Las Sagradas Escrituras deben ser aprendidas desde que el niño tiene la capacidad de entender cualquier cosa.”
Sólo en caso de que se esté preguntando si realmente los niños pequeños pueden aprender las Escrituras, permítame relatarle un par de episodios de mi experiencia personal.
Estaba acostado en mi cama una tarde esperando que mi esposa terminara de vestirse cuando me pidió que le trajera algo que necesitaba. Sophia, nuestra hija de dos años de edad, estaba parada entre nosotros cuando yo suspire de mala gana en respuesta a la petición de ayuda de parte de Kim. Inmediatamente mi pequeña niña, quien aún no sabía leer, dijo de la manera más cariñosa, “Papi, deberías ‘ hacer todas las cosas sin quejarte o discutir.’”
Varias semanas después (días después de su tercer cumpleaños) los tres esperábamos nuestra comida en un restaurante. La camarera nos trajo un mantel para colorear y algunos lápices de colores para entretener a Sophia en lo que la comida estaba lista. Yo estaba sentado en la butaca, enfrente de las de las niñas viendo a mi pequeña artista profanar el mantel con sus garabatos. En ese momento me puse mi gorra de maestro. El sabio consejero (el que debería haber sabido que una niña de tres años de edad no está mentalmente desarrollada para ello) comenzó a intentar enseñarle a su hija como colorear dentro de las líneas . Agarré un lápiz de color y, desde la parte superior del papel, procedí a colorear tan claramente como podía viendo el dibujo boca abajo. Poco a poco fui coloreando por toda la hoja hasta que mi enorme garra comenzó a desplazar su pequeña mano. Imagine esto. Mi antebrazo y mi mano están apoyados a todo lo largo del mantel, mi mano está al fondo y Sophia no tiene espacio para colorear. En ese momento ella miró hacia arriba y dijo “Papi, la Biblia dice, ‘No te olvides de hacer el bien y de compartir.’”
Mi hija no solamente conocía las Escrituras desde temprana edad, sino que fue capaz de ministrar efectivamente a su padre, quien ya tenía un título universitario. Si mi hija de dos años se beneficia de aprender de las Escrituras, también sus hijos pueden.
Dado que la mayor parte de este libro tiene que ver con el uso práctico de la Biblia, por favor, permítame hacerles unas preguntas difíciles acerca de la medida que usted ministra la Palabra a sus hijos.
¿Qué tan bien conoce usted las Escrituras?
¿Con qué frecuencia se refieren a la Biblia en el curso normal de una conversación con sus hijos?
¿Qué tan adepto está a la enseñanza de las escrituras? ¿Y en relacionar estas a la vida cotidiana?
¿Cuán efectivamente usa las Escrituras para redargüir (convencer) de su pecado a sus hijos? (¿Reprende usted de tal manera que les cause reveren-ciar la Palabra de Dios o despreciarla?)
¿Cuán consistentemente utiliza usted la Biblia para corregirlos?
¿Cómo utiliza usted la Biblia para instruir a sus hijos en justicia para ayudarlos a tener un mejor futuro?
Como puede ver, es simplemente imposible “(criarlos) en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4) sin el continuo uso de la Palabra de Dios. Son la “vara y la corrección” que “dan sabiduría” (Proverbios 29:15). Es tu trabajo, padre cristiano, tanto el conocer como el utilizar las Escrituras según la intención de Dios.
La suficiencia de las Escrituras
Las Escrituras proveen todo lo que necesita para la vida y piedad (2 Pedro 1:3). También proveen todo lo que necesita para criarlos “en disciplina y amonestación del Señor”. Por miles de años los padres cristianos han de-pendido de la Biblia como fuente de instrucción para sus hijos. A través de los siglos, los hombres y mujeres han creído que Dios no les pide que hagan nada sin darles los recursos necesarios para cumplir con la tarea, especialmente una tarea tan difícil como la crianza de hijos piadosos. Ellos creyeron cuando Pablo les dijo que las Escrituras fueron dadas “a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. (2 Timoteo 3:17)
¿Usted lo cree? Reitero la pregunta, ¿usted realmente cree que Dios le ha dado dentro de las páginas de su Biblia recursos suficientes para hacer frente a cualquier contingencia que se enfrenta tanto en la vida como también como padre? Eso es realmente lo que éste versículo enseña. Por supuesto, la Biblia no pretende ser adecuada para tratar problemas médicos, enseñarle a sus hijos cómo multiplicar fracciones, usar patines, golpear una pelota de béisbol, y cosas por el estilo, pero sí asegura ser suficiente cuando se trata de cambiar a las personas a la imagen de Jesucristo. “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma.” (Salmos 19:7) 3
El uso cuádruple de las Escrituras
Cuando la Biblia habla de que la Escritura es provechosa para enseñar, significa que es útil. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16). Ya que las Escrituras han sido dadas para estos propósitos distintos, usted debe volverse competente en estas cuatro aplicaciones. El proceso de la formación bíblica del niño implica el uso de estas cuatro actividades distintas. Como puede ver, la crianza bíblica no es sólo una responsabilidad, es también una habilidad que debe ser desarrollada. Esto nos lleva al tercer recurso necesario para producir madurez cristiana en su niño: el tiempo.
Se requiere de tiempo para desarrollar la habilidad de la crianza bíblica. Se requiere tiempo para dejar todo lo que esté haciendo y tomar su Biblia para enseñar, redargüir, corregir e instruir a sus hijos, tiempo en el que tal vez usted prefiera hacer otra cosa. Y sobre todo, se necesita tiempo para que sus hijos crezcan.
No existe la madurez instantánea. No existe pastilla que pueda darle, o escuela a donde los pueda enviar, no hay polvo que pueda transformar sus pequeños corazones rebeldes en corazones obedientes y así llevarlos a la madurez. La madurez cuesta tiempo.
Santificación progresiva
Otro término para el proceso por el cual los cristianos se transforman a la imagen de Cristo es llamado santificación progresiva. Se llama “progresiva” porque ocurre continuamente a través de nuestras vidas en vez de instantáneamente (en un momento en el tiempo). El Espíritu Santo es el agente principal que santifica, que trabaja en el corazón de todos los creyentes para que sean más semejantes a Cristo. Pero Él lo hace por medio de la Palabra. Una persona sencillamente no puede cambiar de forma agradable a Dios si está separada de la Palabra. El Espíritu Santo ha de tener el arma más efectiva (La Espada del Espíritu) si ha de cambiarte a ti y a tus hijos. Como la regeneración 4, la santificación es un acto de Dios. Pero a diferencia de la regeneración, es un acto de Dios que requiere de su cooperación. La manera más importante de cooperar con Él es llevar la Biblia en su corazón. Luego como padre, debe cooperar con el trabajo de Dios en la vida de su hijo llevando la Biblia al corazón de él o ella.
He conocido un impresionante número de cristianos que creen que pueden crecer en gracia alejados de un tiempo regular y continuo con la Palabra (es decir, lectura de la Biblia, estudio, memorización, meditación y un activo escuchar de predicaciones bíblicas). A riesgo de exagerar el argumento, permítame decirlo de esta manera: No importa el tiempo que usted dedica a orar o ayunar, o a estar en comunión con otros cristianos, en ministrar o testificar a los demás; si usted no dedica tiempo a la Palabra de Dios (o para ser más exactos, si la Palabra de Dios no habita ricamente en usted), usted está en efecto encadenando al Espíritu Santo. No es que Él no pueda trabajar sin su cooperación. Más bien lo que sucede es que Él no ha prometido trabajar independientemente de Su Palabra.
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