Las frases citadas están entre las más ilustrativas del canon maoísta. Pongamos atención ahora a las ideas expuestas en sus ensayos más notables.
Reporte sobre una investigación acerca del movimiento campesino en Hunan es un texto que Mao escribió en 1927 en una coyuntura de revueltas rurales y de luchas entre nacionalistas y comunistas en China. De entrada, Mao vio en el campesinado la fuerza impulsora de la revolución social, a diferencia del marxismo estalinista que hacía hincapié en el poder revolucionario del proletariado industrial. Tras pasar más de un mes en la provincia de Hunan, apoyándose en evidencia anecdótica personal, Mao argumenta que serán los peones quienes derrocarán a los terratenientes feudales y mutilarán las tradiciones ancestrales: “Para dar crédito donde corresponde, si asignamos diez puntos a los logros de la revolución democrática, entonces los logros de los habitantes de las ciudades y los militares califican solo tres puntos, mientras que los siete puntos restantes deben ir a los campesinos en sus zonas rurales”. Con fervor, sintetizará este punto en el subtítulo de su tratado: “¡Abajo los tiranos locales y la malvada burguesía! ¡Todo el poder a las asociaciones campesinas!”. En esta, su primera obra política, Mao legará una de sus frases más potentes, la cual será posteriormente adoptada por grandes cantidades de grupos marxistas urbi et orbi : “Hacer la revolución no es ofrecer un banquete”. La cita entera es esta: “Hacer la revolución no es ofrecer un banquete, ni escribir una obra, ni pintar un cuadro o hacer un bordado; no puede ser tan elegante, tan pausada y fina, tan apacible, amable, cortés, moderada y magnánima. Una revolución es una insurrección, es un acto de violencia mediante el cual una clase derroca a otra”. Interesantemente, Lenin no es citado y el marxismo es mencionado hacia el final. Fue traducido al inglés y publicado ese mismo año en la revista Communist International , globalizando así a Mao y sus ideas en círculos marxistas.
Una sola chispa puede incendiar la pradera es una antigua frase china que Mao incorpora en una carta enviada en 1930 a su colega comunista Lin Biao (el mismo que décadas después creará Citas del presidente Mao ) y terminará siendo el título de su nuevo ensayo. Aquí Mao pretende romper con el pesimismo que reina en el PCCH. Alega que las fuerzas revolucionarias pueden no estar organizadas, pero, señala, tampoco lo están los enemigos del pueblo. “Los camaradas que padecen el mal de la precipitación revolucionaria sobreestiman las fuerzas subjetivas de la revolución”, asegura, empleando el término “subjetivas” como sinónimo de “organizadas”. Propone crear un ejército popular y esparcir el ánimo revolucionario en contra de los caudillos militares, los imperialistas y los terratenientes. “Toda China está llena de leña seca, que arderá pronto en una gran llamarada”, vaticina. “El proverbio «una sola chispa puede incendiar la pradera» es una descripción apropiada de cómo se desarrollará la situación actual.” Su aporte más práctico en este ensayo será el más perdurable: sobre cómo llevar adelante una guerra de guerrillas. Dice Mao:
Las nuestras son tácticas guerrilleras, que consisten en los siguientes puntos: dividir las fuerzas para movilizar a las masas y concentrarlas para hacer frente al enemigo. Cuando el enemigo avanza, retrocedemos; cuando acampa, lo hostigamos; cuando se fatiga, lo atacamos; cuando se retira, lo perseguimos. Para ampliar las bases de apoyo estable, adoptamos la táctica de avanzar en oleadas. Cuando nos persigue un enemigo poderoso, adoptamos la táctica de dar rodeos. Movilizar a la mayor cantidad de masas en el menor tiempo posible y con los mejores métodos a nuestro alcance. Estas tácticas son como manejar una red; debemos ser capaces de tenderla o recogerla en cualquier momento. La tendemos para ganarnos a las masas, y la recogemos para hacer frente al enemigo.
Su llamado a centrarse en el armado de un movimiento guerrillero popular y los modos de acción sugeridos tuvieron gran influencia en China y fuera de ella. Mao concluye este trabajo con una meditación sobre la inevitabilidad revolucionaria:
Los marxistas no son adivinos. Deben y pueden señalar solo el rumbo general del desarrollo futuro y los cambios venideros; no deben ni pueden fijar en forma mecánica el día y la hora. Sin embargo, cuando digo que surgirá pronto un auge revolucionario en China, de ningún modo me refiero a algo que, según dicen algunos, “tiene la posibilidad de surgir”, algo ilusorio, inalcanzable y absolutamente desprovisto de significado práctico.
Luego adopta un tono poético para ilustrar el punto:
El auge revolucionario es como un barco en el mar, del cual se divisa ya desde la costa la punta del mástil; es como el sol naciente, cuyos rayos luminosos se ven a lo lejos en el oriente desde la cumbre de una alta montaña; es como una criatura que va a nacer y se agita impaciente en el vientre de la madre.
Tras la publicación de este texto, el comunismo ruso anunció que Mao había muerto de tuberculosis y publicó un obituario. Desde ya, el agitador chino estaba vivito y coleando. Y escribiendo. Cuatro meses después de su ensayo previo, Mao produjo Oponeos a la veneración de los libros , que constituye básicamente un ataque conceptual al modo de proceder de los comunistas teóricos rusos y de los comunistas chinos conformistas. “Si no habéis investigado un problema, os veréis privados de vuestro derecho a hablar sobre él”, postula. “¿No es eso demasiado duro? En absoluto. Si no habéis ahondado en un problema, en los hechos presentes y en su historia pasada, y no sabéis nada de lo que en él resulta esencial, todo lo que digáis sobre él carecerá indudablemente de sentido.” Mao no tenía instrucción soviética, no leía ruso ni alemán –las lenguas de Lenin y Marx– y sostenía que el marxismo era fantástico pero que al aplicarlo al contexto chino debía considerarse la realidad china, no la rusa. Esto no caía bien entre los comunistas soviéticos, quienes iniciaron un programa de adoctrinamiento de ideólogos chinos con la intención de que estos comandaran el PCCH. Mao los cuestionará con dureza en su ensayo. “¿Cómo puede un comunista tener los ojos cerrados y decir cosas sin sentido?… Únicamente un imbécil se devana los sesos solo o en grupo para «encontrar una solución» o «desarrollar una idea» sin primero hacer una investigación”. Los enviados chinos de Moscú acusaron a Mao de ser un “faccionalista”, una caracterización grave que en la jerga significaba no atenerse a la línea partidaria. “Por supuesto que debemos estudiar los libros marxistas”, dirá Mao, “pero este estudio debe integrarse en las condiciones reales de nuestro país”.
Él hace hincapié en analizar empíricamente la situación en el terreno con el fin de alcanzar una evaluación correcta y formular tácticas correctas para la lucha de clases; de lo contrario, solo existirá una percepción idealista del cuadro. Propone hacer una investigación sobre las clases sociales, a las que enumera: el proletariado industrial, los trabajadores manuales, los jornaleros agrícolas, los campesinos pobres, los pobres urbanos, el lumpenproletariat , los maestros artesanos, los pequeños comerciantes, los comerciantes medianos, los campesinos ricos, los terratenientes, la burguesía comercial y la burguesía industrial. Alega que la victoria de la lucha revolucionaria dependerá de la comprensión de las condiciones chinas por parte de los camaradas chinos. Se irrita ante aquellos que invocan la santidad de la palabra escrita por sobre una indagación empírica real. “Si se dice en un libro, es cierto: esa sigue siendo la mentalidad de los campesinos chinos atrasados. De manera bastante extraña, en el Partido Comunista hay también personas que en el curso de un debate siempre dicen: «Muéstrame el libro en que eso está escrito»”. Mao busca sacudir de su letargo a los burócratas vagos que “comen hasta hartarse y dormitan en las butacas de sus oficinas todo el día sin nunca dar un paso al frente y salir a investigar entre las masas”. Para despertarlos, les grita: “¡Cambiad sin demora vuestras ideas conservadoras! ¡Sustituidlas por ideas comunistas progresivas y combativas! ¡Sumaos a la lucha! ¡Introducíos entre las masas e investigad los hechos!”.
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