Hoy nos toca vivir un tiempo de inestabilidad en el que conviven dos realidades en conflicto: de un lado, el viejo y “despreocupado” mundo que se desentiende de las limitaciones del planeta, y de otro, el que las reconoce y, en consecuencia, pone en marcha procedimientos que permiten transformar esas limitaciones en oportunidades.
Ahora bien, estos mundos son muy distintos. El primero es el dominante, es la referencia para muchos, el que da forma a las principales estructuras económicas e institucionales y el que, con su prolongada trayectoria de éxito, alimenta la convicción de que su continuidad es inevitable. El segundo, en cambio, puede verse como un grupo de islas donde las personas piensan y actúan de maneras muy distintas. Es aún demasiado pronto para saber cómo será en el futuro ese archipiélago formado por estos nuevos micromundos; quizá permanezca estable durante mucho tiempo, pero también, incluso, puede llegar a desaparecer, hundido en un mar plagado de esas otras formas de ser y de hacer tan insostenibles. Del mismo modo, puede revelarse como la parte ya visible de una tierra sumergida: como el nuevo continente de la civilización sostenible que ha de surgir de esa transición.
Este panorama del que forman parte nuestras vidas y las decisiones que tomamos, es en el que se sitúa el presente libro: lo que termine siendo ese continente dependerá de muchos factores, algunos como consecuencia de opciones que ya hemos elegido; otros, de lo que hacemos en este momento, y no pocos, de lo que hagamos en el futuro. Se trata de una transición (larga para nosotros, pero corta para la historia del mundo) en la que hemos de aprender a vivir y a vivir mejor en esas nuevas islas y, al hacerlo, anticipar lo que será la calidad de vida en ese continente emergente.
Un horizonte así es también el espacio en el que se hace más evidente el vínculo entre diseño difuso y diseño experto, una relación que se desarrollará conforme ambos trabajen juntos para resolver los muchos y diversos problemas a los que nuestras sociedades tendrán que enfrentarse; pero este no será el único campo en el que hayan de colaborar. Si lo que debe surgir es una nueva civilización, el reto no será sin más un problema pendiente de solución; una civilización se forma, sobre todo, por valores, por cualidades y, en términos más generales, por sistemas con sentido. Esto es, por tanto, lo que necesita esa nueva civilización si quiere hacerse realidad, lo que el diseño, tanto el difuso como el experto, debe contribuir a crear. Si bien es cierto que las capacidades para diseñar se expresan tanto en la solución de problemas como en la creación de sentido, queda mucho por hacer en ambos aspectos desde la perspectiva de esta nueva civilización. Es sobre todo en lo segundo, en proporcionar sentido a las cosas, donde el diseño debe demostrar su especificidad, donde puede hacer una contribución más original que cualquier otra disciplina.
3. El libro arranca con lo local y con lo cotidiano, con la gente ocupada en sus problemas de cada día, con sus oportunidades y, en última instancia, con el sentido de su propia vida. Vemos, cada vez con más frecuencia, cómo estas personas (re) descubren el poder de la colaboración para aumentar sus capacidades y cómo este (re) descubrimiento da lugar a nuevas formas de organización (organización colaborativa) y a nuevos ingenios que ofrecen soluciones integradoras, un redescubrimiento del que los expertos en diseño son parte activa. Ellos son a la vez agentes internos y externos; son parte de ese cambio social, porque se ven obligados a actuar de una manera hasta ahora desconocida, pero también son los promotores de esa transformación porque colaboran activamente a crear las condiciones que la hacen posible.
Con el sentido que le otorgamos aquí, la dimensión local no es tan solo una cuestión de alcance. En un mundo conectado, lo que ocurre a nivel local sufre la influencia en tiempo real de acontecimientos que tienen lugar en cualquier parte del planeta. En definitiva, lo local, que es nuestra interconexión con el resto del mundo, es además un punto de vista (el mundo tal y como lo vemos desde donde estamos) y un punto de acción (la acción que podemos ejercer sobre el mundo desde donde estamos). Sin duda, lo que logremos ver o hacer y, de esa forma, consigamos diseñar, depende de la calidad de esa interconexión que a su vez es el resultado de entrelazar las actividades del diseño.
El protagonista de nuestra historia es un sujeto inmerso en el día a día, que toma parte en diferentes debates, un nodo integrado en distintas redes y un actor en diversas formas sociales. Desde su punto de observación y de acción, diseña y codiseña sus actuaciones en el mundo a la manera de un bricoleur, busca materiales útiles a su alrededor (productos y servicios, pero también ideas y conocimiento) y, al adaptarlos y reinterpretarlos, compone con ellos su proyecto de vida.
Con mucha frecuencia, la actual innovación social y cultural contribuye a que nuestro protagonista piense en su proyecto vital, o en una parte de él, de forma colectiva. De ese modo, descubre (o más bien redescubre) la fuerza que otorga hacer cosas junto a otros; en consecuencia, en el núcleo de este libro, echamos un vistazo a un fenómeno novedoso que tiene que ver con un número creciente de personas que han roto o están a punto de romper con su rutina, y experimentan otras formas de vivir y producir más colectivas. En resumen, cada vez más gente impulsa una gran ola de innovación social.
Opiniones recientes sostienen que el apoyo a esa innovación proporciona respuestas concretas y prácticas a problemas difíciles como son los derivados de una población cada vez más envejecida, los que tienen que ver con el tratamiento de enfermedades crónicas, con la integración cultural de los inmigrantes o con la recalificación de las ciudades y los asentamientos marginales que las rodean. Sin embargo, la innovación social es, o podría ser, mucho más que esto porque, con frecuencia, estas formas de vida y de producción logran poner en sintonía el interés individual con el interés social y ambiental. Por ello, pueden verse también como pasos concretos hacia la sostenibilidad, como aplicaciones locales de una idea de bienestar basada en una nueva ecología de las relaciones entre las personas, y entre ellas y su entorno; una oportunidad a través de la cual las nuevas tendencias abren posibilidades hasta ahora desconocidas.
Durante esta pasada década, el auge de Internet, los teléfonos móviles y los medios de comunicación junto con la innovación social, permitió crear una nueva generación de servicios que no sólo aportan soluciones sin precedentes a complicados problemas sociales, sino que cuestionan también nuestras ideas de bienestar y la relación entre el ciudadano y el Estado. Actualmente, en paralelo a esta última, existe otra convergencia en proceso. La asombrosa innovación tecnológica que tiene lugar en el campo de los sistemas de fabricación debido a la miniaturización de las unidades productivas ofrece la posibilidad de crear nuevas redes de producción y consumo: los sistemas distribuidos. La posible confluencia entre sistemas distribuidos e innovación social podría hacer surgir redes de microempresas capaces de revolucionar el sistema productivo, aumentar la dimensión local y redistribuir las actividades de producción y las oportunidades de trabajo justo en la dirección opuesta a la que era predominante durante las décadas pasadas.
La posibilidad de acelerar y orientar esta doble convergencia requiere un programa de investigación en diseño. Si tenemos en cuenta que en esa transición la sociedad en su conjunto ha de verse como un enorme laboratorio para la experimentación social, lo primero es fomentar y orientar estas iniciativas a todos los niveles y en todos los campos en los que pueda aplicarse; lo segundo es mejorar líneas de acción que consistan en replicar las mejores soluciones y conectarlas; la experimentación y la replicación son dos procedimientos complementarios que en esta transición permiten experimentar nuevas soluciones para consolidar y reproducir aquellas que sean mejores. Por último, es necesario que todas esas pequeñas iniciativas estén conectadas para que tengan un mayor impacto.
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