Klas Östergren - Caballeros
Здесь есть возможность читать онлайн «Klas Östergren - Caballeros» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Caballeros
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:3 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 60
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Caballeros: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Caballeros»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
¿Quién supondría que una peligrosa trama de gángsters y contrabandistas estaría a la vuelta de la esquina?
Caballeros — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Caballeros», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
Pero también había quienes querían reclamar, exigir algo de Leo Morgan. Estaba por supuesto su madre Greta, que no había permanecido sentada en silencio contemplando los cambios experimentados por su hijo en los últimos años… o, como ella lo veía, el modo en que se echaba a perder. Se podía acusar a Henry de muchas cosas. Era un tarambana y un desertor, pero al menos era limpio y aseado. En cambio Leo, el antiguo hijo modelo, parecía cultivar muy deliberadamente una tremenda dejadez y desaliño, que consistía en descuidar tanto su dormitorio como su aspecto. Greta ya no entendía a su hijo.
De vez en cuando llegaban fotografías del continente que Henry el aventurero se hacía tomar delante de monumentos célebres. Siempre abordaba a esos fotógrafos que rondan por las calles de Copenhague, Berlín, Londres y otras grandes ciudades, haciendo fotos desenfocadas y mal encuadradas. Pero una madre se conforma con poco, y no cabía la menor duda de que se trataba de Henry, siempre elegante, posando ante el ayuntamiento de Copenhague, las avenidas de Kurfürstendamm, Picadilly Circus, el canal del Danubio o las Tullerías.
Greta colgaba una foto tras otra en un tablón que tenía en la cocina, mientras suspiraba y se preguntaba cuánto tiempo pensaría Henry estar fuera. Las autoridades parecían haberse olvidado de su caso hacía mucho, y estaba muy claro que no iría a prisión si volvía de su largo exilio. Pero nunca regresaba: siempre encontraba nuevos destinos. Sin embargo, ella no tenía por qué preocuparse. Aquellas fotografías daban testimonio de que se encontraba bien y las cosas no le iban nada mal.
No sucedía lo mismo con el otrora niño prodigio. Nunca hubiera imaginado que algún día aquel chico pudiera darle problemas, pero en el transcurso de unos años se había transformado en alguien totalmente irreconocible. Era imposible sacarle una sola palabra sensata. Lo intentó todo para sonsacarle afectuosamente algunas palabras que la ayudaran a comprenderlo, pero sin ningún resultado. Y tampoco quería agobiarlo demasiado, porque el destino del Barón del Jazz aún estaba fresco en su memoria. Una madre que reniega de su hijo tiene que pagar por su crimen. Eso es lo que le pasó a la anciana señora Morgonstjärna. Después de que el Barón del Jazz dejara este mundo sin haberse reconciliado con su madre, la dama fue consumiéndose lentamente por la aflicción. El médico de la familia, el doctor Helmers, la visitaba todas las semanas y le recetaba todos los tratamientos posibles, desde misteriosas dietas de remotos sanatorios hasta vino de oporto. Pero nada pudo salvar a la anciana dama. El mismo día en que los Beatles tocaban por primera vez en Suecia, ella exhalaba su último suspiro, apenas audible hasta para su propio esposo. Un mes después de su muerte y de su funeral, la mesa de billar volvió al lugar que ocupara anteriormente en el dormitorio de la anciana. El viejo dandi, libertino y secretario permanente del club pudo evitar pensar con cierta amargura en su vida de hombre casado y padre de familia como un paréntesis de casi cuarenta años entre dos partidas de billar. El club MMM envió sus condolencias y pronto volvieron a reanudar el juego como si nada hubiera pasado.
Greta no quería abandonar este mundo dejando una imagen tan amarga. Ella tenía que estar a buenas con Leo. Después de todo, podría haber ser peor.
Además de Greta, había otras personas que reclamaban su parte de Leo Morgan. Eva Eld parecía consumirse de amor por su poeta, su bohemio, su George Harrison, y cuanto ella imaginaba que representaba para ella. Sabía muy bien que salía con la pandilla de mods que iban con Nina Negg, pero no le importaba.
Vestida con falda, medias escocesas hasta la rodilla y una blusa recién planchada, tenía un asombroso parecido con la actriz de cine Rosemary Clooney, y era esa imagen prístina la que encandilaba a Leo. Ahora llevaba en su cartera una foto de la actriz porque le recordaba a Eva. Era una mujer ardiente y llena de pasión, y poseía todo aquello de lo que carecía Nina Negg.
Sin un murmullo de protesta, Eva permitía que todos los mods a los que Leo conocía acudieran a sus fiestas, donde alguno de ellos se las arreglaba para abrir el mueble bar de su padre y acceder a los licores más selectos. Los jóvenes más esnobs, de traje azul oscuro y corbata, estaban en cierto modo fascinados por esos mods pendencieros sin ningún respeto hacia nada. Sus novias también estaban muy interesadas: salían tantas cosas en la prensa sobre sus trifulcas y disturbios, y encontraban todo aquello muy excitante.
Después de una fiesta en casa de Eva Eld, Leo se había quedado dormido en su cama, y allí seguía cuando, sin previo aviso, llegaron los padres de la muchacha. Resultaba evidente que no podían encontrar a un mod en la cama de su hija, por lo que Eva consiguió empujar como pudo a su poeta debajo la cama, y más tarde se le uniría allí en el suelo. La joven le hizo el amor con tanta pasión que Leo llegó a cuestionarse una vez más lo que le dictaban sus propios sentidos.
A principios del otoño de 1967, una solemne procesión desfilaba por las calles de Estocolmo: un grupo de elementos subversivos portaba un ataúd hasta la plaza de Kungsträdgården, el Jardín Real. Allí alguien sacó un trapo con un emblema especial pintado, lo empapó en gasolina, lo prendió y dejó que sus cenizas se esparcieran sobre el ataúd mientras se entonaban unos sosegados himnos. Así fue como el movimiento provie, de apenas un año de existencia, celebró su propio entierro. Es muy probable que Leo Morgan participara en aquella procesión. Tal vez, en cierto sentido, aquel día también estuviera enterrando su propia juventud en la plaza de Kungsträdgården.
Justo el año antes de que se aboliera oficialmente el examen general de graduación, Leo consiguió graduarse aprobando todas las asignaturas con calificaciones bastante buenas, presumiblemente gracias a la predisposición favorable de los profesores, convertida ya en una vieja costumbre. Hacía tiempo que Leo había dejado de ser el genio de la clase, y es muy probable que en el último claustro docente surgieran ciertas discrepancias en torno al alumno Leo Morgan a la hora de ser evaluado por sus maestros y el director. En los últimos años se había comportado de forma perezosa, apática e indiferente. Los maestros pensaban que era como si al niño prodigio no le llegara suficiente oxígeno. Como venía siendo habitual, tampoco tenían ni idea de lo que le había ocurrido.
Como dos demonios, Verner y Nina Negg habían llegado al instituto y habían arrancado de sus garras a su poeta con pelusa en la cara, lo habían rescatado de la enseñanza conformista, que limaba el más pequeño elemento divergente hasta producir una mediocridad general. Verner había comenzado a ir por la universidad -era el matemático más perezoso de la facultad- y Nina trabajaba cuando le venía en gana. Durante el día comían cualquier cosa, y luego se encontraban en casa de ella para fumar marihuana y escuchar a Jimi Hendrix antes de pasar por el instituto para buscar a Leo, que insistió en seguir asistiendo a clases hasta graduarse. Verner se fumó uno tras otro sus sellos de correos. Bajaba hasta el Filatélico de la calle Horn -uno de los hombres involucrados también en el equipo de excavadores-, y vendía ejemplares de especial rareza, uno tras otro. Su madre no tenía ni idea, porque cambiaba sellos valiosos por otros sin ningún valor y que ella no podía distinguir. Verner sentía que su idea era de una genialidad hilarante: viejos pedacitos de papel podían colocarlo tanto como quisiera… solo era cuestión de vender el apropiado.
A veces Nina se preocupaba por Leo cuando estaban allí sentados, fumando sus pipas de la paz. Su mirada parecía congelarse, se volvía oscura y totalmente inescrutable. A diferencia del resto, él nunca se ponía alegre cuando fumaba. Al contrario, era como si nada a su alrededor le afectara ni le importara. Se volvía cada vez más introvertido y reservado, incluso casi inaccesible, y eso la preocupaba. Nina sospechaba que él la odiaba porque ella sabía que iba con aquella jodida y asquerosa burguesa llamada Eva Puta-Eld. Un día le había cogido la cartera a Leo y había encontrado aquellas fotografías que supuestamente representaban a su rival. Nina las rompió frente a él, las quemó y las pisoteó, solo para hacerlo reaccionar. Pero él no se inmutó. Ella podía fingir que estaba furiosa, pegarle puñetazos y arañarle la cara con sus uñas mordidas, pero él no reaccionaba. Podría haberle prendido fuego como a un monje del Lejano Oriente, y él no habría hecho nada para evitarlo. Leo siempre buscaba una explicación, siempre estaba dándole vueltas y exprimiendo cada idea y cada palabra hasta que no quedara nada de ellas. Todo se volvía vacuo, retórica sin contenido. Toda su vida era como una partida de ajedrez en la que las piezas habían desaparecido, una tras otra, hasta que lo único que quedaba era Leo: siempre ganaba, por más marihuana que hubiera fumado.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Caballeros»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Caballeros» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Caballeros» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.