La iba a echar de menos cuando abandonara, porque no le cabía ninguna duda de que lo haría más pronto que tarde.
—¿Quieres dejar de mirarme el culo? —¡Este Marcos era un gilipollas, pero total!, ella se volvió hacia él dispuesta a enfrentársele cuando lo pilló literalmente babeando mientras le miraba el culo.
—Barbie, tienes un culito que sería un delito no mirarlo —y le sonrió cómo si le estuviese haciendo un favor por tener toda su atención.
—¿Barbie? —dijo enfadándose aún más con él— ¡Serás gilipollas!
—¡Eh, eh! —terció rápidamente Izan, poniéndose entre los dos— ¡Esa boquita! —la miró otra vez molesto con ella, “¿es que esta mujer no tenía filtros?”
—Desde luego, Barbie —esta vez Marcos puso aún más énfasis en el apodo, al ver que le molestaba, ¡eso por haberlo dejado en ridículo!— Qué carácter. Vamos a tener que llamarte Barbie gruñona, porque tienes más pullas que un rosal.
—Ya basta Marcos, no seas grosero y tú no hace falta que seas tan borde.
—¿Qué yo soy borde?, y él, ¿qué?
Izan evitó reírse por todos los medios, ya estaba el ambiente bastante caldeado. Marcos la miraba con aire ofendido, por no sentirse halagada por sus miraditas lascivas y ella lo miraba pensando si darle un buen mordisco y arrancarle la cabeza por ser tan baboso.
—Ya basta, Marcos vete atrás con Raúl y Ana, tú, pásate delante con nosotros… —y en voz baja susurró— Esto es surrealista, ¿cuántos años tenéis, doce?
—¿Delante para qué, para que me lo puedas mirar tú?
Izan se quedó tan asombrado que por un momento no contestó, diversas risitas sofocadas se oyeron por la retaguarda.
—No seas ridícula —le contestó él y en voz más baja para que los demás no lo oyeran añadió—, me gustan las mujeres con un poco más de carne en los huesos, los esqueletos andantes no son lo mío. Tu culo estará a salvo conmigo y te daré un consejo —la miró con frialdad—, cuidado con esa boca que te traerá más de un disgusto —y se volvió donde Luis lo esperaba.
—Mi boca y mi culo son problemas míos —añadió dolida. Se dio la vuelta y comenzó a andar de nuevo. No sabía por qué había reaccionado así, pero cuando vio como el hombre la estaba mirando, saltaron todas sus alarmas y no se pudo refrenar.
No se sentaron hasta el km 15 y hacía un calor sofocante. En ese avituallamiento, había fruta cortada y bebidas energéticas. Ella se bebió varios vasos de bebida energética y luego se sentó junto a su mochila que había colocado con cuidado en el suelo. Abrió la mochila y sacó un bote de crema protectora para el sol. Vio como el resto de las mujeres la miraban, un poco sorprendidas, suponía que porque se hubiese acordado de algo así.
—Este sol me achicharrará si no me cuido, podéis poneros crema —ofreció con timidez. Ana se levantó con rapidez y se sentó junto a ella mientras se ponían la crema con cuidado en la cara y los brazos, principalmente. Sara la ignoró directamente.
—El ogro tiene corazoncito —indicó Luis a Izan, que miraba como Ana hablaba con ella mientras se ponían la crema. Se sorprendió aún más cuando se quitó las botas y los calcetines y comenzó a ponerse una crema que supuso que sería para las rozaduras—, y no es tan descerebrada como pensabas.
—Ya veremos —indicó sin querer dar su brazo a torcer.
—Vámonos —gritó poniéndose en pie y colocándose su mochila. No miró si lo seguían porque los murmullos de queja que oía le indicaban que todos se estaban preparando para marcharse.
—¡Alex! —gritó, volviéndose para mirar cómo se ponía las botas y se ataba los cordones con rapidez.
—¿Sí? —ella gritó desde donde estaba, intentando así poder ganar un poco más de tiempo mientras cogía su mochila y hacía una mueca de disgusto al notar el peso que tenía.
Sonrió a su pesar.
Tenía que empezar a estar cansada. Primero porque no parecía una persona que hiciese largas distancias a menudo y segundo por el peso extra de la mochila. Veía las miradas de compasión que le dirigían los hermanos y Samuel, parecía que aún con sus malas contestaciones, su gesto como poco heroico, le hacía ganar adeptos.
—Vente donde pueda verte y donde no puedas descargar tu ira sobre nadie más —murmuró medio en broma.
—Siempre puedo descargarla sobre ti —indicó ella con sonrisa torcida.
—Me arriesgaré.
—Un chico valiente.
Risas sofocadas.
¿Es que esta mujer no callaba nunca? Hacía que mantener una tregua con ella fuese imposible.
—Deberías saber cuándo es mejor callarse —la amenaza velada no surtió efecto.
—Nunca es mejor callarse.
—Puedes provocarme tanto como quieras, las pelirrojas con mal humor no me impresionan.
—No tengo mal humor, lo que pasa es que me provocas.
—Claro, eso será…
Ella comenzó a andar tras él y Samuel lo hizo tras ella, le agradeció con una sonrisa el detalle.
—¿Ves?, lo haces todo el tiempo.
—Cállate un poco —indicó él, sin acritud
—¿Y si no quiero?
—Alex, ¡ya está bien!
Ella miró a Luis sorprendida de que la recriminara a ella. Pensó en contestarle, pero al ver como la miraba Izan decidió ignorarlos a ambos. Cogió su iPod y se puso música. Se abstrajo por completo de las miradas que todos le echaron.
—¿Qué se supone que tenemos que hacer con eso?
Izan la miraba como iba totalmente concentrada con la música que llevaba.
Se habían parado a comer, ella había cogido su sándwich y su bebida energética y se había sentado sola, mientras comía con ganas, pero totalmente absorta en lo que oía.
—Bueno, oficialmente no es ni un teléfono ni una Tablet. —Izan miró a Luis que sonreía mientras miraba a la chica, que seguía absorta de los comentarios que estaba provocando.
—Traerá problemas —sentenció Izan mirando de reojo como Sara comentaba con los demás, mientras la señalaba a ella apartada en un extremo.
—Y aquí viene el primer problema —susurró Luis al ver a Sara acercarse.
—Oye, Izan, ¿no se supone que no podemos traer ningún objeto tecnológico?
—Es un iPod, de eso no se dice nada. Creo que me superan las nuevas tecnologías —dijo para suavizar un poco el problema que veía venir—, tendré que revisar las normas para el año que viene.
Sara no se dio por vencida y se sentó frente a ellos en el suelo, como estaban todos.
—Ya, bueno, pero se sobreentiende.
—Sara, escuchar música no es lo mismo que hablar por teléfono —indicó Doc, que no conseguía que en los dos años que la conocía, le gustase esa mujer. La había visto ser una mujer increíblemente melosa y sexi con los hombres que le interesaban y totalmente fría y despectiva con todos los demás. El año anterior la había visto sacar sus armas de mujer con Izan y aún seguía mostrando esa cara falsa e interesada con él y sabía que Izan la tenía calada desde el primer día.
—Bueno Doc, no será lo mismo, pero también la aísla de los demás y la ayuda a evadirse. Nosotros no tenemos esa opción. Creo que las normas deben ser para todos igual.
Y eso era lo que Izan temía que pasara. Cuando todos supieran que Luis la conocía de antemano, podían pensar que la favorecía, aunque no fuese cierto.
—Sara, hablaré con ella. Pero te recuerdo que las normas no dicen nada al respecto. De todas formas, dado que la situación de Alex hoy es tan inusual, sé que tú eres capaz de ponerte en su situación y dejárselo al menos por lo que resta de día.
Sara lo miró sorprendida. El tono de voz de Izan le había sonado de manera más suave, cosa que nunca había oído antes y sus ojos, ¡Dios! ¿esos ojos la habían mirado sin esa frialdad que solía ver en ellos? El campamento volvía a resultar todo un reto ahora que él parecía estar receptivo a sus encantos.
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