La tarea de Juan José no ha sido fácil: investigar, buscar, registrar, rebobinar la historia lleva tiempo y esfuerzo, y pueden dejarte con LOW BATTERY. Sin embargo, la Pasión y el Amor por lo que hizo, le recargó las pilas constantemente. Su objetivo, que las nuevas generaciones no olviden su procedencia, se ha cumplido. La memoria salva el alma de las familias. En este caso, el alma de la Familia Marconi está salvada para siempre.
He disfrutado mirando esta película hecha de palabras. He recordado a tantas personas conocidas que ya no están. Soy una privilegiada al ser convocada para escribir este Prólogo.
Ahora, nos acomodamos en el sillón más cómodo de casa, nos disponemos a entrar en el Túnel del tiempo ...y ponemos PLAY.
Los abuelos nunca contaron nada de lo que vivieron en Italia; menos aún, de LA FAMILIA que dejaron allá, cuando decidieron EMIGRAR.
Así, hubo que indagar en lugares públicos, y en personas y familiares de Polverigi para poder armar un poco esta:
“VERDADERA HISTORIA DE INMIGRANTES”.
Empezaré por lo poco que sé de “la parte italiana”, para que después pueda contar lo vivido en la Argentina por el matrimonio MARCONI-MARTELLI.
Un matrimonio concebido con muchos “apuros” y algunas “rarezas” en su conformación, dejando varias preguntas sin respuestas...
CAPÍTULO I
La vida en Polverigi, Ancona
En ITALIA, región de LA MARCHE, provincia de ANCONA, existe una pequeñita comuna llamada POLVERIGI.
De ahí, eran LOS MARCONI-MARTELLI. ¡¡¡Mis abuelos paternos!!!
Allá, por los albores de 1900, trabajando mucho, vivían en el “pueblito” dos adolescentes “fortachones” y muy inquietos, que no encontraban una salida laboral estable, para poder cumplir con sus sueños más básicos; algún día, formar una familia con muchos hijos, jugando en los alrededores de una linda casa.
Habían comprobado desde muy chicos el tremendo esfuerzo que hacían sus padres para darles “una vida digna” en una casa, que cada día costaba más mantener.
Podían tratar de “emigrar”, porque tenían una hermana soltera aún, y un hermano adolescente que no pensaban dejar el “hogar familiar” por ahora.
Y además era algo que muchos italianos hacían, en esos tiempos, debido a las “necesidades que se vivían”. Porque la situación era muy pobre, y había que hacer esfuerzos para que en la casa no faltara lo elemental.
Más que “compañía”, sus padres precisaban que “alguien” ayude aportando lo mínimo para comer todos los días.
Los dos tenían “pájaros en el alma”, por eso es que pensaban “en volar”.
Giovanni, el mayor, un poco más pensante, tenía un especial cuidado con sus padres, sobre todo con Ottavio, quien había trabajado mucho y en condiciones muy desfavorables casi siempre, para mantener a “la familia”, y levantar “la casa”, mientras ellos y los hermanos crecían.
Y razonaba que no era justo abandonarlos ahora que podían ayudar, de vez en cuando con “un poco”.
El más chico de los dos, Cèsare, se decidió a buscar donde sea “una vida mejor”, pero era menor y no podía viajar sin un mayor como “tutor”.
En la zona tenían un primo, Federico Marconi, quien vivía la misma situación que casi todos, por lo menos en esa parte de Italia, y andaba con muchas ganas de emprender “el gran viaje”.
Tenía algunos contactos en la Argentina, un país “al otro lado del mundo”, y esto hacía que “se pensara” demasiado la decisión de irse, aunque ese parecía un lindo lugar para poder cumplir con el “SUEÑO DE TODOS”.
En unas “fiestas populares de la región”, se encontraron los tres y pudieron hablar mucho del asunto.
Entre los dos hermanos convencieron al primo, para que, siendo “tutor”, llevara a Cèsare a ese país tan “próspero”, como un adelantado familiar.
Quedaba aún una parte difícil; tener el “visto bueno” de Ottavio, el padre, para que le otorgue el correspondiente permiso; y este, ya pisando los 60 años, no tuvo argumentos ni fuerzas para impedir nada; además se daba cuenta de que, como estaba la situación en Italia, los hijos no podían aspirar a cosas importantes; y se alegró un poco, porque al menos no se iba Giovanni, “el primogénito”, el que siempre aportaba cosas para la casa. El RESPALDO que “tenían” con Paolina, su esposa, madre de los muchachos, para hacer más llevaderos los duros años de “mucha escasez”.
En poco tiempo hicieron todo para viajar; autorización, pasajes y documentos; y entre los dos hermanos convinieron en que, una vez instalado con el primo allá en el sur, escribiría contando todo lo que se podía hacer en el “paraíso al otro lado del mundo”.
Pasaron unos días, y ya partieron Federico y Cèsare para Génova, donde tomarían el vapor SIENA hacia “LA AVENTURA ARGENTINA”. Eran días de mediados de noviembre del muy frío 1906.
Quedó Giovanni con ganas de intentar algo parecido, pero sería más adelante, pues todavía hacía mucha falta “su ayuda” en la CASA MARCONI.
Aunque trabajara todos los días sin descanso, este sabía que no podría cumplir con sus “deseos” ahí.
Se veía a sí mismo “trabajador”, pero cuando llegaba la noche y se encerraba en su cuarto, miraba sus manos, y como dice Alberto Cortez, hablando de su abuelo; estas también... “JÓVENES Y FUERTES ESTABAN VACÍAS”.
Siempre pensaba en tener una esposa y “muchos hijos”, mientras vivía en Polverigi.
Pero ¿CÓMO???
¡¡¡Si no sobraba nada!!!; apenas alcanzaba para uno, y de vez en cuando ayudar a Ottavio y Paolina, con un poquito.
Ya desde esos días, empezó a buscarle un “norte” distinto a su vida.
En momentos de cosechas había algo de trabajo, aunque al ir a cobrar solo quedaba para vivir y dejar algo en “la casa paterna”, no más.
Los dos hermanos, Giovanni y Cèsare, soñaron mucho con encontrar trabajo donde fuera; si tenían que irse lejos, así lo harían. Bueno, el menor estaba “haciendo punta”, y había llegado a Saladillo a 200 kilómetros de Buenos Aires; todo muy nuevo y con mucho por hacer, en los calurosos días de diciembre de 1906.
Eran tantas las ganas de ponerle “un pie encima” a la Argentina, para vivir dignamente, que pasó un largo tiempo, no haciendo otra cosa más que “TRABAJAR”, y no hubo tiempo de contarle a Giovanni lo que estaba aconteciendo, como habían convenido, hasta que encontró algo que le daba la oportunidad de cumplir con la súplica de su hermano mayor; era un periódico viejo de la zona, con un anuncio “importante”, y se lo mandó esperando que no llegue demasiado tarde.
Acercándose al final de la primera década, llegó a destino el envío desde la Argentina; el periódico viejo con un pedido de “gente para trabajar campos vírgenes”. Cèsare lo había traducido para que lo entendieran bien en Polverigi (“PERSONE CHE LAVORANO CAMPI VIRGINI”, decía el anuncio). ¡¡¡Acá está lo que busco!!!, se dijo el ya veinteañero muchacho receptor de la “correspondencia” en cuestión. Y, muy interesado, siguió leyendo... ¡¡¡Ah!!! Era en la Argentina, el país que estaba “del otro lado del mundo”... y ofrecían el trabajo para “UN MATRIMONIO”.
Ya irse era difícil, y conseguir una esposa más en esos momentos, aunque la idea “le prendió” en la cabeza y en su joven y audaz corazón, y la sangre empezó a dar vueltas más ligero.
Total... se dijo, Rinaldo (el hermano menor) ya está grande y puede colaborar con “algo” para la casa. Yo lo hago desde que tenía menos edad.
Buscó un libro para conocer mejor donde quedaba ¡¡¡la Argentina!!!
¡¡¡Uh!!! Era muy lejos; bueno, se consoló, allá están desde hace unos años Cèsare y Federico, ¡¡¡pueda ser que sea cerca de donde están ellos este destino!!!, y si no, “trabajo unos años y regreso”.
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