Finalmente, debo agradecer la crítica constructiva y el apoyo anímico y moral de Marcela Anzola, mi compañera y cómplice en el cuestionamiento de muchas creencias sobre políticas públicas y el Estado.
siglas y acrónimos
APAA |
Alpha-phenylacetoacetamida |
APAAN |
alfa-fenilaceatoactonitrilo |
APRA |
Alianza Popular Revolucionaria Americana |
ATS |
Amphetamine-type stimulants Estimulantes de tipo anfetamínico |
CAO |
Comité Asesor para el Opio |
CBIO |
Compañía Británica de las Indias Orientales |
CCPO |
Comité Central Permanente del Opio |
CND |
Commission on Narcotic Drugs Comisión de Estupefacientes |
CVDT |
Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados |
DSS |
Determinantes Sociales de la Salud |
EAC |
Experimentos Controlados Aleatorios |
ECOSOC |
United Nations Economic and Social Council Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas |
ENACO |
Empresa Nacional de la Coca |
FBN |
Federal Bureau of Narcotics Oficina Federal de Estupefacientes |
JIFE |
Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes |
MDMA |
3,4-methylenedioxymethamphetamina (“Ecstasy”) |
MMT |
Methadone Maintenance Treatment Tratamiento de Mantenimiento con Metadona |
NPS |
New Psychoactive Substances Nuevas Sustancias Psicoactivas |
OEA |
Organización de los Estados Americanos |
ODS |
Objetivos de Desarrollo Sostenible |
OFE |
Órgano de Fiscalización de Estupefacientes |
OMS |
Organización Mundial de la Salud |
PAJ |
Programas de Distribución y Cambio de Agujas y Jeringas |
PCOB |
Permanent Central Opium Board Junta Central Permanente del Opio |
PICS |
Sistema de Comunicación de Incidentes de Precursores |
PNUFID |
Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalización Internacional de Drogas |
S-DDD |
Statistical Defined Daily Dose Dosis Diarias Definidas Estadísticamente |
SAMHSA |
Substance Abuse and Mental Health Services Administration Administración de Servicios de Abuso de Sustancias y Salud Mental |
SICD |
Sistema Internacional de Control de Drogas |
SIH |
Supervised Injectable Heroin Tratamiento Supervisado de la Heroína Inyectable |
SPY |
Sociedad de Propietarios de Yungas |
THC |
Tetrahidrocannabinol |
UNDCP |
United Nations International Drug Control Program Programa de las Naciones Unidas para el Control Internacional de Drogas |
UNFDAC |
United Nations Fund for Drug Abuse Control Fondo de las Naciones Unidas para el Control del Abuso de Drogas |
UNGASS |
United Nations General Assembly Special Session Sesiones especiales de la Asamblea General de las Naciones Unidas |
UNODC |
United Nations Office on Drugs and Crime Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito |
UNODCCP |
United Nations Office for Drug Control and Crime Prevention Oficina de las Naciones Unidas para el Control de Drogas y la Prevención del Crimen |
WFAD |
World Federation against Drugs Federación Mundial Contra las Drogas |
prefacio
Mi interés por el mercado de las drogas ilegales surgió hace más de treinta años debido a que no podía entender por qué Colombia había concentrado la producción mundial de cocaína. Este es y se ha mantenido como el producto más rentable de las exportaciones del país y, a pesar de su enorme rentabilidad, ha enfrentado una menor competencia en los mercados internacionales, que en los de cualquier otro producto de sus exportaciones. Mi formación y experiencia profesionales han sido en comercio internacional, industrialización y desarrollo económico; y ninguna de las explicaciones basadas en las teorías de ventajas comparativas o de desarrollo industrial prevalecientes podían explicar ese fenómeno.
Esa resiliencia de la ventaja internacional del país no era el único fenómeno inexplicable asociado a las drogas ilegales. Las transacciones al margen de la ley se basan en la confianza y la amenaza de violencia debido a que sus participantes no tienen acceso a sistemas legales para la resolución de conflictos. De modo que, a partir de 1980 y especialmente a mediados de esa década, la violencia generada por la industria ilegal de cocaína en Colombia dio lugar a una guerra narcoterrorista sin precedentes. Esto no sucedía en Bolivia y Perú, países productores de coca; ni en Tailandia, Laos, Afganistán y otros, cultivadores de adormidera 1por lo que este otro acontecimiento también debía ser explicado. Estos hechos, característicos del desarrollo de las industrias ilegales en el país, me llevaron a cambiar mi enfoque del desarrollo industrial y el comercio internacional legales a la industria ilegal de cocaína.
Cuando empecé a seguir la literatura sobre el tema, también me desconcertó la persistencia de posiciones opuestas en los debates internacionales sobre política de drogas basadas en argumentos débiles a favor o en contra de la prohibición de drogas psicoactivas. “Prohibicionistas” y “legalizadores” presentaban sus posiciones políticas, razones y creencias por las que la prohibición podía considerarse buena o mala, pero no justificaban los supuestos sobre los cuales se basaba su forma de pensar, ni conferían pruebas basadas en conocimiento científico que las sustentaran o cuál sería la evidencia requerida para reconsiderar su opinión. En ese contexto, cada cual predicaba frente a sus correligionarios, pero no se establecía un diálogo. El problema es que, con cierta frecuencia, en política esto no es relevante porque lo importante no parece ser estar en lo cierto, sino convencer mediante la apelación a creencias, sentimientos y hechos seleccionados para apoyar lo que los convencidos ya “saben”. Esto aplica particularmente a cuestiones políticas complejas que implican muchos aspectos sobre los que la mayoría de la gente sabe muy poco.
El fracaso de los discursos y debates de la política de drogas evidencia que en estos temas dos personas distintas (ambas inteligentes, educadas y bienintencionadas) pueden mantener posiciones opuestas que defienden celosamente. De manera que, era necesario explorar cómo las creencias más fuertes de las personas influyeron en el diseño y construcción del Sistema Internacional de Control de Drogas (SICD).
El SICD 2proporciona un marco internacional para hacer frente a los problemas sociales planteados por la adicción a las drogas psicoactivas (aquellas que alteran la percepción, el estado de ánimo, la conciencia o el comportamiento de las personas) y por el control internacional de la producción, el comercio y el consumo humano de ellas. Algunas de estas sustancias pueden ser autorrecetadas por quienes eligen consumirlas; obtenerse legalmente bajo prescripciones médicas y supervisión; o estar prohibidas para el consumo legal. Este marco también incide y controla la producción y el comercio de algunos de los productos químicos claves utilizados para la fabricación de sustancias controladas.
A principios del siglo XX, la producción, comercialización y uso de drogas psicoactivas se convirtió en una preocupación política para algunos países. Los gobiernos, alarmados por el crecimiento del uso del opio en países asiáticos, principalmente en China, y del comercio internacional de esa sustancia, lideraron un esfuerzo pionero para desarrollar un sistema de control internacional del opio en la Comisión del Opio de Shanghái de 1909 y lograron formular el Convenio Internacional del Opio de La Haya en 1912.
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