Ben Aaronovitch - Verano venenoso

Здесь есть возможность читать онлайн «Ben Aaronovitch - Verano venenoso» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Verano venenoso: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Verano venenoso»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La vida en el campo no es tan idílica como parece… El agente de policía y aprendiz de mago Peter Grant decide tomarse un descanso del trabajo en la ajetreada ciudad de Londres para ayudar en la investigación de la desaparición de dos niñas en Rushpool, un pueblecito cerca de Gales donde se siente como un pez fuera del agua. Aunque en un primer momento parece que no se trata de un caso relacionado con la magia, pronto Peter descubrirá que los campos y bosques idílicos de la campiña inglesa esconden una historia muy oscura y que los seres de los cuentos de hadas no solo habitan en los cuentos infantiles…"Las novelas de Aaronovitch son divertidas, encantadoras, ingeniosas y emocionantes, y dibujan un mundo mágico muy cerca del nuestro." The Independent

Verano venenoso — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Verano venenoso», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

—Debéis de adorar a vuestras vacas —dije.

—Somos famosos por ello —contestó Dominic.

Dentro hacía tanto calor como en un coche cerrado, así que dejé mis cosas rápidamente junto a la cama y cerré la puerta. Dominic echó la llave y me la dio, pero, en lugar de volver por donde habíamos venido, nos dirigimos a la valla, donde un par de cajas de plástico gris y un neumático de tractor formaban una escalera improvisada.

—A mi madre se le metió en la cabeza que no hacía falta tener un permiso de obra para las construcciones agrícolas —explicó Dominic mientras subía por los escalones con la facilidad que da la práctica—. Quería alquilarlo como bed and breakfast .

Subí los peldaños con precaución. No quería aparecer en mi primera sesión informativa con un agujero en los vaqueros.

—¿Lo del permiso de obras es verdad? —pregunté.

—Creo que se supone que además tienes que ser granjero —respondió Dominic—. Eres nuestro primer huésped.

Seguí a Dominic por el perímetro del campo que, hasta donde me parecía, recorría el otro lado del grueso seto que delineaba la carretera de salida del pueblo. Se oían los vehículos que pasaban por detrás, pero no se veían, así que había estado en lo cierto. Buscar niños desaparecidos en la campiña debe de ser una pesadilla. A juzgar por lo compacto que estaba el suelo, era una ruta popular entre los lugareños. En las raras ocasiones en las que me había aventurado a salir por la campiña inglesa cuando era pequeño, estoy bastante seguro de que me dijeron que no cruzara los terrenos de la gente.

—No estamos en una vía de uso público, ¿verdad? —pregunté.

—Qué va —dijo Dominic—, pero, antes, esto era un huerto.

Eso explicaba el muro de piedra que rodeaba el perímetro, pensé.

—El ayuntamiento lo compró para construir casas —añadió, y añadió que la de su madre había sido la última. También habían adjudicado una parte a un nuevo centro cívico municipal y lo habían financiado con la venta del resto del terreno a un promotor.

—El constructor lo convirtió en terreno urbanizable con la esperanza de cambiar los términos del permiso de obras —me explicó Dominic.

Por lo visto, el nuevo plan era construir casas de lujo para atraer a los foráneos (todo me sonaba deprimentemente familiar), pero los lugareños se las habían ingeniado para bloquear la solicitud.

—Dieron con un vacío legal —dijo.

Le pregunté con cuál, pero Dominic contestó que había preferido no hacer preguntas.

—Bastante me ansiedad me provoca mi novio con respecto al medio ambiente como para querer que mi madre lo haga también —concluyó.

El centro cívico se encontraba a unos cien metros más arriba del establo. Era un edificio extraño, construido con tablillas de madera y un tejado con mansardas que daba la impresión de haber salido del Medio Oeste americano para que después lo montara un grupo de constructores de establos amish sincronizados. Tenía un aparcamiento de asfalto delante que estaba vacío salvo por un Vauxhall Vivaro nuevo con los distintivos Battenberg del territorio de West Mercia. Una oficial de apoyo hacía guardia junto a la carretera para asegurarse de que nadie aparcaba allí y vigilaba a los periodistas desperdigados que se agrupaban frente a la entrada principal; Dominic me había guiado hasta la entrada de atrás por esta razón.

El centro cívico no era más que una gran sala diáfana hasta el techo con un escenario en un extremo, unas puertas que daban a la zona de la cocina y unos baños. Según Dominic, allí se celebraban fiestas de cumpleaños y se representaban obras de teatro amateur , y además, el local albergaba la temible discoteca de los jóvenes granjeros. «Temida en varios kilómetros a la redonda», me explicó. En ese momento se empleaba como campo base de la búsqueda de Nicole y Hannah, motivo por el cual la prensa estaba fuera. Y puesto que todos los efectivos disponibles estaban inmersos en la tarea, estaba desierta. Había petates y mochilas apiladas en las esquinas y palés de botellas de agua envueltos en plástico bajo mesas hechas con caballetes, sobre las que además se amontonaban vasos de poliestinero y botes de café instantáneo. Se habían colgado en un corcho dos mapas del Servicio Estatal de Cartografía forrados de plástico y se habían colocado uno encima del otro para que las áreas coincidieran. Había dibujadas sobre ellos flechas, curvas y espirales con rotulador que indicaban las zonas de búsqueda hasta entonces. El ambiente era cálido, no corría aire y olía a creosota.

—¿Hola? —dijo en voz alta Dominic—. ¿Hay alguien ahí?

—¡Un momento! —respondió una mujer tras la puerta de los servicios.

Mientras esperábamos, eché un vistazo al mapa. Hoy en día, las búsquedas no consisten solo en dividir los mapas en cuadros y en revisarlos de uno en uno. Hay que fragmentarlos según las probabilidades: ¿dónde podría haber ido el sujeto por propia voluntad en una determinada ventana de tiempo? Así, el área de búsqueda aumenta como la escarcha en una telaraña, se expande por carreteras y camino, y se extiende en oleadas por los campos y jardines.

La puerta de los servicios se abrió y salió una mujer voluminosa con una rebeca beige . Tenía el rostro redondeado, la tez blanquecina y el cabello moreno, que llevaba en una práctica coleta. Llevaba gafas, colgadas al cuello con un cordón rosa, una falda marrón que le llegaba a la altura de la rodilla y unos zapatos de salón cómodos. Parecía la típica entrometida digna de confianza del pueblo, pero sus perspicaces ojos azules, que no dejaban de ir de un lado a otro, asimilando todo, la delataban; eran los ojos de una policía nata.

Aun así se movió afanosamente de un modo muy profesional cuando me vio, me tendió la mano y se presentó como la sargento Allison Cole.

—Debes de ser Peter Grant —dijo—. Gracias por ofrecerte voluntario. Aunque Dios sabe lo qué opinara la familia de ti.

Nos sentamos a una de las mesas con caballetes. La sargento Cole extrajo una botella de agua de uno de los paquetes y me la ofreció; negué con la cabeza. Entonces, la abrió y se la bebió, agradecida.

—Estamos teniendo suerte con el tiempo —comentó—. Si están por ahí fuera, al menos no morirán congeladas.

—El verano más cálido que se recuerda —añadió Dominic—. Deberías estar en tu casa..

Ni siquiera me molesté en lanzarle una mirada; no habría entendido a santo de qué venía.

—¿Dónde te hospedas? —me preguntó Cole.

—Lo he colocado en el establo de mi madre —explicó Dominic.

—Pensaba que el ayuntamiento quería derribarlo —comentó Cole.

—Todavía no han decidido nada.

—Al menos, no estarás lejos —dijo Cole—. Y vendrá bien tener a alguien a mano durante la noche. Así podré irme a casa con mis hijos.

—¿Crees que esto se va a prolongar? —pregunté.

—¿Quién sabe? —respondió, lo que significaba que sí.

—¿Crees que las encontraremos?

—Eso espero —contestó, lo que significaba que no.

Dio otro sorbo de agua y se secó la frente con el dorso del brazo.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Verano venenoso»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Verano venenoso» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Ben Aaronovitch - Broken Homes
Ben Aaronovitch
Ben Aaronovitch - Whispers Under Ground
Ben Aaronovitch
Cesarina Vighy - El último verano
Cesarina Vighy
Ben Aaronovitch - Moon Over Soho
Ben Aaronovitch
Ben Aaronovitch - Rivers of London
Ben Aaronovitch
José Garzón del Peral - Se muere menos en verano
José Garzón del Peral
José Luis de Montsegur - Un verano con Clío
José Luis de Montsegur
Martín Felipe Castagnet - Los cuerpos del verano
Martín Felipe Castagnet
Ben Aaronovitch - Familias fatales
Ben Aaronovitch
Ben Aaronovitch - Susurros subterráneos
Ben Aaronovitch
Ben Aaronovitch - La luna sobre el Soho
Ben Aaronovitch
Отзывы о книге «Verano venenoso»

Обсуждение, отзывы о книге «Verano venenoso» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x