Entonces Mackenzie percibió otra herida—una herida estrecha que le trajo a la memoria las imágenes de su pesadilla.
Había un corte en el costado derecho de Woodall. Era superficial pero claramente visible. Había algo preciso al respecto, casi inmaculado. Se inclinó más de cerca y apuntó. “¿A qué se te parece esto?” les preguntó a los chicos de CSI.
“Yo también lo noté,” dijo el hombre que había reconocido al Pastor Woodall. “Parece algún tipo de incisión. Quizá realizada por algún tipo de cuchilla de artesano—un cuchillo X-Acto o algo parecido.”
“Pero las demás incisiones y heridas de arma blanca,” dijo Mackenzie, “las han hecho con una cuchilla ordinaria, ¿no es cierto? Los ángulos y los bordes…”
“Sí, ¿eres una persona religiosa?” le preguntó el hombre.
“Parece que esa sea la pregunta de las últimas veinticuatro horas,” dijo ella. “A pesar de la respuesta, entiendo la importancia de un corte en el costado. Es el lugar donde atravesaron a Jesucristo con una lanza cuando estaba colgado de la cruz.”
“Sí,” dijo Yardley por detrás de ella. “Pero no había sangre, ¿no es cierto?”
“Correcto,” dijo Mackenzie. “Según las escrituras, salió agua de la herida.”
Entonces, ¿por qué decidió el asesino resaltar esa herida? se preguntó. ¿Y por qué no estaba en las otras víctimas?
Se echo hacia atrás y observó la escena mientras Yardley charlaba con unos cuantos miembros del CSI y del equipo forense. Este caso ya le estaba inquietando bastante, pero esta herida fortuita en el costado de Woodall hizo que se preocupara de que hubiera algo más oculto en todo el asunto. Había simbolismo, pero también había un simbolismo estructurado.
Obviamente, el asesino ha pensado las cosas con cuidado, pensó. Tiene un plan y lo está realizando metódicamente. Lo que es más, la adición de este corte preciso en el costado demuestra que no está matando por matar—sino que está transmitiendo un mensaje.
“¿Pero qué mensaje?” se preguntó a sí misma en silencio.
En las horas oscuras de la noche, permaneció de pie en la entrada a la Iglesia Comunitaria de Living World y trató de encontrar ese mensaje en el lienzo del cadáver del pastor.
En el tiempo que Mackenzie había empleado en salir de Living World y conducir hasta el edificio J. Edgar Hoover, los periódicos se habían acabado por enterar del asesinato más reciente. Mientras que el asesinato del padre Costas había llegado a los titulares de los periódicos, la muerte de Ned Tuttle todavía no lo había conseguido. Ahora que se trataba del sacerdote principal de una iglesia con la reputación de Living World, el caso iba a conseguir salir en primera página. Eran las 4:10 cuando Mackenzie llegó a las oficinas del FBI, donde se dirigía para ver a McGrath. Suponía que los detalles del pastor Woodall y el caso en su integridad serían el principal punto de interés de los programas de noticias locales de la mañana—y de todo el país para mediodía.
Mackenzie podía sentir la presión creciente de todo ello mientras entraba al despacho de McGrath. Estaba sentado a su pequeña mesa de conferencias, hablando con alguien por teléfono. El agente Harrison se encontraba allí con él, leyendo algo en su portátil. Yardley también estaba allí, donde acababa de llegar unos meros minutos antes que Mackenzie. Estaba sentada, escuchando cómo McGrath hablaba por teléfono, y parecía aguardar a sus instrucciones.
Al ver a los dos revoloteando alrededor de McGrath, sintió deseos de que Ellington estuviera aquí. Le recordó que todavía seguía sin saber adónde le había enviado McGrath. Se preguntó si tendría algo que ver con este caso—pero, si era así, ¿por qué no le habían informado de su ubicación?
Cuando McGrath acabó de hablar por teléfono, miró a los tres agentes reunidos y soltó un suspiro. “Ese era el ayudante del director Kirsch,” dijo. “Está reuniendo a tres agentes más para liderar este caso por su lado. En el momento que los periódicos se enteraron de esto, nos hicieron la pascua. Esto se va a convertir en algo grande y lo va a hacer muy rápidamente.”
“¿Alguna razón en particular?” preguntó Harrison.
“Living World es una iglesia enormemente popular. El presidente atiende sus servicios. Hay unos cuantos políticos más que también son regulares. Hay como medio millón de personas que escuchan su podcast cada semana. No es que Woodall fuera una celebridad ni nada por el estilo, pero era muy conocido. Y si es una iglesia a la que acude el presidente…”
“Entendido,” dijo Harrison.
McGrath miró a Mackenzie y a Yardley. “¿Algo que sobresalga en la escena?”
“Bueno, quizás,” dijo Mackenzie. Entonces entró en detalles acerca de la incisión peculiar y precisa en el costado derecho de Woodall. Lo que no hizo, sin embargo, fue adentrarse en qué tipo de gesto simbólico estaba tratando de descifrar a partir de su significado. Por el momento, no tenía ninguna pista sólida y no quería perder su tiempo en especulaciones.
Sin embargo, McGrath había entrado en pánico. Extendió las manos sobre la mesa y asintió hacia las sillas que había alrededor de la mesa. “Tomad asiento. Repasemos lo que tenemos. Quiero poder darle a Kirsch la misma información que tengamos nosotros. Contando con vosotros tres, ahora tenemos seis agentes dedicados a este caso. Si trabajamos en conjunto, armados con los mismos detalles, puede que seamos capaces de atrapar a este tipo antes de que ataque de nuevo.”
“Bueno,” dijo Yardley, “no se está centrando en una sola denominación religiosa. Eso lo sabemos con certeza. Si acaso, parece que esté tratando de evitar eso. Hasta el momento tenemos una iglesia católica, una iglesia presbiteriana, y una iglesia comunitaria sin denominación explícita.”
“Y algo más que tomar en cuenta,” dijo Mackenzie, “es que no podemos saber de seguro si está utilizando la posición de la crucifixión como su forma favorita de castigo y de simbolismo, o si lo está haciendo a modo de parodia.”
“¿Y cuál es la diferencia, en realidad?” preguntó Harrison.
“Hasta que sepamos la razón que tiene para ello, no podemos deducir su motivación,” dijo Mackenzie. “Si lo está haciendo como parodia, entonces seguramente no se trata de un creyente—quizá sea algún tipo de ateo airado o un antiguo creyente. No obstante, si lo está haciendo como su medio favorito de simbolismo, entonces podría tratarse de un creyente muy devoto, aunque con algunas maneras bastante peculiares de profesar su fe.”
“Y ese corte estrecho en el costado de Woodall,” dijo McGrath. “¿No estaba en ninguno de los otros cadáveres?”
“No,” dijo Mackenzie. “Era nuevo, lo que me hace sospechar que tiene algún tipo de significado. Como que puede que el asesino haya estado tratando de comunicarnos algo. O simplemente perdiendo aún más el juicio.”
McGrath se alejó de la mesa con un empujón y miró al techo, como si estuviera tratando de encontrar respuestas allí. “No me niego a ver todo esto,” dijo. “Ya sé que no contamos con ninguna pista y que no tenemos ningún camino concreto que seguir. No obstante, si no tengo algo que se parezca a una pista para cuando toda esta mierda salga en todos los noticieros nacionales en unas cuantas horas, las cosas se van a poner feas por aquí. Kirsch dice que ya ha recibido una llamada de una congresista que atiende Living World preguntando por qué no hemos sido capaces de solucionar esto en cuanto mataron a Costas. Así que necesito que vosotros tres me consigáis algo. Si no tengo nada sólido con lo que seguir adelante para esta tarde, tendré que expandir el caso… más recursos, más personal, y la verdad es que no quiero hacer eso.”
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