A esta aserción puede oponerse el hecho cierto de que el universo de los astros, los objetos, las plantas y los animales es anterior al hombre. De ninguna manera puede negarse que eso sea verdad, pero ello no quiere decir que haya habido mundo sin el hombre. Todo ese conjunto de entes conforman un mundo desde el momento en que hay una conciencia para la cual tienen una significación. Por ejemplo, para los perros no existen las sillas y los escritorios, pues para que ello ocurriese deberían tener significación acciones tales como sentarse y escribir. Prescindimos del problema de la existencia de seres superiores al hombre, pues lo que aquí nos interesa destacar es que el mundo solo existe cuando hay una conciencia para la cual tenga una determinada significación.
En el caso de que postulásemos la existencia de Dios como ser eterno, entonces antes de la existencia del hombre podríamos hablar de la existencia de un mundo, pero solo para Dios, siempre que este tuviese algún tipo de encarnación, pues de lo contrario sería un dios a la manera del acto puro o motor inmóvil, totalmente vuelto hacia sí mismo, sin ninguna relación con algo fuera de él, y en consecuencia sin mundo. Pero evidentemente ya nos encontramos en plena teología, fuera del ámbito en que nos hemos situado para nuestro estudio.
Luego veremos cómo el hombre no recibe pasivamente la significación que se le da a las cosas, sino que él se la confiere. Él es el agente de las significaciones, si bien no lo es de una manera arbitraria. El acto de conferir significaciones tiene su fundamento en la apropiación-creación. Los entes significan algo en la medida en que el hombre se los puede apropiar en un acto creador. Las sillas significan algo en la medida en que el hombre pueda hacerlas suyas, utilizándolas para sentarse. La necesidad de sentarse otorga una significación a un objeto que el hombre crea para satisfacer dicha necesidad.
Apropiación-creación-significación , un trío de conceptos que se coimplican. No puede darse separación. Lo que de alguna manera no se puede crear nada significa. Allí donde el hombre pierda cada vez más el poder de creación para limitarse a la manipulación de objetos ya hechos, los objetos van perdiendo su significación. Todo se torna anodino.
Es evidente que un mismo ámbito de entes configura diversos mundos, de acuerdo con las conciencias con las que se relaciona. Así por ejemplo el agua, el sol, la tierra… no significan exactamente lo mismo para un empresario, un agricultor, una lavandera, un albañil o un científico. Cada uno de ellos vive en mundos distintos, y no puede decirse que solo uno de ellos sea verdadero y los demás falsos, o que haya alguno que sea más verdadero que otro.
A partir del rasgo científico de nuestro ethos , nos sentimos tentados a afirmar que la verdad con respecto al agua está en la mente del químico, quien piensa que es H2O. Sin embargo, la lavandera que piensa que el agua es lo que le permite ganarse lo indispensable para mantenerse ella y sus hijos en vida no está menos en la verdad. Tal vez incluso su concepción sea más verdadera que la del científico, en cuanto es más concreta. La de este, en último término, es una abstracción mucho más elevada que la realizada por la lavandera.
Vemos claramente cómo hablar del ethos es hablar del mundo en el sentido señalado. Hemos dicho anteriormente que el ethos es el “modo de habitar el mundo”. Podríamos decir también, quizá con mayor precisión, que es el “modo de habitar, configurar y apropiarse del mundo”. De hecho no se puede habitar un mundo sin apropiárselo y configurarlo, pero es necesario hacer resaltar el momento de la apropiación y el activo de la configuración, cosa que aparecerá más claramente cuando hablemos de la teoría-praxis.
Por lo mismo, encontrar los criterios para diferenciar los distintos ethos en la historia es igual que encontrar el criterio de la configuración de los distintos mundos. ¿Es posible poner algún orden en estas configuraciones o ethos ? Creemos firmemente que sí, y constituye uno de los problemas centrales que se ha de plantear toda ética .
La relación del hombre con los otros es un tema que de una manera u otra siempre ha atraído la atención de los pensadores, se trate de filósofos, políticos o religiosos. Pero sin duda alguna que es un mérito de algunas filosofías de la existencia haber hecho de tal relación uno de los temas centrales de su pensamiento, obteniendo resultados que ya constituyen un logro, al que no solo no se puede renunciar, sino del que es necesario partir. 3Ello no significa, de más está decirlo, adherir sin más a sus conclusiones o a sus maneras de encarar el tema, incluso porque ello difiere de un autor a otro.
Sin dudas que podemos y debemos examinar críticamente el terreno, el ethos del que parten, en especial la manera como sienten los sectores medios de la burguesía las crisis de todo tipo, expresadas violentamente en las dos guerras mundiales interimperialistas y sus catastróficas consecuencias, pero ello no significa invalidar completamente sus importantes aportes a solucionar el problema.
Más aún, en muchos aspectos sus contribuciones han sido más acertadas y profundas que las aportadas por pensadores provenientes de otros campos como el cristianismo y el marxismo, para los cuales el tema debe ser prioritario. Decimos bien “debe ser”, pues ello fluye como consecuencia necesaria de los principios que sustentan. Lamentablemente el dogmatismo ha hecho estragos en ambos movimientos. 4
Si queremos saber a qué han quedado reducidas las relaciones entre los hombres en las sociedades capitalistas con avanzada tecnología, es conveniente y casi imprescindible leer las páginas que Heidegger dedica a la descripción fenomenológica del “se” en Ser y tiempo , o a las numerosas partes en que Marcel describe en sus obras “la crisis del mundo contemporáneo”, tema que constituye el punto de partida de su filosofía.
Con respecto a estos autores, como en general ocurre con todos los pensadores de las filosofías de la existencia, es importante analizar cómo el punto de partida de su filosofar lo constituye la deshumanización que sufre el hombre en las sociedades capitalistas de tecnología avanzada. Ello permitiría comprender la descripción que hacen de dichas sociedades desde el punto de vista de las relaciones humanas, y ubicar exactamente dónde colocan la solución del problema.
Por nuestra parte, cuando tengamos el criterio para distinguir los distintos ethos en la historia, tendremos el marco necesario para hacer las críticas que correspondan, recuperando sus aportes valiosos. Así como necesitamos algún criterio para poner orden en la configuración de los distintos mundos, también lo necesitamos para ver cómo se establecen las relaciones entre los hombres.
Al mismo tiempo que el hombre está abierto al mundo y a los otros, también lo está respecto de sí mismo. Guarda una relación consigo mismo que puede estar signada, y este es uno de los temas fundamentales de las filosofías de la existencia, por la autenticidad o la inautenticidad.
Es un tema fecundo que en realidad, como acontece con todos los temas fundamentales, siempre ha atraído la atención de los filósofos. Está presente también, y de una manera muy viva, en la temática religiosa del pecado y la santidad, que tanto llamó la atención de los teólogos cristianos. El marxismo en general ha dado poca consideración a este problema, en parte acuciado por la necesidad de dedicarle mayor atención a los problemas colectivos, pero en parte también debido al dogmatismo que lo afectó durante la época estalinista.
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