba las distancias y pocos se acercaban lo bastante para pedir la comida que ella había preparado con tanto esmero. Sin embargo, su rostro permanecía impasible, casi indiferente. Sólo las manos la delataban, sus manos blancas y nerviosas aferrándose con fuerza al asa del cesto. Se mordía tanto los labios que se veían blancos en contraste con su pálido rostro.

Me estaba inquietando. Paul no hacía ademán de despegarse de mi lado. Una mujer, Francine Crespin, creo, la hermana de Raphaël, sostuvo una cesta de manzanas delante de Paul y luego, al verme, se le endureció la sonrisa. Eran pocas las personas que no habían reparado en la pintada del corral.

El cura salió de la iglesia. El padre Froment, cuyos ojos débiles y apacibles brillaban ante la idea de tener a su gente reunida, con el crucifijo alzado sobre un palo de madera y elevado como un trofeo. Detrás de él, dos monaguillos sostenían a la Virgen con el estrado dorado, decorado con bayas y hojas otoñales. Los niños de la escuela dominical se unieron a la pequeña procesión con sus velas al aire y empezaron a entonar un himno de la cosecha. Las chicas se acicalaban y practicaban sus sonrisas. Vi que Reinette también se giró. En aquel momento llegó el trono de la Reina de la Cosecha sacado en alza por dos jóvenes desde el interior de la Iglesia. Al fin y al cabo, era paja y nada más, con el respaldo y los brazos hechos de gavilla y un cojín de hojas otoñales. Pero por un instante, con el sol iluminándolo, bien podría haber sido de oro.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Cinco cuartos de naranja»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Cinco cuartos de naranja» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Joanne Harris - Blackberry Wine
Joanne Harris
Joanne Harris - W Tańcu
Joanne Harris
Joanne Harris - Runas
Joanne Harris
Joanne Harris - Zapatos de caramelo
Joanne Harris
Joanne Harris - Chocolat
Joanne Harris
Joanne Harris - Jeżynowe Wino
Joanne Harris
Joanne Harris - Czekolada
Joanne Harris
Joanne Harris - Runemarks
Joanne Harris
Joanne Harris - Holy Fools
Joanne Harris
Joanne Harris - Sleep, Pale Sister
Joanne Harris
Joanne Sefton - Joanne Sefton Book 2
Joanne Sefton
Отзывы о книге «Cinco cuartos de naranja»

Обсуждение, отзывы о книге «Cinco cuartos de naranja» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.