Rosamunde Pilcher - Septiembre

Здесь есть возможность читать онлайн «Rosamunde Pilcher - Septiembre» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Septiembre: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Septiembre»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Con motivo de una fiesta de cumpleaños, una serie de personajes procedentes de Londres, Nueva York, Escocia y España coinciden el el pequeño pueblo de Strachroy. Estamos en septiembre, mes durante el cual en Escocia se prodigan celebraciones, cacerías y bailes. Sin embargo, al compás de este ambiente festivo, el destino arrastrará a los protagonistas a situaciones tan dramáticas como sorprendentes, y les obligará a tomar decisiones y afrontar situaciones que marcarán profundamente sus vidas…

Septiembre — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Septiembre», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Esta mesa está reservada y había letrero.

– ¿Dónde estará? -Pandora dobló el cuello para mirar debajo de la mesa-. En el suelo no está.

– Lo siento mucho, pero tendrán que levantarse y esperar.

– Lo siento mucho, pero no nos levantamos. ¿Toma nota usted misma o prefiere enviarnos a una camarera?

A la mujer se le había puesto el cuello tan colorado como el moco del pavo. Tenía las facciones crispadas. Isobel sintió lástima.

– Usted sabe perfectamente que en esa mesa había un letrero. El director lo puso esta mañana personalmente.

Pandora alzó las cejas.

– ¡Oh! Hay un director. En tal caso, tenga la bondad de decirle que Lady Balmerino está aquí y desea pedir el almuerzo.

A Isobel le ardía la cara. La adversaria de Pandora parecía a punto de echarse a llorar. Aquello era una humillación.

– El director ha salido -reconoció.

– Entonces, usted está al frente y ha hecho cuanto podía. Ahora tenga la bondad de enviarnos a una camarera para que podamos pedir.

La pobre mujer, aplastada por tan implacable autoridad, vaciló un momento pero al fin cedió, deshinchándose como un globo pinchado. En silencio, se envolvió en su dignidad hecha trizas y dio media vuelta, con los labios apretados. Pero Pandora no tenía entrañas.

– Una cosa más. ¿Tendría la bondad de decir al barman que deseamos una botella de su mejor champaña? -Su sonrisa refulgía-. Helado.

No hubo más objeciones ni protestas. El incidente había terminado. Isobel dejó de sonrojarse.

– Pandora, no tienes vergüenza -dijo.

– Ya lo sé, cariño.

– Pobre mujer. Está hecha polvo.

– Vaca estúpida.

– Y eso de Lady Balmerino…

– Es lo que nos salvó. Esta gente tiene un esnobismo increíble.

De nada servían los reproches. Ella era Pandora, generosa, cariñosa, alegre… e implacable hasta que se salía con la suya. Isobel sacudió la cabeza.

– Me desesperas.

– ¡Oh! Cariño, no te enfades. Con la estupenda mañana que hemos pasado… Te prometo portarme bien durante el resto del día y llevarte la cesta de la compra. Mira, ahí están Lucilla y Jeff, cargados con bolsas cutres. ¿Qué habrán comprado? -Agitó una mano de uñas rojas-. ¡Estamos aquí! -Ellos las vieron y se acercaron-. Hemos pedido champaña, Jeff, conque te agradeceré que no te pongas pesado con lo de que prefieres una lata de cerveza.

Mientras bebían el champaña, en voz baja y entre risas ahogadas, contaron a Lucilla y Jeff el lance de la ilícita ocupación de la mesa.

Lucilla estaba regocijada y, al mismo tiempo, casi tan escandalizada como su madre, como observó Isobel con satisfacción.

– Pandora, eso es terrible. ¿Y qué hará la pobre gente que reservó la mesa?

– Es problema de la vieja. Pero no te preocupes, ya los meterá en algún sitio.

– Eso es poco ético.

– Y tú eres una ingrata. De no ser por mi ágil espíritu emprendedor, ahora estaríamos todos haciendo cola con los pies doloridos después de una mañana de tiendas. De todos modos, estuvo muy grosera conmigo. Y no me gusta que me nieguen lo que quiero.

Archie, solo y con órdenes expresas de su esposa de no abandonar los alrededores de la casa, decidió ocupar la espera del invitado en limpiar de hojas secas el césped que se extendía más allá de la avenida de grava. Después, quizá tuviera tiempo de cortarlo y así estaría decente el viernes por la noche. Sin más compañía que la de sus perros Labrador, sacó el tractor de jardinería del garaje y se puso a trabajar. Los perros, que habían imaginado que su amo iba a llevarlos de paseo, se sentaron con cara de aburrimiento; pero no tardarían en tener diversión, porque Archie no había dado ni dos pasadas cuando un “Land Rover” subió por la avenida y paró a poca distancia de donde él trabajaba.

Era Gordon Gillock, el guarda de Croy, con sus dos spaniels encerrados en la parte trasera del vehículo. Instantáneamente se desató una algarabía de ladridos dentro y fuera del “Land Rover”, pero los cuatro perros fueron silenciados rápidamente por una rutinaria retahíla de improperios de Gordon.

Archie detuvo la maquina y paró el motor, pero se quedó donde estaba, ya que era un lugar tan bueno como cualquier otro para mantener una conversación.

– Hola, Gordon.

– Buenos días, Milord.

Gordon era un escocés huesudo y curtido de cincuenta y tantos años que, con su pelo negro y sus ojos oscuros, parecía mucho más joven. Había empezado a trabajar en Croy en tiempos del padre de Archie, en calidad de ayudante del guarda, y había permanecido al servicio de la familia desde entonces. Llevaba su ropa de trabajo, es decir una camisa con el cuello desabrochado y una gorra de tweed adornada con moscas de pescar, que había soportado muchos años de borrascas. Pero los días de cacería llevaba corbata, traje de pantalón bombacho y sombrero de copa baja y ala estrecha del mismo tweed que el traje, con lo que iba mucho mejor vestido que la mayoría de los señores que salían al páramo.

– ¿De dónde vienes?

– De Kirkthornton, señor. He llevado treinta parejas de pájaros a vender.

– ¿Has sacado un buen precio?

– No está mal.

– ¿Qué hay de mañana?

– Por eso he venido, señor. Tenía que hablarle. Mr. Aird no será de la partida. Está en América.

– Lo sé. Me llamó antes de irse. ¿Iremos a Creagan Dubh?

– Sí, señor, el valle principal. Creo que a la ida deberíamos llevar los coches por el Clash y regresar por Rabbie’s Naup.

– ¿Y por la tarde? ¿Probamos en Mid Hill?

– Lo que usted disponga, señor. Pero los pájaros ya están muy soliviantados. Vendrán muy rápidos hacia los puestos y la gente tendrá que procurar no perder tino.

– ¿Saben que son responsables de que todos los pájaros abatidos sean recogidos? No hay que dejar piezas tocadas ni moribundas.

– ¡Oh! Sí, ya lo saben. Este año hay perros muy buenos.

– ¿Qué tal os fue el lunes?

– Había viento suave y mucha agua. Luego, un águila y un milano empezaron a trabajar por arriba y los gallos se asustaron. O no se levantaban o volaban en todas las direcciones. Pero se hicieron buenos disparos. Treinta y dos parejas.

– ¿Visteis venados?

– Sí, señor, una buena manada. Los vimos asomar la cabeza por Sneck of Balquhidder, recortándose en el cielo.

– ¿Y los daños del puente del Taitnie?

– Reparados, señor. Casi se había derrumbado con toda el agua que hemos tenido.

– Bien. No es cosa de que se dé un remojón alguno de los señores de Londres. ¿Cuántos batidores habrá mañana?

– Dieciséis, señor.

– ¿Y flanqueadores? La ultima vez que salimos en coche, se escaparon muchos pájaros por no estar bien cubiertos los flancos.

– Ya, porque llevábamos a un par de inútiles. Pero mañana tendremos al hijo del maestro y a Willy Snoddy. -El guarda y Archie cambiaron una mirada y sonrieron-. Es un granuja de mucho cuidado, pero también un flanqueador como hay pocos. Gordon apoyó el peso del cuerpo en la otra pierna, se quitó la gorra, se rascó la nuca y volvió a ponérsela-. Ayer por la mañana estuve en el lago y lo pillé con su viejo perro de aguas pescando las truchas de Milord. Va todas las tardes, a aprovechar la subida de los peces a la puesta del sol.

– ¿Tú lo has visto?

– Más de una vez, aunque toma por el camino de atrás.

– Ya sé que es un furtivo y también lo sabe el policía local. Pero lo ha sido toda la vida y no va a cambiar ahora. Yo no digo nada. Además -sonrió Archie-, si lo encierran, nos faltará un flanqueador.

– Muy cierto, señor.

– ¿Tienes el dinero para los batidores?

– Esta mañana he ido al Banco, señor.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Septiembre»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Septiembre» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Septiembre»

Обсуждение, отзывы о книге «Septiembre» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.