Ben Aaronovitch - Verano venenoso

Здесь есть возможность читать онлайн «Ben Aaronovitch - Verano venenoso» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Verano venenoso: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Verano venenoso»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La vida en el campo no es tan idílica como parece… El agente de policía y aprendiz de mago Peter Grant decide tomarse un descanso del trabajo en la ajetreada ciudad de Londres para ayudar en la investigación de la desaparición de dos niñas en Rushpool, un pueblecito cerca de Gales donde se siente como un pez fuera del agua. Aunque en un primer momento parece que no se trata de un caso relacionado con la magia, pronto Peter descubrirá que los campos y bosques idílicos de la campiña inglesa esconden una historia muy oscura y que los seres de los cuentos de hadas no solo habitan en los cuentos infantiles…"Las novelas de Aaronovitch son divertidas, encantadoras, ingeniosas y emocionantes, y dibujan un mundo mágico muy cerca del nuestro." The Independent

Verano venenoso — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Verano venenoso», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Como consecuencia, me había acostumbrado a madrugar para practicar mis ejercicios y entrenar un rato en el gimnasio antes de ir a contestar la misma puñetera pregunta de cinco formas distintas. No me importaba, porque no dormía bien desde que Lesley me había disparado con una táser en la espalda. Hacia principios de agosto los interrogatorios habían acabado, pero la costumbre —y el insomnio— continuaba.

—¿Se ha recibido alguna petición de apoyo? —pregunté.

—En lo que respecta a la investigación en sí, no —respondió Nightingale—. Pero en lo que concierne a las niñas, tenemos ciertas responsabilidades.

Eran dos niñas, ambas de once años; las dos habían desaparecido de sus hogares familiares en el mismo pueblo de North Herefordshire. La primera llamada a emergencias se produjo pasados unos minutos de las nueve de la mañana anterior y la noticia llegó a los medios por la noche, cuando los teléfonos móviles de las niñas se encontraron en el monumento a los caídos en la guerra del pueblo, a más de un kilómetro de distancia de sus casas. Durante la noche, había pasado de ser un asunto local a nacional y, según Today, se esperaba que la búsqueda a gran escala comenzaran esa misma mañana.

Sabía que La Locura tenía, de facto y de forma clandestina, obligaciones nacionales de las que a nadie le gustaba hablar, pero no entendía cómo se aplicaba eso a la desaparición de unas menores.

—Por desgracia, en el pasado —empezó Nightingale—, a veces se utilizaba a los niños en la práctica de… —Se detuvo en busca del término adecuado—… de ciertos tipos de magia inmorales. Nuestra política siempre ha sido echar un cable en los casos de niños desaparecidos y, en el caso de que sea necesario, comprobar que ciertos individuos cercanos no están involucrados.

—¿Ciertos individuos?

—Magos de segunda y similares —contestó.

En el lenguaje de La Locura, un «mago de segunda» era cualquier clase de practicante que había adquirido sus habilidades ad hoc fuera de La Locura o que se había retirado a la privacidad del campo, lo que Nightingale llamaba «rusticarse». Los dos miramos a Varvara Sidorovna Tamonina, antiguo miembro del 365.° Regimiento Especial del Ejército Rojo, que estaba sentada a una mesa al otro lado del salón de desayunos, bebiendo un café solo mientras leía el Cosmopolitan . Varvara Sidorovna, formada por el Ejército Rojo, entraba sin duda en la categoría de «y similares». Pero, dado que llevaba viviendo con nosotros los últimos dos meses, a la espera de juicio, era poco probable que estuviera involucrada.

Había aparecido en el desayuno antes que yo con mucha energía, algo sorprendente teniendo en cuenta que la noche anterior la había visto terminarse dos botellas de Stolíchnaya casi enteras. Nightingale y yo habíamos intentado emborracharla con la esperanza de sonsacarle más información sobre el Hombre Sin-rostro, pero no conseguimos nada salvo algunos chistes de muy mal gusto, la mayoría bastante mal traducidos. Aun así, el vodka me dejó fuera de combate fácilmente y dormí como un lirón.

—Entonces es como ViSOR —dije.

—¿Eso es el registro de delincuentes sexuales? —preguntó Nightingale, que, sabiamente, jamás se molestaba en aprenderse los acrónimos hasta que llevaran diez años en funcionamiento. Le contesté que sí y se puso a pensarlo mientras se servía otra taza de té.

—Será mejor que consideremos el nuestro como un registro de personas vulnerables —dijo—. En esta ocasión, nuestro trabajo consiste en asegurarnos de que no se han visto envueltos en algo que puedan lamentar después.

—¿Crees que es probable, en este caso? —pregunté.

—Muy probable, no —respondió—. Pero siempre es mejor pecar por exceso de prudencia en estos asuntos. Además, te vendrá bien salir de la ciudad durante un par de días —añadió entre risas.

—Porque no hay nada que me anime más que un buen secuestro de menores —contestó.

—Exacto —dijo Nightingale.

Así, tras el desayuno, pasé una hora en la tecnocueva sacando información de la red y asegurándome de que había cargado bien el portátil. Acababa de obtener de nuevo el Certificado de Orden Público (Nivel 1) y lancé la bolsa de apoyo policial en el asiento trasero del Asbo Mark 2, junto con una bolsa de viaje. No creía que mi mono ignífugo fuera necesario, pero las resistentes botas del equipo de apoyo policial eran mejor opción que mis zapatos de calle. Ya había estado antes en el campo y aprendo de mis errores.

Volví a entrar en La Locura y me reuní con Nightingale en la biblioteca principal, donde me dio un fichero marrón atado con unas cintas rojas gastadas. Dentro, había treinta páginas de papel biblia llenas de texto mecanografiado y de lo que, evidentemente, era la fotocopia de alguna clase de documento de identidad.

—Hugh Oswald —dijo Nightingale—. Luchó en Amberes y en Ettersberg.

—¿Sobrevivió a Ettersberg?

Nightingale desvió la mirada.

—Regresó a Inglaterra —dijo—. Pero sufrió lo que ahora creo que se conoce como estrés postraumático. Sobrevive gracias a una pensión por discapacidad y se dedica a la apicultura.

—¿Es muy poderoso?

—Bueno, es mejor que no lo pongas a prueba —respondió Nightingale—. Pero imagino que estará desentrenado.

—¿Y si algo me parece sospechoso?

—No digas nada, retírate con discreción y llámame cuanto antes.

Antes de que saliera por la puerta trasera, Molly abandonó, deslizándose, los dominios de su cocina y me interceptó. Me dedicó una pequeña sonrisa e inclinó la cabeza hacia un lado con curiosidad.

—Pensaba parar de camino al pueblo —dije.

La piel pálida que había entre sus delgadas cejas negras se frunció.

—No quería molestarte —expliqué.

Molly sostuvo en alto con su mano de dedos largos una bolsa naranja del supermercado. La agarré. Me sorprendió que pesara tanto.

—¿Qué hay dentro? —pregunté. Molly se limitó a sonreír, mostrando demasiado los dientes, se dio la vuelta y se alejó.

Alcé la bolsa con cuidado; últimamente comíamos menos vísceras, pero sus combinaciones culinarias podían ser muy excéntricas. Me aseguré de colocar la bolsa atrás, en la parte del suelo en la que no daba el sol. Fueran de lo que fueran los sándwiches, no quería que se recalentaran y se estropearan, ni que empezaran a oler ni que mutaran de repente en una nueva forma de vida.

Hacía un día espléndido cuando salí de Londres: el cielo estaba azul, los turistas bloqueaban el paso en las aceras a lo largo de Euston Road y los trabajadores resoplaban desde las ventanas abiertas y observaban con anhelo a los jóvenes atléticos que pasaban por delante de ellos con pantalones cortos y vestidos veraniegos. Al detenerme para repostar en una gasolinera que conozco cerca de Warwick Avenue, me hice un lío con el sistema de calles unidireccionales que habían instaurado de forma temporal en Paddington, subí por la A40, me despedí de la magnificencia art déco del edificio Hoover y me dirigí rumbo a lo que a los londinenses les gusta pensar que es «cualquier otro sitio».

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Verano venenoso»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Verano venenoso» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Ben Aaronovitch - Broken Homes
Ben Aaronovitch
Ben Aaronovitch - Whispers Under Ground
Ben Aaronovitch
Cesarina Vighy - El último verano
Cesarina Vighy
Ben Aaronovitch - Moon Over Soho
Ben Aaronovitch
Ben Aaronovitch - Rivers of London
Ben Aaronovitch
José Garzón del Peral - Se muere menos en verano
José Garzón del Peral
José Luis de Montsegur - Un verano con Clío
José Luis de Montsegur
Martín Felipe Castagnet - Los cuerpos del verano
Martín Felipe Castagnet
Ben Aaronovitch - Familias fatales
Ben Aaronovitch
Ben Aaronovitch - Susurros subterráneos
Ben Aaronovitch
Ben Aaronovitch - La luna sobre el Soho
Ben Aaronovitch
Отзывы о книге «Verano venenoso»

Обсуждение, отзывы о книге «Verano venenoso» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x