Lo primero que le dice que haga como una expresión de (e incluso como un medio para llegar a) su amor a Dios es impregnarse usted mismo de Su Palabra. El Amar a Dios y el conocer Su Palabra son inseparables, tejidos una junto al otro como si fueran hilos de la misma tela. “Si me amas,” dijo Jesús, “guardarás mis mandamientos.” En la medida en que usted ama y se deleita en la Palabra de Dios (Sal. 119: 24, 48, 47, 113, 127, 143, 159, 165 & 167) así mismo usted lo amará y se deleitará en Él. Como ya hemos dicho, en la medida en que la Palabra de Cristo more en usted, así será lleno del Espíritu. En la medida que usted conozca las Escrituras, será sabio para salvación.
¿Alguna vez ha escuchado este acertijo? Pregunta : ¿Cuál es la primera regla a seguir para enseñarle hablar a un perico? Respuesta : ¡Su vocabulario debe ser más extenso que el vocabulario del perico!
El mismo principio aplica a la crianza. Si usted (tal como la madre y la abuela de Timoteo) le va a enseñar a sus hijos la Palabra de Dios, primero debe conocerla usted mismo. No puede escapar de ella. No hay atajos efectivos para que usted estudie la Biblia. Claro está, puede leer historias de la Biblia, anécdotas de una revista trimestral de devocionales diarios y catequizar a partir de un manual de catecismo 7. Pero, si bien estos métodos son muy buenos, no son tan efectivos como comunicar la verdad bíblica directamente desde el corazón de usted al de ellos acompañados de un entendimiento personal y de aplicación. El que usted se apoye solamente en la preparación que tiene otra persona en cuanto a la Palabra de Dios, es pasar por alto la primera parte de este pasaje que tenemos ante nosotros. Alguien dijo que el mensaje que se preparó en la mente alcanza la mente, pero el mensaje que se preparo en la vida alcanza la vida. En otras palabras, mientras más Palabra de Dios internalice en su vida (vs. 6) mas será capaz de adoctrinar a sus hijos en las Escrituras (vss. 7-9). Su objetivo debe ser volverse cada vez más como uno de los escribas que Jesús menciona en Mateo 13:52, el cual conoce tan bien las Escrituras que “saca de su Tesoro cosas nuevas y cosas viejas,” es decir, cosas que ha aprendido de otros y cosas de las que se ha dado cuenta por sí mismo.
La frase “estarán sobre tu corazón” se traduce de dos palabras en hebreo que significan “en el hombre interior”. Cinco capítulos después Dios amplia este concepto de internalizar por medio de la adición de un par de términos que intensifican el significado. “Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma (Dt. 11:18). La palabra ”pondréis’ significa “poner o colocar algo en alguna parte.” Ese “algo” es la Escritura, y el “alguna parte” es el corazón y el alma. Dios quiere que pongamos su Palabra en nuestros corazones y en nuestra alma.
¿Cuáles son entonces los medios por medio de los cuales usted puede poner las Escrituras en su corazón? Son la lectura regular y el estudio de la Biblia, el discurso bíblico (dejar que la Palabra de Cristo more abundan-temente en ustedes abarca el enseñarse y exhortarse unos a otros con salmos [e] himnos [y] cánticos espirituales), especialmente con sus hijos (“y… hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte), escuchar la enseñanza y la predicación de la Palabra, y tal vez lo más importante: meditar diariamente en las Escrituras (estudiaremos esto más adelante). Sin embargo, más allá de todo esto, tener la Palabra de Dios en su corazón significa que las Escrituras gobiernan en todas las áreas de su vida. Cuando la Palabra de Dios está en su corazón tiene un efecto en toda su vida.
Repetidas veces en la Biblia, el corazón ( es decir, el verdadero “yo” en el interior) es el encargado en contra del cuerpo y sus miembros (lo que hace en el exterior). Es difícil pasar por alto el paralelismo entre el hombre exterior y el hombre interior. El corazón está conectado y en contraste con la carne (Salmos 73:26), las manos (Ec. 7:26), los pies (Prov. 6:8), la boca (Salmos 19:14), los labios (Prov. 12:2), la lengua (Prov. 10:20), los ojos (Prov. 21:4), la cara (Prov. 15:3) y hasta el cuello (2 Cr. 36:13). Esto, en parte, es la razón por la cual el rey Salomón dijo, “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él [mana] la vida” (Prov. 4:23). Así que cuando Dios dice que Su Palabra se ponga en “el corazón de usted,” Él quiere decir que toda su vida (interior y exterior) sea controlada por la Palabra.
La enseñanza de la Biblia es imperativa
En el análisis final, no es responsabilidad del pastor, líder de jóvenes o maestro de escuela dominical adoctrinar a sus hijos en la Biblia. ¡Ese trabajo es suyo! Los líderes de las Iglesias no pueden estar siempre con sus hijos en esos momentos en que debe ser enseñada la Escritura (hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes). Incluso cuando ellos aumentar la educación de bíblica de sus hijos, lo hacen solo como representantes de usted. “Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre.” (Gal. 4:1 2).
Enseñar las Escrituras a sus hijos no es opcional. Se le ha dado la responsabilidad de adoctrinar a sus hijos con las Escrituras. La pregunta no es si va o no a enseñar la Palabra de Dios a ellos, sino si va o no a obedecer la Palabra de Dios. Independiente de cuáles cree usted que son sus funciones como padre, nada que haga para ellos o por ellos, es más importante que esto.
Enseñar la Biblia es un imperativo explícito
Enseñar la Biblia a hijos es un imperativo explícito para padres cristianos. “Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” (Deut 6:7).
En su libro, Back to the Blackboard [Volver a la Pizarra], Jay Adams detalla el significado del verbo más importante de este versículo. 8
“La palabra “repetirás” traducida como “poner profundamente” en la versión de Berkley es un solo verbo hebreo que significa “decir algo dos veces”. Luego, viene a significar “Dígalo otra vez” o “repetir”. Se utiliza para afilar una espada porque en el proceso la espada es repetidamente o se frota con la piedra rectificadora… El segundo factor en la palabra se aleja de la idea de la repetición como el aprendizaje meramente memorístico, a la idea de aplicar la verdad a la situación después de la situación a la que corresponde. Sin duda, uno debe aprender la verdad, pero repetidamente debe mostrar su aplicación a diario, en circunstancias de la vida real. La verdad debe ser integrada con nuestra vida.”
Los niños deben ser enseñados como relacionar las Escrituras a cada aspecto de su vida. La meta no es simplemente enseñar la historia de David y Goliat pero también explicar como la narración se relaciona con la relación entre Dios y el niño, sus padres, hermanos y compañeros de escuela. Usted debe, no solamente enseñar la interpretación de cada pasaje, también enseñar su aplicación. Cada pasaje de la Escritura tiene solo una interpretación la cual fue destinada por el Espíritu Santo cuando se produce a través de autores humanos (2 Pedro 1:20-21). Pero cuando el salmista infiere cuando dice, “He visto que aun la perfección tiene sus límites; ¡sólo tus mandamientos son infinitos!” (Salmos 119:96, NVI), prácticamente no hay límites a la aplicación de las Escrituras a la vida. 9
Tomemos, por ejemplo, el mandamiento bíblico de “Háganlo todo sin quejas ni contiendas ” (Fil. 2:14 NVI). Su tarea es enseñar a sus hijos no solamente el significado de quejas y contiendas, sino también aplicarlas a una variedad de situaciones que puedan ocurrir en su vida diaria:
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