Inspirar es dar permiso para contemplar diversas opciones y aplicar la creatividad desde la libertad de poder elegir según criterios propios, sin miedo al error ni sentir culpa por las consecuencias recogidas, asumiéndolas de forma madura.
• Crear
Crear es inherente al ser humano. Creamos nuestra vida a cada paso con nuestras decisiones y actos que nacen de impulsos o reflexiones internas. Cada instante plasmamos en el lienzo de nuestra vida una nueva pincelada. Creamos con un sentido, construimos para una finalidad. Con estar inspirados no basta; solo la acción nos compromete y nos realiza.
Ser creativos es ser activos. La creatividad nos aporta el crear algo nuevo sobre los hábitos y la costumbre. La creatividad nos devuelve la posibilidad de ser nosotros mismos, de reinventarnos una y mil veces desde la pasión por seguir construyéndonos en el gozoso vivir concebido satisfactoriamente como una obra reconocida y a la vez permanentemente inacabada.
Nada se consigue sin acción, sin trabajo o perseverancia. Es sobre todo en los objetivos a largo plazo donde aparecerá la frustración, pero también la necesaria resiliencia y la puesta en práctica de los talentos y recursos internos para seguir avanzando.
• Lograr
A veces se alcanza la meta y otras no. Gestionar el éxito y el fracaso para el aprendizaje es un reto tanto en el aula como en la vida. Es importante celebrar los logros, pero también aprender de los errores como escalones que nos impulsan a nuevos desarrollos. El error suele estar penalizado culturalmente y es imprescindible para el aprendizaje. Con frecuencia hay tanto miedo al fracaso o al error que ni siquiera hay un intento de logro. Y ese miedo, esa tensión emocional, puede gestionarse para que no bloquee la autorrealización. Salir de las zonas de confort implica asumir riesgos y atravesar el miedo que ello implica.
Lo más importante no es alcanzar una meta, sino darme cuenta de la persona en que me he convertido para alcanzarla. Lo que enriquece es el viaje, no llegar al destino. El proceso, el itinerario creativo, es lo más valioso. Y esa revisión o evaluación del aprendizaje no puede ser binaria: lo he logrado o no lo he logrado. Es esencial dar más importancia a la persona como ser completo que está en proceso de manifestar su potencialidad. Y desde ahí podemos reflexionar en torno a lo que se ha conseguido y lo que queda por desarrollar y descubrir para alcanzar una determinada meta o reto.
El docente es un aprendiz en el mirar, el mimar y el motivar. La mirada, el reconocimiento y el alumbramiento son dimensiones cultivadas internamente que conforman la expresión de su presencia en el aula para ser mirada apreciativa (valor), para acompañar desde la confianza y la creencia en el ser del alumno, para acompañar en el alumbramiento de la propia luz interior.
Y ahora, ¿cómo lo hacemos? Propuestas de acción
Al binomio docente-alumno hay que sumarle la familia y la sociedad. Con estos tres aspectos (alumno, docente, familia-sociedad) construimos un triángulo estable que nos va a permitir desarrollar un practicum, que no busca ser un vademecum educativo y sí un generador de propuestas para que cada centro y docente las concrete según su contexto e identidad propios.
Actualmente los tres vértices suelen tener intereses distintos y el triángulo no es equilátero, sino que según el contexto tiene sus desequilibrios en lados y ángulos.
Este triángulo tiene sus correspondientes en otros aspectos y niveles como cuerpo-mente-corazón, recursos-currículo-metodología, por ejemplo.
En el interior de ese triángulo estaría el ¿para qué?, la parte más profunda: identidad, propósito y valores, integrando la totalidad de los aspectos educativos en un todo unitario y coherente como un vector que genera dirección y rumbo.
De él se irradia el ¿cómo?: metodologías, plan docente, estrategias y planificación.
Por último, se concretaría el ¿qué hacemos?: tareas, acciones, gestión de aula, experiencias de aprendizaje y recursos. No puedo extenderme adecuadamente en este espacio sobre propuestas de acción, muy necesarias y pertinentes. Pero estas surgen también por sí mismas cuando el docente se transforma, cambia la mirada y pone en marcha su creatividad. Aun así, hay varios aspectos que constituyen unas claras áreas de mejora:
1. Colocar al aprendizaje y al alumno en el centro. Todo lo demás está a su servicio.
2. Aportar a la formación docente el desarrollo de habilidades no cognitivas y la invitación al crecimiento personal constante. Por encima de nuestra erudición intelectual, hemos de ser maestros de vida. Hace falta romper creencias muy arraigadas para generar nuevas perspectivas.
3. Conseguir aulas abiertas a la vida, centros que se abren a la sociedad, espacios abiertos donde la comunidad pueda entrar y ser usuaria de los centros educativos y donde la sociedad se enriquezca de las aportaciones de una comunidad que participa activamente.
4. Generar centros con identidad propia y sentido de pertenencia, ecosistemas inclusivos de trabajo en equipos de docentes y alumnos con tareas asignadas a partir de los valores, objetivos y necesidades del centro donde todos sean partícipes importantes de la identidad y el devenir del mismo.
5. Educar para ser desde las materias y contenidos. Impregnar la docencia de valores y el aprendizaje de habilidades no cognitivas: de manera específica (por ejemplo, en tutorías) y de manera transversal, constantemente, en cada área y en cada clase.
6. Generar experiencias de aprendizaje significativas. Desde la presencia docente, mantener un proceso de aprendizaje que empodere, empleando metodologías activas, creativas, formales e informales (disruptivas incluso), que permitan al alumno hacerse cargo de su aprendizaje. Romper espacios y tiempos.
El reto pendiente en educación
Un espíritu libre no debe aprender como esclavo.
Roberto Rosellini
Desde nuestra presencia, los docentes podemos construir un espacio de potencialidad para la regeneración, sanación y transformación de la educación y de todos los integrantes de la comunidad educativa, empezando por nosotros mismos.
Una educación para ser solo puede ser posible desde la construcción de un necesario vínculo a través de una presencia docente que encarne la resonancia del ser. Y solo desde esa mirada apreciativa, respetuosa y comprometida es posible acompañar a la delicada naturaleza de un niño, de un joven, de una persona, para que resuene con esa misma actitud (los alumnos nos aprenden), para encontrar su propio camino hacia su única y especial singularidad interna.
Detrás del establecimiento de las relaciones entre docente y discente está ese vínculo afectivo entre personas que deja una huella en el alma; esa que queda desde el respeto, la confianza y el cariño. Pues solo desde el amor podemos reconocer al otro y respetar su singularidad, confiando en él e inspirándolo para creer en sí mismo y lograr ser.
Lo que nos enriquece no es la uniformidad, sino la diversidad. Y hemos de incluirla en la educación. En el jardín de la diversidad hay sitio para todas las plantas y árboles, para todas las semillas, pues, en esa interdependencia positiva todos se enriquecen de las valiosas aportaciones de cada especie. En un jardín así hay abundancia de frutos y flores. ¿Podemos ver esa abundancia en nuestra enorme diversidad humana? Hay un largo camino que recorrer como seres que anhelamos llegar a ser realmente humanos. Y ese es nuestro camino, el camino de todos. Los hijos de los hombres van a la escuela en todas las culturas y países. La educación tiene la oportunidad de ser factor de transformación o de perpetuar modelos que la actual crisis está convirtiendo en anacrónicos.
Cuando el corazón del docente late con la semilla de su ser permite que sus alumnos, hijos temporales con los que la vida le provee, encuentren sus propios latidos resonando con el ser. Una humanidad que late desde el ser es una humanidad transformada, trascendida.
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