Así te ves mejor, crucificado.
Bien quisieras herir, pero no puedes.
Quien acertó a ponerte en ese estado
no hizo cosa mejor. Que así te quedes.
Dices que quien tal hizo estaba ciego.
Alfredo R. Placencia
No lo digas; eso es un desatino.
¿Cómo es que dio con el camino luego,
si los ciegos no dan con el camino?...
Convén mejor en que ni ciego era,
ni fue la causa de tu afrenta suya.
¡Qué maldad, ni qué error, ni qué ceguera!
Tu amor lo quiso y la ceguera es tuya.
¡Cuánto tiempo hace ya, Ciego adorado,
que me llamas, y corro y nunca llego!...
Si es tan sólo el amor quien te ha cegado,
ciégueme a mí también, quiero estar ciego.
¿Tú sostienes el orbe con un dedo…?
Eso, a decir verdad, no es maravilla.
Puedo yo más que Tú. Yo soy de arcilla
y, ya lo has visto en el altar: ¡Te puedo!
¿Piensas poder más Tú…? Te desafío.
Y si es así que tu potencia es mucha,
lucha conmigo, vénceme en la lucha
y a Ti no más te ame, Jesús mío.
Tomado de: Velasco, Sara, Escritores jaliscienses . Tomo I (1546-1899). Guadalajara: Universidad de Guadalajara, 1982, pp. 305-308.
La noche de bodas de María Félix en Chapala
Óscar Guillermo Solano García
Un edificio de ladrillos expuestos reclama la atención. Hay policías en las puertas, otros turistas como él toman fotografías, a lo lejos hay un hombre que vuelve la mirada para ver el edificio una vez más, antes de perderse entre el destello de árboles, luz y agua.
Las letras de la fachada le dicen que aquel edificio es el Palacio Municipal. ¿Eso es lo que mira la gente? Al centro, entre dos columnas, hay una placa que pretende dar una explicación: “ Hotel Nido. Fundado a principios de siglo… ” El turista levanta los ojos y valora la arquitectura, ¿esa construcción de estilo renacentista explica el ensueño que empieza a sentir? Regresa los ojos a la placa y continúa leyendo: “ …en este lugar la actriz María Félix pasó su primera noche de boda ” En su memoria, como si el viento trajera desde el lago la plática de dos ancianos que se empeñan en pescar, aparece una historia imprecisa: 8 de abril de 1914 en Álamos, Sonora, una niña nacida de yaqui y vasca; 1929, una adolescente llega a Guadalajara y desfila por sus calles coronada reina de la belleza estudiantil; 1931, la adolescente llega vestida de blanco a ese edificio de ladrillos expuestos –el turista alarga los dedos y los roza como tratando de anclar las memorias que vuelven mito-; 1940, Ciudad de México, en una calle llamada Francisco I. Madero una mujer mira los escaparates y alguien se le acerca para proponerle trabajar en el cine, la mujer le contesta “que si le da la gana, lo hará”.
Como una película que se sale del carrete, o se quema desde el centro hacia los bordes, aparece un personaje vuelto realidad: Doña Bárbara ; unos ojos que se desperezan en un close up obsesivo: Enamorada ; un rostro mimetizado con el de la Virgen: Tizoc . El turista prosigue su camino hacia el lago porque todavía tiene muchas cosas qué ver, porque estorba el paso en la acera. Más adelante, cuando vuelva la cabeza sobre su hombro para mirar la placa por última vez, aceptará que ante ese nombre no pudo sostener la mirada.
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