Al igual que con el tiempo de estudio personal de la Biblia, creo que “la variedad es la sal de la vida” cuando se refiere a estudio de la Biblia en familia. Por lo tanto, utilizamos una variedad de métodos de estudio de la Biblia durante nuestro tiempo en familia. Independientemente de los métodos, sin embargo, me esfuerzo para enseñar siempre en el entorno. Algunas veces nuestro estudio de la Biblia se basa en la corrección de problemas de comportamiento en la vida de Sofía (y de vez en cuando en mi propia vida también). Yo podría, por ejemplo, estar consciente de alguna lucha que ella tiene con una actitud pecaminosa, acción o forma de comunicación. Algunas veces le pregunto a Kim, “¿Existe algo en la vida de Sofía a lo cual debamos hacer frente esta noche?” Algunas veces le pregunto a Sofía si ella tiene conflictos o problemas en la escuela en los cuales necesita ayuda. En todas estas preguntas el ambiente es evidente y las Escrituras apropiadamente se aplican inmediatamente en su pequeña vida. (Incluso la hemos enviado de vuelta a la escuela con un versículo de la Escritura impreso en algún pedazo de papel para que pueda ministrar a uno de sus amiguitos.) Ella sabe que la Biblia se aplica a toda la vida.
En otras ocasiones, nuestro estudio familiar de la Biblia es más estructurado y por lo tanto está naturalmente menos dispuesto al medio ambiente de su vida. En tales casos trato de crear un ambiente para ella. Es decir, luego de explicar e interpretar un pasaje de un libro de la Biblia o un estudio de tópicos que estamos aprendiendo, trato de ayudarla a ver las diferentes oportunidades en su vida que ella pueda utilizar. Yo podría, por ejemplo, inventar un caso que pueda que enfrente en la escuela: “¿Cómo aplicaría este versículo si estas tomando un examen y te das cuenta de que alguien intenta mirar tus respuestas para ayudarse un poco?” O tal vez diga, “Cariño, ¿Puedes pensar en la última vez que alguien te avergonzó por lo que te dijo frente a otra persona? Según el versículo ¿Qué deberías hacer?” Puede ser que pregunte, ¿Qué pasó por tu mente cuando eso sucedió? Según el versículo, ¿Qué pudiste haber dicho en lugar de los que dijiste?”
Ya se trate de la enseñanza de las Escrituras a mi esposa e hija, a un aconsejado, a mis estudiantes, o a la congregación de nuestra iglesia, me esfuerzo para ayudar a la audiencia a aplicar las Escrituras a la vida. Yo trabajo duro en ser creativo. Me esfuerzo en asegurar que las Escrituras sean entendidas y aplicadas al contexto diario de la vida. Hago esto colocando las Escrituras en el entorno de la vida de mis discípulos...
Para ilustrar el impacto de la enseñanza al entorno, algunas veces comparo el corazón de un niño con una superficie lisa y no porosa, como una mesa. Mi meta como maestro es hacer que el niño absorba todo lo que yo pueda enseñarle. Si tuviera que vertir el agua de la Palabra en una superficie lisa, la mayor parte se derramaría. Pero si perforo cientos pequeños de agujeros en la superficie (de modo que cuando termine la perforación llegue a ser tan porosa como una esponja), entonces el agua quedaría bien absorbida por la mesa. El enseñar según el entorno (mostrando como las Escrituras se relacionan a los problemas de las circunstancias actuales de la vida) es equivalente a la perforación de esos minúsculos agujeros-se le hará fácil a sus hijos absorber la Palabra de Dios. También deja una impresión duradera. Así como lijar un mueble antes de aplicar un color prepara la madera para que absorba más de dicho color, así también usted prepara al niño a recibir y absorber más de la Palabra por medio del mostrarle la relevancia que esta tiene.
Enseñar para guardar
Esto nos lleva a la segunda ventaja de enseñar en el entorno. No sólo se aprende mejor, más rápido y con más ganas cuando vemos el valor de lo que estamos aprendiendo en nuestra vida, sino que también somos capaces de poner en la práctica inmediata lo que estamos aprendiendo ya que aprendemos con el propósito de hacer. La sociedad plural en que vivimos tiene una visión del aprendizaje que es muy diferente a la de la Biblia. Nuestra sociedad secular ha adoptado una visión Griega de aprendizaje que cree que el conocimiento debe ser buscado por el simple hecho de conocer. El conocimiento para el estadounidense promedio son aquellos hechos que deben aprenderse. De hecho, el humanista cree que la educación en sí misma ha de ser la salvadora de la humanidad. 12La idea parece ser el acumular tanto conocimiento como uno pueda con el fin de saber más que la otra persona. Aprender, en otras palabras, para el estadounidense promedio es algo egoísta. El objetivo es conseguir tantos títulos como sea posible para así poder obtener un buen trabajo que sea bien pagado y así encontrar la verdadera satisfacción 13haciendo aquello que le gusta.
Este punto de vista de auto-orientación del aprendizaje es la antítesis de la visión bíblica. Para el cristiano, el aprendizaje no son los hechos que hay que aprender, sino más bien la verdad que hay que vivir. No es conocimiento por el solo hecho de conocer, sino más bien el conocimiento con el propósito de aplicarlo. Jesús no dijo a sus discípulos cuando les dio la Gran Comisión, “enseñándoles que conozcan todas las cosas que os he mandado,” sino más bien, “enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes.” Él no dijo en Lucas 11:28, “bienaventurados los que conocen la palabra de Dios,” sino más bien, “bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios y la obedecen.” Pablo no le dijo a Timoteo, “Lo que me has oído decir en presencia de muchos testigos, guárdalo para ti y no lo reveles a nadie a menos que puedas usarlo para presumir la cantidad de conocimiento que has adquirido.” Las cosas que le enseñó eran para que lo encomendara a creyentes dignos de confianza, que a su vez estén capacitados para enseñar a otros (2 Tim. 2:2). Los cristianos no deben usar lo que aprenden para su propia gloria y beneficio personal, sino para la gloria de Dios y en beneficio de los demás.
La doctrina (y recuerde que toda Escritura es útil para la doctrina) debe convertirse en vida. Los cristianos deben traducirla a un cambio de vida, por medio del Espíritu de Dios (vea Rom. 8:14). Mire como Pablo oró por los Colosenses (1:9-10):
“Por eso, desde el día en que lo supimos no hemos dejado de orar por ustedes. Pedimos que Dios les haga conocer plenamente su voluntad con toda sabiduría y comprensión espiritual…”
¿Por qué él oro dicha oración? ¿Fue porque quería que se envanecieran con tal conocimiento? ¡Ciertamente no! Pablo quería que todos sus discípulos conocieran las Escrituras tan bien que sus corazones fuesen un almacén que estuviera lleno a reventar de datos bíblicos necesarios para determinar la voluntad de Dios para sus vidas. Pero no se detuvo allí. El propósito final de este conocimiento era vivir (caminar) de tal manera (produciendo fruto) que complaciera y glorificara a Dios.
“ …para que vivan de manera digna del Señor, agradándole en todo. Esto implica dar fruto en toda buena obra, crecer en el conocimiento de Dios.”
El enseñar en el entorno le da la oportunidad de ayudar a sus hijos a trasladar los hechos que le está dando desde su mente hacia su boca y hacia sus labios y hacia sus manos. Le ayuda a ser “hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores.” Es trabajo suyo el aclarar como la verdad que le enseña ha de ser practicada en la experiencia. Debe enseñar a su hijo a cómo aplicar las Escrituras que usted le enseña en las diferentes situaciones y circunstancias de la vida.
La enseñanza en el entorno provee el conducto entre las Escrituras que está aprendiendo y la vida que está viviendo. ¿Usted recuerda la historia de Helen Keller? Cuando era niña tuvo momentos muy difíciles al tratar de aprender de la nada. No fue hasta que Anne Sullivan empleó un dispositivo de enseñanza en el entorno cuando toda su actitud y deseo de aprender cambió radicalmente.
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