Fuente: Lewin (1982).
Figura 3.5 Alce irlandés
Los cuernos del alce irlandés, ya extinguido, son una extravagancia de la naturaleza.
Fuente: imagen de Wikipedia.
No son raras tampoco las especies que no presentan dimorfismo sexual, y se da el caso, más raro aún, de especies con dimorfismo sexual invertido; esto es, el mayor tamaño y los adornos recaen en las hembras. La jacana, ave africana, es un ejemplo que ilustra este último caso: la hembra es poliándrica y más agresiva que los machos, ejecuta las danzas para conquistar la pareja y luce el plumaje brillante y vistoso. Los machos, siguiendo una lógica natural de complementariedad, portan un plumaje deslucido, son menos agresivos, asumen una actitud más pasiva y son los encargados de cuidar las crías.
Selección por parentesco
El modelo propuesto originalmente por Darwin no tenía en cuenta, para determinar la eficacia biológica de los individuos, sino las capacidades reproductivas y de supervivencia. De ahí que resultara insuficiente para explicar el comportamiento altruista, tan común en una inmensa variedad de especies animales. De acuerdo con la teoría original de Darwin, toda conducta altruista, o sea aquella que sacrifica eficacia biológica para beneficio de otros, tendería a ser desfavorable para el benefactor y, por tanto, no tendría oportunidad de ser seleccionada durante el proceso evolutivo. Para superar esta dificultad, los evolucionistas W. Hamilton y L. Trivers propusieron incorporar en la eficacia biológica, y al mismo tiempo darle gran peso en el proceso selectivo, un componente altruista de parentesco, o capacidad de cooperación con el grupo familiar, de lo cual derivó su nombre de selección por parentesco.
Deriva genética
La deriva genética ha sido propuesta como una solución para explicar la especiación. Se parte de la existencia de una pequeña población fundadora —de ahí que también se lo conozca con el nombre de efecto del fundador— que por algún suceso raro y fortuito queda aislada geográficamente de la población principal. Al reducirse de manera drástica el tamaño del grupo, los fenómenos implicados en la mutación y en la selección pierden automáticamente su regularidad estadística y, de esta manera, los caprichos del azar entran a desempeñar el papel principal en la orientación que ha de seguir el desarrollo evolutivo. La velocidad del proceso puede, en algunos casos, resultar tan alta que dé lugar a la aparición de una nueva especie en un periodo de tiempo relativamente breve.
Peter Williamson, paleontólogo británico, estuvo dedicado durante el decenio de 1970 a coleccionar conchas de moluscos en el lago Turkana, en Kenia, trabajo que lo condujo, sin esperarlo, a un excitante descubrimiento que sirvió para probar algo que muchos evolucionistas todavía no aceptan: que por medio del gradualismo también pueden crearse nuevas especies. En unos pocos metros de sedimento, una capa que puede tener cinco mil años de antigüedad en su parte superior y cincuenta mil en la inferior, trece clases de moluscos se habían transformado gradualmente hasta convertirse en nuevas especies. Y lo más interesante de todo: existía el registro fósil de todas sus formas intermedias, para desespero de los creacionistas. Una razón geológica ayuda a explicar tan venturoso registro. La inestable geología del lago y sus alrededores ha venido modificando de manera repentina y con una frecuencia relativamente alta el nivel de las aguas. Ha sido común, entonces, que grandes extensiones de agua queden aisladas del resto, aislamiento geográfico que ha sido postulado como factor importante en el proceso de especiación.
La deriva genética, en consecuencia, se puede enmarcar dentro del modelo evolutivo propuesto; precisamente, cuando las variables aleatorias, debido al pequeño tamaño de la población, toman valores que en poblaciones grandes están prohibidos por la ley de los grandes números.
Neutralismo
Una corriente evolutiva bastante apartada de las anteriores es la conocida hoy con el nombre de neutralismo. Los neutralistas (Kimura, 1979) distinguen dos niveles de evolución: el fenotípico y el molecular. Para la evolución en el plano fenotípico reconocen como modelo principal el que ya hemos estudiado de mutación y selección natural. No obstante, sostienen que a escala molecular, la mayor parte del cambio genético se reduce a mutaciones neutras —de ahí el nombre de neutralismo—, pues su carácter inocuo hace que el fenotipo no sufra modificaciones y, en consecuencia, que los genes mutados resulten inmunes a todo tipo de selección natural. Algunas de estas mutaciones, las afortunadas, a pesar de ser neutras, se fijan de manera definitiva en la población y enriquecen el patrimonio genético de la especie, lo que la vuelve más versátil y le da un mayor potencial evolutivo.
Según la opinión autorizada de algunos biólogos, la parte más importante del cambio evolutivo se debe a la modificación de los genes reguladores, esto es, aquellos genes que controlan la acción de otros. El hombre, por ejemplo, presenta un retardo temporal en su desarrollo, de tal modo que es el único animal que a los cinco años es incapaz de valerse por sus propios medios. Y este afortunado retardo puede ser causado por algunas modificaciones en los genes reguladores del crecimiento. Los neutralistas, al estudiar la evolución de las proteínas, solo están considerando las modificaciones de los genes estructurales, no la de los reguladores, de ahí que para poder explicar el cambio a escala fenotípica tengan que complementar su propuesta con la teoría clásica.
Dentro del modelo general presentado en este libro, las mutaciones neutras pueden propagarse en las generaciones futuras. Todo dependerá del simple azar —o de la suerte, otra forma de decirlo—, dado que el agente selector no puede actuar directamente sobre ellas por causa de su insípida neutralidad. La probabilidad de propagación dependerá del tamaño de la población, y será mayor a medida que esta se reduzca. De todos modos, no existe contradicción fundamental entre el modelo neutralista y el general, pudiéndose pensar que el neutralismo es más un complemento a la evolución por selección natural que una teoría independiente; una forma de aumentar el potencial de variaciones genéticas y, en consecuencia, de acelerar el ritmo evolutivo cuando las condiciones del nicho lo propicien. El neutralismo se constituye en una especie de preadaptación genotípica que le sirve de abono al árbol de la vida.
La evolución vista desde el adn
El imperativo fundamental de la vida es conservarse viva. Para ello, los individuos y sus descendientes deben sobrevivir y reproducirse. El compendio de estas virtudes es lo que los evolucionistas han bautizado con el nombre de eficacia biológica o reproductiva, codificada con envidiable economía en todos los materiales genéticos de las especies que han superado los desafíos del tiempo y ahora nos acompañan en el mundo. La evolución ha modelado, para cada nicho o entorno disponible, una forma de vida estupendamente adaptada a él. Para cada nicho ha diseñado un organismo óptimo, después de maximizar con extrema lentitud su eficacia reproductiva. La clave genética, si le damos tiempo suficiente, ajusta perfectamente los organismos a su ambiente, como la llave a la cerradura.
Vistos desprevenidamente, los organismos dan la impresión de ser máquinas diseñadas solo para sobrevivir y reproducirse. Alguien, de forma simplificada, decía que aquellos son los instrumentos con los que el adn hace sus multiplicaciones y la selección natural sus restas. Si enfocamos el asunto desde la perspectiva del adn, todo parece ocurrir como si este se mantuviese en permanente competencia con el de los congéneres, a fin de obtener una máxima representación en las generaciones siguientes, y que, de algún modo, manipulara los organismos que lo contienen con miras a lograr este propósito. Samuel Butler resumía con agudeza estas ideas al decir que una gallina no era más que el medio que utilizaba un huevo para producir otros. Parafraseando lo dicho por Butler, un biólogo afirmaba que el organismo no es más que el medio que utilizaba el adn para producir más adn.
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