Me quedé ensimismada observando cómo su cuerpo se movía y retorcía con soltura y elegancia a través de la sala, delante del espejo que cubría toda una pared. Era verdaderamente bueno. Me aproximé un poco más para verle mejor. No quería que me viera, tan solo quería observarle. Su pelo se desplazaba a medida que él giraba y su expresión de concentración era atrayente. Era como un hechizo.
De repente frenó e inclinándose, apoyó las manos en sus rodillas. Se miró en el espejo y sonrió. Vaya, que engreído. Aunque tuve que evitar el gesto de sonreír también.
—Puedes pasar, pequeña acosadora —habló a su reflejo.
¿A su reflejo? No. ¡Me estaba hablando a mí! Me sobresalté al darme cuenta de que mi figura medio escondida en la puerta se advertía desde el enorme espejo. Maldita sea. Carraspeé nerviosa y di un interminable paso hacia dentro de la sala. Kyle se giró hacia mí.
—Hola —saludé totalmente avergonzada.
—Dijiste que no podías. —Me retó con la mirada. Yo me rasqué el brazo, aunque no me picaba.
—Ya, pero era mentira. —Kyle alzó una ceja—. ¿Qué quieres? Solo tenía curiosidad así que me decidí a venir —solté, fastidiada.
Él comenzó a hacer estiramientos tranquilamente.
—Si no fueras tan cabezota y hubieras venido conmigo te habrías ahorrado tener que buscarme. Y ser pillada acosándome tras la puerta.
—No te estaba acosando, maldito engreído —gruñí.
Kyle dejó escapar una carcajada. ¿Se pensaba que porque había ido hasta allí estaba a sus pies? Qué más quisiera él. Definitivamente había sido una mala idea al final. Una mala y estúpida idea. Lo mejor era largarme de allí.
—Olvídalo. Me voy.
Me di media vuelta, pero Kyle acortó de dos zancadas la distancia que había entre nosotros hasta estar frente a mí. Me crucé de brazos dejando ver mi repentino enfado.
—Hey, está bien. Ya has llegado hasta aquí, no te vayas ahora.
Le miré a los ojos y una sensación cálida me recorrió de arriba abajo. ¿Por qué siempre me hacía sentir así? Como si él fuera un imán del cual no me podía apartar. Me mordí el labio inferior.
—Vale —murmuré resignada—. ¿Y qué hago? ¿Te miro y ya está?
Kyle sonrió con emoción. La sonrisa más sincera que le había visto esbozar hasta el momento.
—Soy un buen espectáculo.
Rodé los ojos mientras él se alejaba de espaldas y encendía de nuevo la música. Me quedé en un lado esperando con una pizca de anhelo en mi pecho que su cuerpo comenzara a moverse. La canción comenzó a sonar, era Bird set free de Sia. Kyle danzó por la pista, elaborando los pasos perfectos y limpios de la coreografía, permanecí embelesada por su baile hasta que él frenó un par de minutos después. Se pasó una mano por el pelo húmedo de sudor y yo sentí la repentina necesidad de saber más de él.
—¿Cuánto tiempo llevas viniendo aquí? —pregunté.
—Un par de años, desde que me mudé.
—¿Siempre te ha gustado bailar?
Me miró por encima del hombro con un brillo especial en sus ojos.
—Sí. Desde pequeño.
—¿Por qué me has pedido que viniera? ¿Simplemente querías que te viera bailar?
—Haces muchas preguntas, pelirroja.
Me mordí el labio inferior, mirándole avergonzada. Él pareció pensativo por un momento, después se acercó a mí y me tendió su mano. La miré y terminé por darle la mía algo desconfiada y con el corazón latiendo a mil por hora.
—Mejor que quedarte ahí mirando. —Me arrastró hacia el interior de la sala—. Te enseñaré a bailar.
Abrí los ojos de espanto. Ah, no. Eso sí que no. Yo era pésima bailando y por nada del mundo me dejaría en evidencia delante de Kyle. Negué frenéticamente con la cabeza.
—Ni hablar. Yo no sé bailar.
A él pareció divertirle mi comentario.
—Si supieras no podría enseñarte, ¿no crees? —Ay, mierda. ¿Quién le decía que no con esa cara?—. Mira, ponte aquí —ordenó poniéndome delante de él, frente al espejo.
Después se alejó y encendió de nuevo la música, que era más rápida que la que él había bailado. Empezaba a tener la consistencia de un flan. Mi corazón golpeaba con furia mi pobre pecho haciéndome difícil respirar. Cuando Kyle volvió a acercarse y se colocó detrás de mí, a escasos milímetros de mi cuerpo, mi corazón dio tres vueltas de campana. Me quedé estática mientras él colocaba sus manos sobre mis hombros.
—Estás muy tensa. Relájate —dijo demasiado cerca de mi oído, provocándome un escalofrío.
—Qué fácil es decirlo.
—Lo es. Solo cierra los ojos y escucha la música. Concéntrate en ella y libera tu cuerpo, como si fuera una ola suave que te mece en medio del mar.
Observé nuestro reflejo en el gran espejo y, suspirando, cerré los ojos. Madre mía. ¿Cómo podía dejarme llevar cuando estaba tan nerviosa que parecía un palo de escoba, totalmente rígida? El calor que transmitía el cuerpo de Kyle era agradable y a la vez abrumador. Procuré concentrarme en la música, en un vano intento debido a que Kyle comenzó a bajar sus manos por mis brazos, ayudándome a moverlos adecuadamente. Me estremecí por completo y deseé que él no lo notara.
Sin embargo, él debió percatarse de lo nerviosa que estaba, porque comenzó a hacer movimientos más rápidos, más ligeros, me hizo dar vueltas sobre mí misma, me lanzó con su brazo y bailó de forma graciosa delante de mí. Se me escapó la risa sin poder evitarlo. Cogió de nuevo mi mano, me llevó hasta él con un tirón y me dejó caer hacia atrás dramáticamente sujetándome por la espalda. Me dolía la tripa al reírme. No me esperaba algo así de Kyle. Su lado divertido me gustaba.
Me elevó de nuevo, la canción había terminado y había comenzado una más lenta, casi de forma premeditada. Kyle se quedó mirándome, yo tragué saliva y él me dio de nuevo una vuelta. Mi espalda quedó contra su pecho cuando regresé hacia su sitio. Rozó sus labios contra mi oreja, provocando que el aire se quedara parado en mis pulmones, y bajando por mi brazo en una suave caricia, me giró rítmicamente hacia él. Me quedé paralizada ante su rostro, sus ojos brillaban de intensidad.
—¿A esto lo llamas enseñar a bailar? —susurré.
—No había nada que hacer contigo. —Sonrió.
¿Qué pretendía? ¿Solo quería acercarse a mí? Lo cierto era que no me sentía preparada para eso, a pesar de que mi cuerpo me lo pedía, a pesar de que mi corazón me lo pedía. La mayor parte de mi mente me dirigía a una señal de stop.
Kyle acunó mi rostro con su mano, apartando mi pelo de la cara. Su pulgar recorrió con una dolorosa lentitud el contorno de mi mandíbula, ascendió por mi boca y repasó con la yema de su dedo mi labio inferior. No podía respirar. No podía apartar la vista de esa mirada profunda. Kyle se acercó, podía notar su cálido aliento sobre mí, mis pulsaciones se incrementaron y yo sabía lo que pensaba hacer. Lo que estaba anhelando que hiciera. Pero…
La señal de STOP.
Agaché la cabeza y puse una mano sobre su pecho, apartándole lentamente.
¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué lo hacía?
—Lo siento —siseé, separándome de él.
Me marché apresuradamente de la sala sin ni siquiera dejar hablar a Kyle. Caminé por el pasillo intentando no correr a pesar de que lo deseaba. ¿Qué narices estaba haciendo? ¿Qué me pasaba? El corazón seguía latiéndome fuerte contra las costillas. Salí de la academia y miré a mí alrededor.
Mierda. Ese idiota tenía razón. Yo estaba huyendo. Yo tenía miedo.
* 8 * Maldita lista
Volví a mirar de nuevo por la ventana y dejé escapar un largo suspiro. Incluso mi reflejo en el cristal se burlaba de mí. Huir de esa manera de la academia como si Kyle tuviera la peste conformaba una de las diez cosas más estúpidas que había hecho en mi vida. Aunque quizás en adelante tendría que aumentar el número del ránking. Había salido corriendo y había cogido el primer autobús que me llevaba a mi casa.
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