De la misma manera, el cerebro debe reagruparse para resolver todo tipo de problemas: emocionales, cognitivos, subjetivos o prácticos que van desde cómo conducir un auto hasta resolver problemas matrimoniales. También podemos compararlo con la manera de cómo detener un estímulo y resolver la información para darle de baja, determinando que este no va a aparecer más. Por ejemplo, en el caso de la resolución del tabaquismo desde el punto de vista neurológico, el cerebro resolutivo debe llegar a la conclusión de que no va a tener más ese estímulo, elaborando así procesos madurativos de frustración y reagrupando, luego, nuevas cadenas neuronales que suplanten ese tipo de estímulo.
Por lo demás, las drogas duras como la cocaína, la marihuana, el alcohol, el éxtasis, el LSD, que son estímulos más invasivos, determinan el funcionamiento del cerebro en una categoría que podemos llamar la «dopaminización» del cerebro. Desde el punto de vista de la neuroplasticidad, esta «dopaminización» es muy difícil de resolver, ya que en una primera instancia el cerebro se niega a dejar las hormonas del placer —la dopamina—, presuponiendo que no habrá reagrupación neuronal posible que suplante esos niveles de placer. Se repite esto una y otra y otra vez, es decir, consumiendo un día tras otro.
En términos bioquímicos y filosóficos, el placer está en el extremo opuesto de la felicidad. Basados en esto, podemos determinar que el cerebro neuroplásticamente debe lanzarse a una aventura, debe entender que hay un vacío abismal entre la construcción hecha por el placer y la futura reedición en las cadenas neuronales, en el recableado que hay que construir en pos de la felicidad, en pos de la búsqueda de las soluciones bioquímicas que generan la felicidad. Se debe tener en cuenta que el esfuerzo para lograrlo, para cruzar el río del cambio entre lo que soy hoy químicamente y la nueva versión de mí mismo, produce angustia, miedo e incertidumbre que deben ser enfrentados, porque la resolución de todas esas sensaciones emocionales, neurológicamente hablando, son, en sí mismas, las herramientas del nuevo yo. Son la capacidad de resolver emociones y la administración emocional.
La administración emocional como dispositivo es un concepto que define al individuo que posee una capacidad de elegir por cuenta propia la dirección de las emociones. La epigenética, término acuñado por Conrad Hal Waddington en 1942, refiere al estudio de la interacción de los genes y el medio ambiente. Epi significa «sobre». O sea, sería: «sobre los genes». El gran difusor e investigador Bruce Lipton afirma que el medio ambiente gestiona más organización en las células que de la información que proviene de los propios genes.
Entonces, tanto la epigenética como la neuroplasticidad y otros conceptos científicos del siglo XXI colocan al hombre en una condición de reedición de sí mismo, con capacidades de recablear todo el sistema nervioso, eligiendo una nueva información cualitativa, traspasando las fronteras de sus principios genéticos originalmente editados. Más aún, reedita el programa hacia nuevos horizontes de percepción de sí mismo, donde se manifiestan nuevas realidades construidas a partir de estas emociones, quitando la mirada de los problemas y poniéndola en las soluciones.
Dentro de este mecanismo se encuentra en el cerebro el cuerpo estriado, también conocido como núcleo estriado. Es una parte subcortical en el interior del encéfalo, del telencéfalo, y forma parte de los ganglios basales. El centro estriado recibe información de la corteza estriada también en los primates. El cerebro estriado se encuentra dividido por secciones de sustancia blanca llamada Cápsula Interna, formada por dos sectores: el núcleo caudado y el núcleo lenticular, el cual a su vez está conformado por el putamen y el globo pálido. El estriado ventral está formado por el núcleo accumbens y el lóbulo olfatorio.
Para no ponernos tan técnicos, explicaremos que el núcleo caudadoes un elemento que evalúa los niveles de estímulos, en máximos y mínimos, tomando en cuenta los diferentes tipos de estímulos. Si el sistema de hábitos de un individuo es ingerir cocaína, marihuana, altos niveles de azúcares, juegos o dispositivos electrónicos de alta estimulación en la corteza visual, el cuerpo estriado es el encargado de evaluar estos niveles de alta estridencia y estimulación. Pero cuando no están estas sustancias u otros estímulos, el cuerpo estriado comienza a depreciar el resto de los estímulos, como son una vida cotidiana común, circunstancias de paz y tranquilidad, etc., porque estos no elevan los niveles de placer. Ello obedece a que los mecanismos no son tan agudos en una vida normal y en circunstancias normales como los producidos por drogas o estímulos adictivos. Entonces, vemos que un cerebro adicto se educa a partir de estímulos estridentes y el cuerpo estriado es el que recibe la información, determinando cuál estímulo es el alto y cuál es el bajo. Ello crea un sistema de recompensas y castigos bioquímicos a través del núcleo accumbens , construyendo un cerebro cada vez más adicto.
Adicciones tóxicas y no tóxicas
Las adicciones tienen una categorización que separa a las adicciones tóxicas de las no tóxicas, cuya diferencia se basa en que las tóxicas son aquellas que alteran la percepción de la realidad de una manera directa, mientras que las no tóxicas lo hacen de una manera no directa.
El principal problema de las no tóxicas, a la hora de detectar síntomas, es que la sociedad las mantiene en un cono de silencio. Por ejemplo, la naturalización de la ludopatía, mediante las salas de juego, que en algunos países están abiertas las veinticuatro horas o los accesos por internet que naturalizan el comportamiento del ludópata, como se da también con los trastornos de alimentación en países como EE.UU. (las cifras en obesidad escalan a millones de habitantes), donde se naturaliza la comida chatarra (haciendo, de paso, que los trastornos cardiovasculares estén a la orden del día).
Las adicciones no tóxicas son tan letales y mortales como las tóxicas. La creencia popular es que un adicto es aquel que se está inyectándose heroína en un zanjón y que muere de sobredosis en un estado de indigencia. Pero las adicciones no tóxicas son las que más se expandieron en los últimos veinticinco años. La adicción a internet y a los juegos en red, las cirugías estéticas, las compras virtuales y las redes sociales, junto a las susceptibilidades que contienen, son parte de una sociedad que busca tapar los agujeros emocionales. Se llega a una vibración en el inconsciente colectivo y a una conciencia social que naturaliza estas actividades como parte de la vida cotidiana. Y en verdad están cubriendo un agujero emocional o un vacío existencial que el ser humano siente desde el principio de la creación. Más aún, el cerebro, de manera patológica, tuvo un giro hacia la resolución de estos interrogantes existenciales, transformándose en el cerebro adicto.
Si un individuo tiene un comportamiento compulsivo a las compras, esta adicción afecta directamente en todo su sistema cardiovascular y al sistema nervioso central y, además, esto es volcado hacia la totalidad de la sociedad, al menos indirectamente. Lo mismo sucede si un ludópata concurre diariamente a un bingo o a un casino, porque el impacto en el grupo familiar se siente y esto también repercute en la sociedad. Sus hijos, en la escuela, van a cambiar el comportamiento, los maestros llamarán a sus padres, ellos los llevarán a psicólogos o psicopedagogos tratando de encontrar en el chico el motivo de su deficiente rendimiento escolar, sin advertir que la causa de su problemática es que la familia está atravesada por la enfermedad de la adicción. En la adicción a las compras, el impacto que reciben serán las deudas, el déficit y el quebranto económico, por lo cual el grupo familiar entero entra en un resquebrajamiento que luego incide en la sociedad.
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