Siempre rehusé la reimpresión de El revés y el derecho. Mi obstinación no tiene razones misteriosas No niego nada de lo expresado en estos escritos, pero su forma me pareció siempre inhábil.Resuelta la cuestión de su valor literario, puedo confesar, en efecto, que el valor de testimonio de este librito, es para, mí considerable.20 [Subrayado nuestro].
El revés y el derecho muestra el inicio de preocupaciones que acompañarán a Camus toda su vida, y que definen desde este primer momento su actitud fundamentalmente moral frente a la existencia. El aval que dicha actitud recibe de veinte años de trabajo incesante en la búsqueda de sí mismo, del hombre y del mundo, es garantía suficiente de la constancia de preocupaciones cuya mejor fórmula nos entregó el mismo Camus en el citado prólogo: “Hay más amor verdadero en estas páginas desmañadas, que en todas las que las han seguido.” 21
CONTRA LOS PRINCIPIOS, LA MISERICORDIA
La vida está hecha de pequeñas cosas; las grandes son excepción, y ellas mismas se dan en un contexto hecho de mínimas decisiones en el ámbito de lo ordinario, que es precisamente el nivel vital en que nos vamos definiendo. Raras veces la existencia exige heroísmo, esfuerzos eminentes o disposiciones excepcionales. Las deducciones, las demostraciones cuya evidencia ilumina y lastima buscan formular la realidad fluyente, pero son abstracciones superpuestas al deslizarse incesante de la acción, desnuda de predicciones o promesas.
La realidad es concreta, palpable, individual; es imposible encerrarla en cápsulas intelectuales. La vida solo puede ser vivida, no puede ser aprisionada por el pensamiento.22
Y, sin embargo, hemos de darnos razones. Nuestro quehacer ha de partir de un qué hacer con la vida, si queremos elevarla al rango exigido por nuestra razón, unida a la voluntad de ser. Paradojas en que se debate el existente, cuya posibilidad de respuesta radica en la constatación de que en el universo de lo insignificante se esconde nuestra única posibilidad de grandeza.
Hay que poner sus principios en las cosas grandes. Para las pequeñas, basta la misericordia.23
La “misericordia” a que alude Camus es el amor con que nos acercamos a lo pequeño para esclarecerlo y encontrar en su energía secreta la fuente del fervor. En aquella afirmación suya se eleva al rango de lo verdaderamente importante una actitud moral, entendida como enriquecimiento amoroso de cada acontecer. Mientras lo intelectual ilumina apenas aquello que, queriendo ser conocido y formulado se resiste a revelarse, lo moral, exigido por la estructura en que se fundamentan los actos de una vida, define, al justificarlos, cada acción individual, cada esfuerzo hacia el otro, y el conjunto de todos los hechos de una vida que, más que ser entendida, busca ser aceptada.
… a este inexorable hacer la propia vida a través de cada uno de los actos y la consiguiente inscripción de ese hacer, por medio de hábitos y de carácter, en nuestra naturaleza, es a lo que llamamos moral como estructura.24
El apetito de conocimiento no es, ¡cómo podría serlo?, extraño a Camus. Pero no se satisface por medio de la razón, que no bastará jamás para llenar su afán de aclarar el mundo, ni por medio de la fe, que no llegará a Camus o a la que él no aspiró a ascender. Los principios constituyen lo abstracto y entre ellos, Camus no siempre está orientado:
De espíritu poco escolar, Camus, que se adaptaba mal a los métodos universitarios, vacilaba entre los estudios literarios y filosóficos; de los primeros le separa el mínimo gusto que él experimentaba por la historia literaria; en lo referente a la filosofía, Camus carece de espíritu de sistema, de pasión por la lógica.25
Son estas, evidencias presentes en El revés y el derecho, que desembocarán en la concepción del absurdo. Si Camus gusta de definirse de algún modo, es como hacedor de mitos. Y en este quehacer “habría querido rescribir un día El revés y el derecho”.
Si, a pesar de tantos esfuerzos para edificar un lenguaje y hacer vivir mitos no consiguiera un día rescribir El revés y el derecho, jamás habría logrado nada, he aquí mi oscura convicción.26
¿Cuál es la envergadura de los conceptos vertidos en esta obra que hace exclamar a Camus con sinceridad sin exaltaciones, con afán decantado por los años, que su quehacer como hombre se justificará solamente el día en que reescriba los motivos de sus primeros ensayos?
HACIA EL OTRO LADO DE LAS COSAS
El título con que los nombra señala su temprano afán de encontrar la unidad de la diversidad, de captar el haz y el envés del mundo –afán racionalista el fin, iniciado en una rica intuición de las verdades de la condición humana, que se topará con el muro de la imposible elucidación intelectual de lo real– impulsado por un temperamento artístico que sabe más de intuiciones y sensaciones, de belleza sensible, de luz y cansancio en las playas argelinas, que de nociones cultivadas a la sombra de largas y amargas especulaciones. Las Islas, obra de su maestro Jean Grenier a la que Camus pone más tarde un prefacio,27 le muestra la posibilidad de síntesis entre el arte y la inquietud filosófica, entendida como inquietud por la verdad. En la lectura de Nietzsche, Camus descubre también el arte y la pasión de la verdad al mismo tiempo y su camino será el esfuerzo de síntesis entre estos dos movimientos del espíritu.
En todo caso a partir, de este momento, Camus ha descubierto por sí mismo lo que debía ser el ensayo: un mediador entre la filosofía, concebida como la investigación vital de la verdad o de la unidad, y de la poesía, que emana naturalmente de esta búsqueda. Se aparta ya de toda literatura gratuita.28 [subrayado nuestro].
Mirar el mundo y devolvérnoslo traspuesto por el arte es comprometerse con él y buscarse como hombre, para realizarse. El tormento de esta síntesis marcará su camino, los altibajos de su producción, si puede hablarse de ellos, la desesperada esperanza de su búsqueda, el amor y la fe de vivir, el deseo de unidad.
Tras todas las reminiscencias literarias de Rimbaud, de Nietzsche o de Gide; tras el romanticismo desmañado de una expresión voluntariamente exasperada, se encuentran todas las contradicciones de que se alimentó la obra de Camus: vacilación entre la simple felicidad y la grandeza, entre el deseo de vivir a nivel de lo sagrado… y el rechazo de abandonar al hombre.29
Tales contradicciones definirán su obra, de tal manera es cierto que todo está en cada uno de nosotros desde el principio y que la tarea del hombre es, por una parte, definir y desenmarañar ese todo y, por otra, darle forma: exigencia de la pasión del artista. Obsesión de la verdad y voluntad de indiferencia ante la dificultad para alcanzarla, miedo de la muerte y amor apasionado por la vida se manifiestan en el vivir y la creación camusianos.
… nada me impide soñar, a la hora misma del exilio, puesto que al menos sé, a ciencia cierta, que una obra de hombre no es más que esta larga marcha para recobrar por los recodos del arte las dos o tres imágenes simples y grandes sobre las que el corazón se abrió por primera vez.30
Nada, salvo la infancia, está dado previamente al hombre. Las condiciones en que el niño vivió, aprendió a sentir, a elaborar sus primeros sueños, a asumir el mundo lo llenaron de dioses o lo vaciaron de ellos. El caso de Camus es el del artista cuya infancia fue doblemente vivida: en su realidad cronológica y en el mundo de la creación.
El revés y el derecho exhala un inmenso amor por una infancia pobre, por una madre solitaria llena de oculta ternura. Ningún principio guía el corazón del niño Camus hacia una dirección moral determinada, pero hay vivencias, sensaciones, dolores, una verdadera escuela de la vida, en que se fundamentan su obsesión de justicia, su afán de colmar con amor los vacíos de la realidad, su percepción de la esperanza y la alegría.
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