En la década de 1950 Mao mostró su preocupación por el poder militar y el papel preponderante a escala global de Estados Unidos. La transcripción abreviada de una conversación que mantuvo con el primer embajador de Finlandia acreditado en China, titulada La bomba atómica no intimida al pueblo chino (1955), pone en evidencia ello. Tras observar que Beijing y Helsinki son naciones amigas, el líder chino declara que “de entre los países europeos, China tuvo guerras en el pasado solo con Inglaterra, Francia, Alemania, la Rusia zarista, Italia, el Imperio Austrohúngaro y Holanda” (mi subrayado).
Mao pretende mostrarse indiferente ante el peligro de una amenaza nuclear al postular que “el chantaje atómico de Estados Unidos no intimida al pueblo chino” y agrega:
Ese montoncillo de bombas atómicas que posee Estados Unidos no es suficiente para acabar con los chinos. Aun en el caso de que Estados Unidos, contando con un poderío de bombas atómicas mucho mayor que el actual, las arrojara sobre China hasta horadar el globo terrestre y volarlo, eso, aunque podría ser un acontecimiento de gran magnitud para el sistema solar, no significaría mucho para el universo en su conjunto.
Mao asegura que “las guerras mundiales nunca terminan a favor de los belicistas, sino de los partidos comunistas y pueblos revolucionarios del mundo” y ofrece la observación extraña de que cuanto antes lancen los imperialistas una guerra nuclear, “más pronto serán barridos de la faz de la Tierra”. Eventualmente, según Mao, se establecerán otras Naciones Unidas, una ONU popular, “con sede posiblemente en Shanghái o en algún lugar de Europa o en la misma Nueva York, si para entonces los belicistas norteamericanos han sido liquidados totalmente”.
Al año siguiente, el líder chino dialogó con “dos personalidades latinoamericanas” y los extractos de esas conversaciones se convirtieron en el texto El imperialismo norteamericano es un tigre de papel . 1Aquí Mao retoma la idea de que los débiles triunfarán por sobre los fuertes: “Los poderosos no pueden ganar, mientras que los débiles siempre logran la victoria”. Dirá de los imperialistas que “solo verlos nos produce malestar”. “El imperialismo norteamericano”, afirma, “aparentemente es muy poderoso” pero no hay que temerle puesto que “es un tigre de papel”. Mirado por fuera parece un tigre, nos explica el pensador chino, pero está hecho de papel “y no aguanta un golpe de viento y lluvia”. Vaticina el fin del imperialismo e invita a los dominados del mundo a unirse contra Estados Unidos, país que “oprime y explota a los pueblos”. De esta forma, los latinoamericanos de ascendencia europea que estén oprimidos deben unirse con la población indígena en los países donde hubiere que luchar contra el imperialismo, al igual que “nuestros amigos” los latinoamericanos, asiáticos y africanos, “camaradas” en el combate para “liquidar de raíz la opresión imperialista”. ¿Para qué se necesita el imperialismo?, preguntará Mao, y responderá: “No lo necesita el pueblo chino, no lo necesitan los demás pueblos del mundo. No hay necesidad de que exista el imperialismo”, concluye.
Cerramos esta selección de los muchos escritos del líder chino con el tomo III de las Obras escogidas , el cual contiene una ponderación de Mao de junio de 1945 que tipifica muy bien su fe en el esfuerzo de las masas, el triunfo del comunismo y el futuro de China. Se basa en una antigua fábula titulada “El Viejo Tonto que removió las montañas” y dice así:
Hay una antigua fábula china llamada “El Viejo Tonto que removió las montañas”. Cuenta que hace mucho tiempo vivía en el norte de China un anciano conocido como el Viejo Tonto de las montañas del norte. Su casa miraba al sur y frente a ella, obstruyendo el paso, se alzaban dos grandes montañas: Taijang y Wangwu. El Viejo Tonto tomó la decisión de llevar a sus hijos a remover con azadones las dos montañas. Otro anciano, conocido como el Viejo Sabio, los vio y dijo riéndose: “¡Qué tontería! Es absolutamente imposible que vosotros, tan poca gente, logréis remover montañas tan grandes”. El Viejo Tonto respondió: “Después de que yo muera, seguirán mis hijos; cuando ellos mueran, quedarán mis nietos, y luego sus hijos y los hijos de sus hijos, y así indefinidamente. Aunque son muy altas, estas montañas no crecen y cada pedazo que les sacamos las hace más pequeñas. ¿Por qué no vamos a poder removerlas?”. Después de refutar la idea errónea del Viejo Sabio, siguió cavando día tras día, sin cejar en su decisión. Dios, conmovido ante esto, envió a la tierra dos ángeles, que se llevaron a cuestas ambas montañas. Hoy, sobre el pueblo chino pesan dos grandes montañas, una se llama imperialismo y la otra, feudalismo. El Partido Comunista de China hace tiempo que decidió eliminarlas. Debemos perseverar en nuestra decisión y trabajar sin cesar; también nosotros conmoveremos a Dios. Nuestro Dios no es otro que las masas populares de China. Si ellas se alzan y cavan junto con nosotros, ¿por qué no vamos a poder eliminar esas montañas?
Al final, durante el gobierno maoísta las masas chinas cavaron y cavaron y cavaron hasta lograr dar forma al enorme agujero negro al que cayeron, empujadas por las ideas grandiosas de este visionario catastrófico.
Además de filosofar políticamente, Mao también incursionó en la poesía. En la mirada de Stuart Schram: “Sus poemas son particularmente reveladores con respecto a la síntesis entre el marxismo-leninismo y la tradición china que profesa Mao”. Por momentos compuso poemas de corte propagandístico, como se aprecia en “Inscripción de las mujeres milicianas en una fotografía”:
Qué brillantes y valientes se ven, portando rifles de cinco pies / En el patio de armas iluminado por los primeros destellos del día / Las hijas de China tienen mentes muy aspirantes / Aman su gama de batalla, no sedas y satén.
Joachim Schickel lo expresó así: “Sus propios poemas son la espada que usa para cortar el nudo gordiano entre tradición y revolución”. Un crítico en The Washington Post los tildó de “documentos políticos”.
Según cuenta Jonah Raskin en la revista socialista Monthly Review , cuando el presidente anticomunista Richard Nixon visitó China en 1972 recitó la poesía de Mao ante el mismo Mao. Luego, Nixon y Zhou Enlai discutieron el significado de los poemas, “como si fueran dos estudiantes diligentes y Mao su maestro”. Mao escribió poesía durante toda su vida, aunque sus poemas reunidos fueron publicados a partir de 1965, en vísperas de la Revolución Cultural. Al año siguiente el gobierno publicó una colección de poemas inéditos de Mao y gracias a un artículo de Julian Baum publicado en The Christian Science Monitor sabemos acerca de un episodio oscuro que rodeó esa publicación.
En junio de 1986, este periódico informó sobre un reporte publicado ese mismo mes en la revista oficial china Beijing Review que narraba las desventuras de un ciudadano que había protestado ante las autoridades por atribuir a Mao poemas inéditos suyos. Chen Mingyuan era un poeta, lingüista y matemático que trabajaba en la Academia China de Ciencias, quien al leer el volumen de poesía maoísta identificó doce poemas suyos jamás publicados que habían sido incorporados a la colección de poemas inéditos de Mao. Tras contactar a las autoridades, recibió una primera respuesta razonable del primer ministro Zhou Enlai, pero luego intervino la esposa de Mao, Jiang Qing, quien acusó a Chen de plagiar al presidente, lo tachó de contrarrevolucionario y lo hizo encarcelar por doce años (uno por cada poema litigado, parece) incluyendo cuatro años de trabajos forzados. Desde su liberación en 1978, Chen sostuvo que Mao no estuvo al tanto ni implicado en aquel plagio literario. Karl-Heinz Pohl aporta una aclaración pertinente. Este especialista en poesía maoísta argumenta que es aceptable para los poetas chinos no solo aludir a otros poetas, sino incluir poesía ajena dentro de sus propias composiciones. Esta forma específica de arte recibe el nombre de jiju . Si en el caso mencionado Mao hizo jiju o algún editor tomó poemas de terceros, por error o adrede, para agregarlos a los del líder chino, es casi imposible de determinar.
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