Los errores a evitar:
Intentar pasar una barra sin conocer el lugar y sin pedir ayuda. Lo más lógico es dirigirse por VHF al faro local para conocer las condiciones del paso, si han cambiado en los últimos temporales, si el balizamiento está actualizado, en resumen, si es seguro entrar con las condiciones del momento. Normalmente se ofrecen a dirigirte siguiéndote por el radar y dándote instrucciones por la radio. Si eres muy confiado también puedes seguir a un barco local que esté entrando, pero yo no lo aconsejo porque su calado puede ser mucho menor que el del velero o la potencia de su motor mucho mayor que la tuya. En esos puertos no es raro encontrar lanchas pequeñas con 300 CV o más.
No tener en cuenta el valle de la ola para descontarlo de calado. Si una barra tiene dos metros de calado al presentarnos frente a ella, y el mar de fondo son olas de un metro, en el valle de la ola el calado es medio metro menos (solo de 1,5 metros) y el barco puede clavar la quilla en el fondo.
Arriesgarse a pasar con viento fuerte. En este caso se formarán olas rompientes peligrosas en los bajos fondos.
Arriesgarse a pasar en el momento en que las corrientes que se oponen son más fuertes, lo que suele ocurrir al final de la bajamar y con viento del Oeste (la fuerza de la corriente del río más la marea vaciante contra el mar de fondo y el viento). Además es cuando el calado es menor, y con más probabilidad las olas serán rompientes.
Intentar dar media vuelta en mitad del paso con olas rompientes. Una vez afrontado hay que tirar para dentro pase lo que pase, porque dar media vuelta con rompientes conduce casi irremisiblemente al vuelco.
Hay que tener en cuenta que también existe lo que se llama el “efecto barra” que es la aparición de olas rompientes en sitios con mucha profundidad (sin una barra física de arena que produzca un bajo fondo) y que se debe solo al enfrentamiento de dos corrientes de agua: la que baja del río y la que viene del mar empujada por la marea creciente y el mar de fondo. Es lo que nos encontramos en la vuelta a España en la desembocadura del Guadalquivir, uno de los momentos más peligrosos de aquella navegación.
Las principales barras que nos encontraríamos en la vuelta a Francia son:
Las bocas de Arcachon, el tercer paso más peligroso de Europa, y que esperaba poder evitar pasándolo de largo. Ya había estado varias veces en Arcachon y no me merecía la pena volver a entrar.
El estuario de La Gironde, aunque también había estado ya tres veces, este me temía no poder evitarlo porque si pasaba de largo por Arcachon llevaría ya unas 150 millas de navegación (en línea recta, con los bordos el doble o el triple) desde Hondarribia. Es un anchísimo estuario donde desemboca el Gironde (Garona), plagado de bajos fondos, con dos pasos navegables estrechos, y limitado al Norte por el banco de “La Mauvaise” (“La malvada”) cuyo nombre da idea de su peligrosidad.
La barra del Pertuis de Maumusson, el paso por el Sur de la Isla de Oléron. Te permite alcanzar el sotavento de esa enorme isla, continuar hacia el Norte por aguas abrigadas y visitar el río Charente y la ciudad de Rochefort pasando una esclusa, pero sin desarbolar. En nuestra anterior navegación a Bretaña no se dieron las circunstancias para atravesar este paso y tuvimos que renunciar, lo que nos obligó a seguir hasta La Rochelle por fuera de Oléron.
La barra del río Etel, en Bretaña Sur, una ría cerrada por un banco de arena que solo puede pasarse en pleamar y sin olas, y siguiendo las indicaciones del práctico o del semáforo situado a su entrada. Cambia de un día a otro. Solo es accesible de tres horas antes a dos horas tras la pleamar, y hay un semáforo que indica si está permitido o no el paso.
Muchos otros puertos y ríos de Bretaña y de la Mancha que sería interminable mencionar.
3.Las aceleraciones del viento en cabos y estrechos
Igual que el agua, cuando el viento es forzado a pasar por un estrechamiento entre acantilados se acelera. Pasa lo mismo cuando se encuentra un cabo, al que debe contornear dando un rodeo sin que las partículas de aire se aparten del resto de la masa, que se comporta como un todo. Se produce entonces un incremento de la fuerza del viento en las proximidades del promontorio, en un área semicircular con forma de abanico centrada por la punta del mismo. El incremento puede llegar a ser de dos escalones en la escala Beaufort.
En los estrechos la máxima aceleración del viento suele ser en el centro, mientras que en los cabos se produce una ligera aceleración muy cerca de la costa, y una aceleración más fuerte por fuera de la anterior. A algunas millas del cabo deja de notarse. Si además el cabo es alto y montañoso, a sotavento puede añadirse un viento “catabático”, al acelerarse el aire por el descenso de la cara de sotavento de la montaña.
Los errores a evitar:
Pasar muy cerca de un cabo con viento fuerte, sobre todo si es de cara, sin haber tomado rizos antes de abordarlo. Podemos encontrarnos en dificultades para tomar los rizos cuando estamos ya dentro de la coctelera.
No tomar en consideración el paso de un cabo en la planificación de la ruta. Un cabo pasado de ceñida añade varias horas a la planificación de la jornada, y eso en el canal de la Mancha puede significar que se invierte la corriente de marea y no llegas a destino.
Pensar que el reforzamiento del viento terminará al franquear el cabo. El reforzamiento es un semicírculo que continúa tras franquear el cabo, y si se añade el viento catabático tras un relieve montañoso, puede ser más acusado incluso a sotavento.
El principal cabo que tendríamos que superar, el punto más rojo candente de la navegación, sería el cabo de La Hague. Es como un cuerno que sale de Francia y se introduce casi hasta el centro del canal de la Mancha, acelerando los vientos, tanto del Este como del Oeste, en dos grados (si entras con fuerza 5, en su entorno habrá fuerza 7). Además allí está también el Raz Blanchard, la corriente de marea más poderosa del viaje, que como dije puede alcanzar once nudos. Por suerte hay una ruta alternativa, aunque dando un gran rodeo, y si las condiciones son malas podríamos pasar por fuera de la isla de Alderney. En resumen, un paso podrido donde parece que han querido juntar un túnel de viento con un canal de experiencias hidrodinámicas para poner a prueba nuestros conocimientos. Nosotros lo llevábamos marcado con boli rojo desde la salida de Santander. Tendríamos que pasar por otros cabos, pero ninguno tan amenazante como ese coloso.
4.Los fenómenos tormentosos
Un fenómeno tormentoso es una circulación violenta de aire en sentido vertical bajo una nube, generalmente un cumulonimbo (esas nubes algodonosas verticales que arriba terminan en una superficie plana, con forma de yunque). A pesar de su estética, para los navegantes son un peligro pues su gran desarrollo vertical produce corrientes de aire muy fuertes alrededor, además de fenómenos eléctricos (rayos y truenos). Se origina por el calentamiento de la superficie del mar, que hace ascender aire caliente a las alturas de la nube (que pueden estar a trece kilómetros del suelo). La nube va engordando a base de succionar aire de alrededor. Ese aire, al llegar a las alturas, se enfría y condensa el agua, que vuelve a caer al mar cargado de lluvia y con fuerza, por el interior del tubo que forma el aire caliente al ascender. Es lo que llamamos un chubasco, donde el viento puede alcanzar 40-50 nudos, o sea fuerza 8 o 10. Desde lejos se ve que la superficie del mar bajo la nube pasa de azul verdadero a blanca, por el agua revuelta por el viento y las salpicaduras de la lluvia. Si hay veleros se ve cómo los escoran las ráfagas, con los mástiles casi en la horizontal. Normalmente estas tormentas duran desde unos minutos a pocas horas, pero hay que evitarlas a toda costa.
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