Edgar Allan Poe - Cuentos completos

Здесь есть возможность читать онлайн «Edgar Allan Poe - Cuentos completos» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Cuentos completos: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Cuentos completos»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

El autor norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849) ocupa un lugar relevante en el panteón de los escritores más admirados, imitados y estudiados de la literatura universal. Considerado por muchos como un precursor del cuento corto y de terror como género literario, Edgar Allan Poe escribió también poesía, ensayos y crítica literaria. Fascinado con lo macabro y con un especial talento para ello, Poe también exploró diversos temas y tonos en su obra, con relatos detectivescos, humorísticos, históricos y hasta crónicas periodísticas. Su obra ha inspirado innumerables homenajes e influenciado el estilo de autores como H. P. Lovecraft y Arthur Conan Doyle.Con una vida marcada por la tragedia Poe logró dejar una huella indeleble en la historia literaria de su país y del mundo, como un maestro de la naturaleza humana y de todos sus matices. El presente volumen contiene más de sesenta cuentos, reuniendo todos los relatos publicados durante su vida.

Cuentos completos — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Cuentos completos», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

A las ocho y cuarto, como ya no me era posible respirar aquel aire sin los más insoportables dolores, comencé a ajustar la conveniente instalación del condensador a la cesta. El mencionado aparato necesita de ciertas explicaciones, y sus excelencias deberán tener en cuenta que mi objetivo en primer lugar, era aislarme y aislar totalmente la cesta de aquella atmósfera sumamente enrarecida en la cual me hallaba, con la finalidad de introducir dentro de mi compartimento y por medio de mi condensador cierta cantidad de dicha atmósfera lo bastante condensada para poder respirarla. Con este objetivo en mente, yo había dispuesto una envoltura o saco muy fuerte, absolutamente impermeable y flexible. La cesta completa quedaba contenida dentro de este saco. Así que después de colocarlo por debajo de la base de la cesta de mimbre y hacerlo subir por los laterales, lo prolongué a lo largo de las cuerdas hasta la orilla superior del aro al cual estaba atada la red del globo. Una vez colocado el saco y cerrando por completo todos los lados y el fondo, tuve que asegurar su boca o abertura pasando la tela por encima del aro de la red o, dicho de otra forma, entre la red y el aro. Pero, si la red era separada del aro para permitir este paso de la tela, ¿cómo sostendría mientras tanto la cesta? Pues bien, la red no estaba unida de forma permanente al aro, sino que estaba sostenida mediante una serie de cordones o lazos. Por lo tanto, solo tenía que desatar unos pocos lazos a la vez, dejando la cesta atada por los restantes. Una vez insertada la porción de tela que constituía la parte superior del saco, volví a amarrar los lazos, pero no al aro —ya que eso no hubiese sido posible puesto que ahora intervenía la tela— sino a una sucesión de inmensos botones colocados en la misma tela, un metro por debajo de la boca del saco y los espacios entre los botones eran iguales a los intervalos entre los lazos. Lista la primera parte, solté otra cantidad de lazos del aro, introduje otra porción de la tela y los lazos que había soltado fueron atados nuevamente con sus correspondientes botones. De esta forma logré insertar entre la red y el aro toda la parte superior del saco. Como es de esperar, el aro cayó dentro de la cesta, mientras que el peso de esta última era sostenido solamente por la resistencia de los botones.

Al primer momento esta solución puede parecer poco adecuada, pero no fue así, ya que los botones eran muy fuertes y como se encontraban tan cerca uno del otro, cada uno de ellos solo tenía que soportar muy poco peso. Aunque la cesta y lo que contenía hubiese sido tres veces más pesado, me habría sentido muy seguro.

Así que luego levanté el aro nuevamente por dentro de la envoltura elástica y lo coloqué casi a su altura anterior mediante tres soportes muy ligeros dispuestos a tal efecto. Como se comprenderá, hice eso para lograr mantener extendido el saco en su remate, de manera tal que la parte inferior de la red mantuviera su posición normal. Ahora, solo me faltaba cerrar la boca del saco y lo hice muy rápido, uniendo los pliegues de la tela y retorciéndolos fuertemente, por medio de un tipo de torniquete fijo desde adentro.

En los laterales de este envoltorio ajustado a la cesta había tres vidrios gruesos pero muy transparentes, por los cuales podía observar en todas las direcciones, horizontalmente, sin ninguna dificultad. En esa parte del saco que correspondía al fondo había una cuarta ventanilla del mismo tipo, que coincidía con una pequeña abertura en el fondo de la cesta. Esto me dejaba ver hacia abajo, pero, no había podido colocar un dispositivo parecido en la parte superior, debido a la forma en que se cerraba el saco y los pliegues que formaba, por lo que no podía esperar ver nada que estuviera situado en el cenit. Igualmente, eso no tenía importancia, pues en el caso de haber instalado una mirilla en la parte alta, el mismo globo me hubiera impedido ver a través de ella.

A treinta centímetros por debajo de una de las ventanillas laterales había un orificio circular, de diez centímetros de diámetro, en el cual había colocado una rosca de bronce. A ella se atornillaba el extenso tubo del condensador, cuyo volumen principal se encontraba, dentro de la cámara de caucho. Mediante el vacío practicado por la máquina, el tubo absorbía una determinada cantidad de la atmósfera circundante y luego, en estado de condensación, la introducía en la cámara de caucho donde se unía con el aire enrarecido en ella existente. Una vez que esta operación se hubo repetido varias veces, la cámara quedó llena de aire respirable. Pero, como no tardaba en viciarse debido al continuo contacto con los pulmones y a lo reducido del espacio, era expulsado con ayuda de una pequeña válvula ubicada en el fondo de la cesta. El aire más denso era proyectado inmediatamente a la enrarecida atmósfera exterior. Y para evitar el contratiempo de que se produjera un vacío absoluto dentro de la cámara, esta purificación del aire no se ejecutaba de una vez sino de manera progresiva, para lograrlo la válvula se abría y volvía a cerrarse durante pocos segundos hasta que uno o dos empujones de la bomba del condensador sustituían el volumen de la atmósfera expulsada. Por vía de experimento coloqué a la gata y a sus gatitos en una pequeña cesta que colgué fuera de la cesta mediante un soporte en el fondo de esta, vecina a la válvula de escape y que me servía para darles alimento cada vez que fuera necesario. Esta instalación, que dejé lista antes de cerrar la boca de la cámara, me dio cierto trabajo pues debí utilizar uno de los colgaderos que he mencionado, al que le amarré un gancho. Tan pronto como el aire más denso colmó la cámara, el aro y las pértigas ya no fueron necesarios, pues la expansión de aquella atmósfera encerrada expandía con fuerza las paredes de caucho.

Cuando terminé todos estos arreglos y hube llenado la cámara como acabo de señalar, ya eran las nueve menos diez. Todo el tiempo que estuve ocupado resistí una espantosa dificultad respiratoria y sentí un terrible arrepentimiento por mi negligencia o, mejor, por mi osadía de dejar para última hora un asunto de tan vital importancia. Pero, apenas terminé, empecé a disfrutar de las bondades de mi invención. Volví a respirar fácil y libremente. Igualmente, me agradó descubrir que los espantosos dolores que me habían abrumado hasta ese momento desaparecían casi por completo. Lo único que me quedaba era una ligera neuralgia, acompañada de una sensación de saturación o hinchazón en las muñecas, tobillos y garganta. Parecía evidente, que la mayoría de las molestias causadas por la falta de presión atmosférica habían desaparecido tal como lo esperaba, y que algunos de los dolores sufridos en las últimas horas podían imputarse a las consecuencias de una respiración insuficiente.

A las nueve menos veinte, es decir, un instante previo al cierre de la abertura de la cámara, el mercurio del barómetro alcanzó su límite y dejó de funcionar, y ya he señalado que era particularmente largo. En ese momento señalaba una altitud de 132.000 pies, o sea, 40 kilómetros, cabe señalar que me era posible contemplar una superficie terrestre no menor a la trescientas veinteava parte de su área total. A las nueve, ya no lograba observar las tierras al este, no sin antes notar que el globo se dirigía rápidamente hacia el nornoroeste. Debajo de mí, el océano mantenía su aparente concavidad, aunque mi vista se veía entorpecida frecuentemente por las masas de nubes que se desplazaban de un lado a otro.

A las nueve y media hice la prueba de lanzar otro puñado de plumas por la válvula. Pero no flotaron como había supuesto, sino que descendieron verticalmente como una bala, en masa y a sorprendente velocidad, perdiéndose de vista en un instante. En principio no supe qué pensar de ese fenómeno tan extraordinario, ya que no podía creer que mi velocidad de ascenso hubiera logrado repentinamente una aceleración tan extraordinaria. Pero no tardé en pensar que ahora la atmósfera se encontraba demasiado enrarecida como para sostener una ligerísima pluma y que por esa razón caían a gran velocidad. Lo que sí llamó mi atención fueron ambas velocidades: la de su descenso y la de mi ascensión.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Cuentos completos»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Cuentos completos» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Cuentos completos»

Обсуждение, отзывы о книге «Cuentos completos» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.