Esto era lo más agradable que Violet había oído desde que había aparecido Virginia.
– ¡Qué bien! -dijo.
– Cenamos juntos y, luego, parecía tonto que se quedara en Relkirk teniendo que venir a Croy al día siguiente, por lo que lo traje a Balnaid y pasó la noche allí. Esta mañana, lo he acompañado a Croy y lo he dejado con Archie. Luego, fui a Corriehill a llevar unos floreros a Verena. Cuando volví a casa, me encontré a Lottie sentada en la cocina.
– ¿En la cocina de Balnaid?
– Sí, estaba esperándome. Me dijo… que anoche estaba en Balnaid, en el jardín, a oscuras, con la lluvia, cuando Conrad y yo llegamos. Nos observó por las ventanas. Las cortinas estaban abiertas. Nos vio subir la escalera. -Virginia vio los ojos horrorizados de Violet, abrió la boca, volvió a cerrarla y, por fin, dijo-: Me llamó puta. Y a Conrad, gigoló. Y habló de concupiscencia y fornicación.
– Es su obsesión.
– Tiene que marcharse o se lo dirá a Edmund. -De pronto, Virginia se derrumbó ante los ojos de Violet. Su cara se contrajo como la de una niña y de sus grandes ojos escaparon unas lágrimas, que resbalaron por su cara-. No lo resisto, Vi. No resisto que todo sea tan horrible. Es como una bruja, y me odia de un modo… No sé por que me odia…
Se palpaba los bolsillos buscando un pañuelo sin encontrarlo, y Violet le dio el suyo, de batista, con puntillas e insuficiente para aquel torrente de dolor.
– Tiene celos de ti. Tiene celos de cualquier felicidad normal… Y, si se lo dice a Edmund, él sabrá, como sabemos todos, que no es más que una invención.
– Eso es lo malo -sollozó Virginia-. Que es verdad. Lo terrible es que es verdad.
– ¿Verdad?
– Me acosté con Conrad. Me acosté con él porque quería y deseaba estar con él.
– Pero, ¿por qué?
– ¡Oh! Vi. Supongo que porque nos necesitábamos.
Fue una confesión desesperada y, mirando a su nuera sollozar, Violet se sintió inundada de compasión. Que Virginia se viera en semejante necesidad era clara indicación del estado al que se había permitido llegar a su matrimonio. Y, si se miraba bien, era perfectamente comprensible. El hombre, Conrad Tucker o como se llamara, acababa de perder a su esposa. Virginia estaba dolida con Edmund y acababa de separarse de su hijo. Eran viejos amigos. La gente busca consuelo en los viejos amigos. Ella era una mujer muy atractiva y, probablemente, el americano, un hombre de buena presencia. A pesar de todo, Violet deseó más que nada en el mundo que aquello no hubiera sucedido. Y, más aún, deseó que no se lo hubieran dicho.
Sólo una cosa esencial destacaba con meridiana claridad.
– No se te ocurra contárselo a Edmund -dijo.
Virginia se sonó con el empapado pañuelito.
– ¿Eso es todo lo que tienes que decirme?
– Es lo único importante.
– ¿Ningún reproche, ninguna recriminación?
– Lo sucedido no es asunto mío.
– Estuvo mal.
– Pero, dadas las circunstancias, es comprensible.
– ¡Oh! Vi. -Virginia se dejó caer de rodillas, abrazó a Violet y hundió la cara en el amplio pecho de su suegra-. Lo siento.
Violet le acarició el pelo. Dijo, con tristeza:
– Todos somos humanos.
Permanecieron así unos momentos, consolándose en el abrazo. Poco a poco, los sollozos de Virginia se calmaron. Después se apartó de Violet, se sentó sobre los talones y se sonó con aire decidido.
– Hay otra cosa, Vi -dijo-. Cuando Edmund vuelva, después de la fiesta, pienso marcharme a Long Island para pasar una temporada con los abuelos. Necesito alejarme de todo esto. Hace meses que quiero ir y, entre unas cosas y otras, he ido retrasándolo, y ahora que no tengo a Henry parece un buen momento.
– ¿Y Edmund?
– Pensé que podría estar contigo
– ¿Cuándo piensas marcharte?
– La semana próxima.
– ¿Te parece prudente?
– ¿Te lo parece a ti?
– Recuerda que no se puede escapar de la realidad como no se puede escapar de la culpa.
– ¿Y la realidad son Edmund y Pandora?
– Yo no he dicho eso.
– Pero lo piensas, ¿verdad? Acabas de decir que ella siempre estuvo enamorada de él. Y no es menos hermosa ahora que a los dieciocho años. Y a ellos les une algo que yo no puedo compartir con Edmund, mil recuerdos de juventud. Y esos recuerdos son siempre los más duraderos y los más importantes.
– Tú eres importante y no creo que debas dejar a Edmund ahora.
– Nunca me preocuparon estas cosas. Cuando ha tenido que marcharse, no he sabido lo que eran los celos ni me ha inquietado lo que pudiera hacer. Le decía que no me importaba lo que hiciera si no lo veía. Era una broma, pero ahora ya no lo es. Si va a ocurrir algo, no quiero ser testigo.
– Tú subestimas a tus amigos, Virginia. ¿Imaginas que Archie se quedaría con los brazos cruzados?
– Si Edmund quiere algo, Archie no podrá hacer nada por impedir que lo consiga.
– Pandora no se quedará en Croy para siempre.
– Pero está ahora. Y ahora es lo que me preocupa.
– ¿Te desagrada?
– Me parece encantadora.
– Pero no te fías.
– En estos momentos no me fío de nadie y menos de mí misma. Quiero alejarme, ver las cosas en perspectiva. Por eso me marcho a los Estados Unidos.
– Sigo pensando que no debes irte.
– Yo creo que sí.
No parecía haber mas que decir. Violet suspiró.
– Bien, pues no hablemos más de ello. Lo que hay que hacer es tomar medidas, porque está muy claro que Lottie tiene que marcharse. Ha de volver al hospital. Es peligrosa y temo por Edie. Mientras hablo por teléfono, ve a lavarte la cara y a peinarte. Luego, saca mi botella de brandy, que está en el aparador, y un par de copas. Las dos tomaremos un trago medicinal y luego nos sentiremos mucho más entonadas.
Virginia hizo lo que se le ordenaba. Mientras estaba fuera de la sala, Violet se levantó de la butaca y se acercó al escritorio. Buscó el numero del “Relkirk Royal”, marcó y preguntó por el doctor Martin. Esperó mientras la telefonista lo localizaba y cuando el médico contestó, dijo:
– ¿El doctor Martin?
Violet explicó quien era y que relación tenía con Lottie Carstairs.
– ¿Sabe de quién le hablo, doctor Martín?
– Desde luego.
– Siento decirle que considero que esta mujer no se encuentra en condiciones de estar fuera del hospital. Actúa de un modo totalmente irracional y está causando graves disgustos a una serie de personas. En cuanto a Miss Findhorn, en cuya casa se aloja, me parece que no está en condiciones de atenderla debidamente. Ya no es joven y Lottie supone una responsabilidad demasiado grande.
– Sí. -El médico parecía pensativo-. Comprendo.
– No parece sorprenderle.
– No; no me sorprende. La puse al cuidado de Miss Findhorn porque pensé que, si hacía vida normal en un entorno normal, podría recuperar cierto sentido de la normalidad. Pero siempre existió un riesgo.
– Parece que el riesgo se ha materializado.
– Sí, me doy cuenta.
– ¿Volverá a tomarla a su cuidado?
– Sí, por supuesto. Hablare con la enfermera jefe. ¿Podrán traerla ustedes al hospital? Será mejor que enviar una ambulancia. Y que venga Miss Findhorn. Es importante que esté presente, ya que es el pariente más próximo de la paciente.
– Desde luego. Iremos esta misma tarde.
– Si surge algún inconveniente, avíseme.
– Descuide -le prometió Violet. Y colgó.
Saber que se había resuelto el problema de la prima de Edie y que Lottie volvería al “Relkirk Royal” aquella misma tarde contribuyó más a devolver la serenidad a Virginia que el trago del mejor brandy de Violet.
– ¿Cuándo la llevaréis?
– Ahora mismo -respondió Violet. Ya se había cambiado los zapatos y se abrochaba la chaqueta.
Читать дальше