Figura 3.1 El Beagle, barco en el que Darwin hizo su travesía
Fuente: imagen de Wikipedia.
Durante el siglo xx y en distintas oportunidades se han propuesto teorías o modelos de procesos evolutivos que, mirados superficialmente, dan la impresión de tratarse de propuestas completamente diferentes; sin embargo, como se mostrará en los párrafos siguientes, todos ellos son en realidad casos particulares del modelo general presentado en el capítulo anterior. Más aún, algunos pensadores le han dado a ese mecanismo de variación y selección el carácter de principio universal, el único capaz de crear complejidad sin necesidad de recurrir a ningún tipo de ayuda exterior. El filósofo vienés Karl Popper considera que dicho mecanismo está presente en la base misma de la creatividad del cerebro humano. Asimismo, como se demostrará más adelante, el mismo principio es el motor principal de toda la evolución cultural.
Adaptación y especiación
En el transcurso del proceso evolutivo pueden reconocerse dos etapas o fases bien definidas: la adaptación y la especiación. Durante la adaptación, los organismos se modifican en consonancia con las variaciones que presente el nicho a lo largo del tiempo; pero los distintos grupos que conforman una misma especie pueden cruzarse libremente entre ellos y compartir un conjunto de características fundamentales que permiten identificarlos como coespecíficos. Por otra parte, consideran los biólogos que ha ocurrido especiación, esto es, que ha aparecido una nueva especie o rama biológica, cuando un grupo particular de organismos se ha modificado hasta llegar a un punto en que ya sus individuos no pueden cruzarse de forma natural con sus antiguos compañeros. Dícese entonces que se ha producido aislamiento reproductivo, hecho que nos sirve de argumento para clasificar la rama recién aparecida como una nueva especie. En ocasiones, cuando los cambios ocurridos no son significativos, se habla de subespecie.
A veces el aislamiento reproductivo no es completo y, sin embargo, se habla de especies diferentes. Los caballos y los asnos pueden cruzarse naturalmente, pero la progenie no resulta fértil, por lo cual hasta ese punto llegan los híbridos. En otros casos, si bien el cruce no se da de forma natural, sí es posible obtenerlo en condiciones artificiales —zoológico o laboratorio—. El tigre y la leona pueden cruzarse para obtener el tiglón, y el león y la tigresa dan lugar al ligre, cruces que demuestran que estas dos especies, si bien presentan diferencias externas visibles, poseen genomas bastante similares.
Cuando el nicho ecológico es muy variable, la población que lo ocupa, con el fin de lograr una mejor adaptación, se ve obligada a estar cambiando permanentemente, y de esa manera describe una trayectoria de persecución, carrera que puede conducirla muy rápidamente, por acumulación de pequeños cambios, a un extremo en el cual ya no es posible ningún cruce genético con la población original. A partir de ese momento, cada una de las familias comenzará a evolucionar independientemente, sin posibilidades de volverse a mezclar de manera natural. Anotemos que a veces los grupos de organismos siguen caminos tan divergentes que resulta difícil reconocer su antiguo parentesco.
Es posible imaginar otros mecanismos de especiación más rápidos y contundentes. Pueden darse, por ejemplo, variaciones en el número de cromosomas, por fisión o por fusión (se sospecha que el chimpancé y el hombre fueron separados por la fisión de dos cromosomas simiescos, para formar con ellos uno prehumano). En el fenómeno conocido con el nombre de poliploidía, dos o más juegos completos de cromosomas pasan al huevo fecundado y dan lugar en un solo paso evolutivo a un individuo con características nuevas. Asimismo, es posible introducir modificaciones significativas en los cromosomas por supresión o por adición de todo un segmento de adn, o por inversiones dentro de un cromosoma.
M. J. D. White, genetista australiano, ha dado a conocer una serie de casos de especiación por mutaciones cromosómicas dentro de los saltamontes ápteros del sur de Australia (Blanc, 1982). Todo parece indicar que se formaron siete especies y se aislaron reproductivamente en el interior del área de distribución, gracias a una barrera reproductiva provocada por las mismas mutaciones. Neil Todd cree que la escisión cariotípica, una forma especial de fisión cromosómica, ha participado en la evolución del perro a partir del zorro, del cerdo a partir del jabalí y de los monos antropomorfos a partir de los otros (Margulis y Sagan, 1995).
La ingestión simbiótica, esto es, el acto de un microorganismo que ingiere otro de menor tamaño y, luego, en vez de digerirlo, lo pone a trabajar de manera cooperativa, es otro mecanismo posible de especiación rápida —más adelante se estudiará con cierto detalle este importante caso—. Por último, no puede descartarse la existencia de otros mecanismos de especiación aún desconocidos por la ciencia.
La especiación y la adaptación pueden ocurrir dentro de una amplia gama de velocidades. La estabilidad o inestabilidad del nicho y la riqueza en diversidad genética existente en la población son factores determinantes de la velocidad evolutiva. Se sabe que la inestabilidad del ambiente y la riqueza genética de una población conducen a modificaciones rápidas; en cambio, la estabilidad ambiental, unida a la pobreza en diversidad genética, se traduce en baja tasa evolutiva.
Si un nicho se mantiene estable durante un intervalo de tiempo suficientemente largo, la especie que lo ocupe de manera permanente conseguirá al cabo de un tiempo una perfecta adaptación. A partir de ese momento la evolución parecerá detenerse, fenómeno conocido con el nombre de estasis (no se confunda con éxtasis). Varias familias de trilobites se conservaron sensiblemente iguales durante trescientos millones de años, y las ostras no han cambiado de forma —ni de sabor, conjetura gastronómica de Jacques Monod— desde la época de los dinosaurios. La cacerola de las Molucas, una especie de cangrejo, y el celacanto, un pez primitivo, conservan su aspecto exterior inmodificado desde hace más de ciento cincuenta millones de años. Criaturas, estas, que le han sabido jugar escondites a la evolución.
Selección artificial
Mucho antes de que Darwin publicara El origen de las especies, los granjeros simulaban, sin comprenderlo, el mecanismo de selección natural, al escoger sus mejores ejemplares para reproductores. Y los agricultores seleccionaban con cuidado las semillas de las plantas más fértiles y productivas, pues creían poder así mejorar las especies.
Los éxitos de este procedimiento, conocido como selección artificial, han sido numerosos y trascendentales en la evolución de la cultura humana. Del lobo —del zorro, para otros—, en solo doce mil años de domesticación, el hombre ha obtenido un número grande de razas de perros, algunas tan distantes en forma y tamaño como el pinscher miniatura y el san bernardo (véase figura 3.2). El maíz fue transformado, en menos de cinco mil años, de la variedad primitiva, la teocinte, una planta esmirriada y de pocas espigas, a la forma actual de alto rendimiento. Las gallinas leghorn ponían un promedio de 125 huevos por año en 1930; después de treinta años de intensa selección, este promedio se había elevado espectacularmente a 250. Hoy pasan de 310.
Figura 3.2 Diferentes razas de perros
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