Jeremías me ha ayudado a nivel personal, pero también pastoralmente, y los intereses personales y pastorales convergen entre sí. Como pastor reto a otros a vivir una vida plena y proveo guía para hacer esto. Pero, ¿cómo hacer esto sin estimular inadvertidamente el orgullo y la arrogancia? ¿Cómo estimulo el apetito por la excelencia sin alimentar al mismo tiempo la determinación egoísta de hacer caer a todo aquel que se atraviese en el camino? En todas partes encontramos voces alentadoras que abogan por una vida mejor. Es bueno tal estímulo. El consejo, sin embargo, que acompaña este estímulo ha introducido una malicia ilimitada en nuestra sociedad, y me opongo enérgicamente a él. El consejo es que podemos alcanzar nuestra plena humanidad por medio de la satisfacción de nuestros deseos. Esto ha sido una receta para la miseria para millones. 4El consejo bíblico sobre este asunto es claro: “no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Pero, ¿cómo puedo guiar a otras personas a que se nieguen a sí mismos sin que tengan la idea errónea de que estoy estimulándolos a ser la alfombrilla en la cual todos limpian sus zapatos? El difícil arte pastoral consiste en alentar a la gente a crecer en excelencia y a vivir de manera generosa, a perderse y encontrase a sí mismo al mismo tiempo. Es paradójico, pero no imposible. Jeremías resalta entre quienes lo han hecho: una identidad plenamente desarrollada (y, por lo tanto, extraordinariamente atractiva) y una persona completamente desinteresada (y, por lo tanto, maduramente sabia). Por medio de conversaciones, charlas, retiros, sermones, Jeremías ha sido un ejemplo y mentor para mí a lo largo de veinticinco años.
Una búsqueda por la excelencia
Vivimos en una sociedad que trata de disminuirnos hasta el nivel de zombis de tal forma que corramos mecánicamente, comprando y consumiendo. Es necesario reaccionar. Jeremías es una reacción: un ser humano bien desarrollado, maduro y robusto, viviendo por la fe. Mi procedimiento aquí es seleccionar las partes biográficas del libro de Jeremías y reflexionar en ellas en el contexto de la vida cotidiana actual. Se conoce más de la vida de Jeremías que de cualquier otro profeta, y su vida es mucho más significante que su enseñanza. 5Es digno de mención, creo yo, que cuando la gente trataba de identificar a Jesús, Jeremías era uno de los nombres que salían a relucir (Mt. 16:14). Enlistando la imaginación piadosa en el examen meditativo de estas páginas de las Escrituras, espero provocar la insatisfacción por cualquier cosa que no sea lo mejor. Deseo proveer documentación fresca de que la única manera en la que cada uno de nosotros puede tener una vida plena es a través de una vida de fe radical en Dios. Cada uno de nosotros necesita ser movido a llevar una vida plena, tomar conciencia de los hábitos morales torpes, sacudirse de las tareas banales e insignificantes. Jeremías hizo esto por mí. Y no sólo por mí. Millones de cristianos y judíos han sido motivados y guiados hacia la excelencia a medida que han atendido a la palabra de Dios dada a y por medio de Jeremías.
He ordenado los pasajes que he escogido para reflexión en orden aproximadamente cronológico. El libro de Jeremías no está ordenado en sí mismo de manera cronológica, y contiene en sí mismo algo más que biografía. Esto significa que los lectores no pocas veces son confundidos por las transiciones y luchan por encontrar el lugar apropiado para cada dicho. No he intentado resolver estos acertijos o explicar las dificultades. Tampoco he descrito el complejo trasfondo histórico internacional de la época, conocimiento que es de inmensa ayuda en la lectura del libro de Jeremías. Esto significaría escribir otro tipo de libro mucho más largo. Para los lectores que quieran ampliar su conocimiento de Jeremías y ser guiados detalladamente a través del texto, recomiendo tres libros: Jeremiah and Lamentations (Jeremías y Lamentaciones) de R.K. Harrison (InterVarsity Press) para una introducción buena e interesante al mundo y mundo de Jeremías; The Book of Jeremiah (El Libro de Jeremías) de John A. Thompson (Editorial Eerdmans) para un tratamiento más avanzado y detallado; y Jeremiah (Jeremías) de John Bright (Editorial Doubleday) para un estudio más completo del profeta y su profecía.
Vitezslav Gardavsky, el filósofo y mártir checo que murió en 1978, tomó Jeremías como su “modelo de hombre” en su campaña contra una sociedad que planeaba cuidadosamente cada detalle de su existencia material eliminando el misterio y el milagro, y extrayendo toda libertad a la vida. En su libro God Is Not Yet Dead (Dios aún no está muerto), dice que la terrible amenaza contra la vida no es la muerte, ni el dolor, ni ninguna variación en los desastres de los cuales tratamos obsesivamente de protegernos por medio de nuestros sistemas sociales y estratagemas personales. La terrible amenaza es “que podemos morir antes de nuestra muerte física, antes de que la muerte sea una necesidad natural. El verdadero horror yace en esta muerte prematura , una muerte después de la cual seguiremos viviendo por muchos años”. 6
Existe un memorable pasaje referente a la vida de Jeremías cuando, agobiado por la oposición y absorto en la autocompasión, estuvo a punto de rendirse a esta muerte prematura. Él estaba listo para abandonar su llamado único en Dios y ser un número estadístico más en Jerusalén. En aquel momento crítico, escuchó la reprimenda: “Si corriste con los de a pie y te cansaron, ¿cómo contenderás con los caballos? Y si en la tierra de paz no estabas seguro, ¿cómo harás en la espesura del Jordán” (Jer. 12:5). El bioquímico Edwin Chargaff actualizó las preguntas: “¿Qué quieres alcanzar? ¿Grandes riquezas? ¿Un pollo más barato? ¿Una vida más feliz, más larga? ¿Es poder sobre tus vecinos lo que buscas? ¿O buscas mayor sabiduría y una piedad más profunda?” 7
La vida es difícil, Jeremías. ¿Te vas a rendir con la primera señal de oposición que se presente? ¿Te vas a retirar cuando has descubierto que la vida es mucho más que tres comidas al día y un lugar cómodo donde dormir por la noche? ¿Vas a salir corriendo en el momento en que hombres y mujeres están más interesados en mantener tibios los pies que en vivir para la gloria de Dios? ¿Vas a vivir cobarde o valientemente? Te llamé para que tuvieras una vida plena, para que buscaras la rectitud, para que fijaras tu rumbo hacia la excelencia. Es más sencillo ser neurótico, lo sé. Es más sencillo ser un parásito. Es más sencillo relajarse en los brazos tiernos de La Media. Es menos complicado, pero no mejor. Más fácil, pero no más significativo. Más sencillo, pero no más satisfactorio. Te llamé a una vida con propósito más allá de lo que crees que eres capaz de vivir y te prometí las fuerzas adecuadas para cumplir tu destino. Ahora, a la primera señal de dificultad te quieres rendir. Si estás fatigado con esta muchedumbre corriente de mediocres apáticos, ¿cómo estarás cuando la verdadera carrera comience, la carrera contra los rápidos y determinados caballos de la excelencia? ¿Qué es lo que en realidad quieres, Jeremías, arrastrarte con la multitud, o correr con los caballos?
Es comprensible que existan cosas que nos alejen de la excelencia, el riesgo, la fe. Es más sencillo definirse a sí mismo mínimanente (“un bípedo desemplumado”) y vivir de manera segura dentro de aquella definición que ser definido máximamente (“poco menos que Dios”) y vivir aventuradamente en esta realidad. Es poco probable, creo yo, que Jeremías fuera espontáneo o rápido en su respuesta a la pregunta de Dios. Los ideales extáticos de una vida nueva han sido salpicados con el cinismo del mundo. El ímpetu eufórico del entusiasmo juvenil ya no estaba más en él. Él sopesó las opciones. Evaluó el costo. La duda lo llevó de un lado al otro. Cuando la respuesta llegó, ésta no fue verbal sino biográfica. Su vida fue la respuesta: “Competiré con los caballos”.
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