PREFACIO
TANTOS LIBROS…
TAN POCA PALABRA
La biblioteca de su casa, sin duda, contiene varios volúmenes de libros, manuales, notas de seminarios, artículos de revistas, vídeos y casetes de audio que tienen como propósito dirigirse a los padres desde un punto de vista cristiano. Algunas de estas obras, aunque que afirman ser bíblicas, en realidad, pueden llegar a contener “ideas” que han sido extraídas de la psicología-pop humanista, pero que son ajenas a la Biblia. Sin duda, otros recursos en su caja de herramientas para padres pueden ser muy bíblicos y útiles. Sin embargo, y con raras excepciones, la mayoría de los recursos de hoy para padres cristianos fallan 1al enfatizar lo que es quizás el aspecto más importante de la crianza bíblica verdadera− cómo relacionar la Biblia con el proceso disciplinario en forma práctica. Piénselo. Con toda su formación, ¿sabe realmente cómo usar la Biblia para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia con sus hijos? Si ya lo hace, probablemente no tendrá que leer de aquí en adelante. Si no, es mi oración que este pequeño libro pueda ayudarle a aumentar y fortalecer sus habilidades como padre, así como también pueda aprender a usar las Escrituras de una manera más exhaustiva y eficaz en la formación de los niños.
Lou Priolo
NOTA DEL AUTOR
¡NO LO HAGAS!
Al comenzar este libro, muy pronto podría sentirse abrumado por la enorme cantidad de información a la que será expuesto. En ciertos momentos podría sentir que está bebiendo directamente de un hidrante para incendios ahogándose en el proceso. Incluso podría llegar a preguntarse, “¿Cómo podré ser capaz de hacer todo eso?” No se desanime, y haga lo que haga, no deje de leer. Las “cosas buenas”, los consejos prácticos, el material que le dará la mayor esperanza y el aliento se encuentra más en la parte posterior del libro.
No espere ser capaz de utilizar todo lo que aprende de un día para otro. El cambio conlleva tiempo. Debe ser paciente con sus hijos, con usted mismo, y especialmente con su cónyuge en el proceso de implementar este material.
También podría ser redargüido en cuanto a su “falta de conformidad ante, o una transgresión hacia, la Ley de Dios” en lo que respecta a sus deberes y prioridades como padre. Ciertamente, este libro ha traído convencimiento, incluso a su autor. Pero la crianza en general, y el enseñarle a sus hijos la Biblia en particular, son dos de las responsabilidades dadas por Dios más importantes y que más tiempo consumen. Quiera el Espíritu Santo redargüir-le de cualquier situación para que confiese su pecado ante Dios, y entonces pueda comprometerse a desarrollar un curso de acción que gradualmente le provea un acercamiento más bíblico al usar las Escrituras en la formación de su hijo.
“Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.” -2 Tim. 3:15-16
CAPÍTULO UNO
LAS ESCRITURAS Y SUS HIJOS
¿Alguna vez se detuvo a preguntarse qué es lo que está tratando de lograr como padre? ¿Cuál es exactamente su objetivo? Dado que usted es un padre cristiano sólo hay una respuesta definitiva a esta pregunta−y esa respuesta se encuentra en la Biblia. El objetivo supremo que debe tener para sus hijos es el mismo objetivo que el apóstol Pablo tenía para sus hijos espirituales−que sean conformados (progresivamente) a la imagen de Cristo.
“Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros.” (Gal. 4:19)
La Biblia describe esta “semejanza de Cristo” en una variedad de maneras. Términos como “perfecto” o “completo”, “santificación,” y “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo “ (por mencionar algunos) son empleados por Pablo (y otros autores del Nuevo Testamento) para comunicar un sincero deseo de ver a quienes están bajo su cuidado espiritual alcanzar la meta de la madurez cristiana.
“A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre.” (Col. 1:28)
“Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo [los aspectos] en aquel que es la cabeza, [esto es] Cristo.” (Efesios 4:13-15 énfasis añadido )
¡Qué maravilloso! Su objetivo (el cual está intentando llevar a cabo) como padre ya ha sido diseñado para usted en la Biblia. Usted no tiene que preguntarse a quién debe parecerse su hijo cuando usted termine con su formación. Se parecerá a Jesucristo.
Los ingredientes claves
Hay al menos tres ingredientes esenciales necesarios para producir la madurez de una semejanza a Cristo que usted debe esforzarse por producir en sus hijos. Estos ingredientes son El Espíritu, Las Escrituras y el tiempo.
Primero, es necesario que la persona sea transformada a la imagen de Cristo por el Espíritu Santo. Ésta transformación gradual comienza en el interior de la persona, en su corazón. El Espíritu Santo habita solamente en aquellos quienes por la Gracia de Dios confiaron en la obra redentora de Cristo quien murió en la cruz (como sustituto) para pagar el castigo por nuestros pecados (Rom. 5:8; 1 Cor. 15:3; 2 Cor. 5:21). Usted, también, debe depender del Espíritu de Dios para ayudarle a ser el tipo de padre que la Biblia requiere de usted…
El segundo recurso que produce madurez es la Biblia. Ahora bien, la parte interesante que hay que notar es que las Escrituras son necesarias para ayudar a su hijo a entender las cosas básicas de la salvación, tales como su condición pecaminosa y su necesidad de confiar en la muerte sustitutiva de Cristo en la cruz. Como ve, nadie puede ser cristiano sin la Biblia (vea Rom. 10:13-17). El Espíritu trabaja por medio de la Palabra para traer convicción y finalmente, regeneración. (1 Pedro 1:23). Como las Escrituras son capaces (tienen poder) para hacer sabios a tus hijos para salvación, es esencial comenzar a usar las Escrituras desde temprana edad con ellos.
“y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.” (2 Tim 3:15)
Charles Spurgeon en su libro Come Ye Children: a Book for Parents and Teachers on the Christian Training of Children, dice sobre la frase “desde la niñez”: 2
“La expresión, “desde la niñez,” se entendería mejor si la tradujéramos como “desde muy niño;” o, como la versión revisada lo hace: “desde que eras un bebé.” No significa un niño bien desarrollado, o juvenil, sino un niño que ya no está en la infancia. Desde muy niño Timoteo conoció las Sagradas Escrituras. Esta expresión ha sido, sin lugar a dudas, usada para demostrar que nunca es demasiado pronto para empezar a impregnar en la mente de nuestros niños el conocimiento de las Escrituras. Los bebes reciben impresiones mucho antes de que estemos consientes de ello. Durante los primeros meses de la vida, un niño aprende más de lo que imaginamos. Aprende rápido sobre el amor de su madre y su propia dependencia; y si la madre es sabia, el niño aprende el significado de la obediencia y la necesidad de ceder su voluntad a una voluntad mayor. Esta puede ser la nota clave para toda su vida. Si aprende obediencia y sumisión a tiempo, puede ahorrar miles de lágrimas de los ojos de un niño pequeño y otras tantas del corazón de la madre. Un especial terreno de ventaja se pierde cuando hasta en la infancia sin educar.
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