Además, estaba cansada porque no dormía suficiente.
Y saber que tenía una conversación pendiente con Izan no ayudaba a relajar sus nervios, ya tensos de por sí.
—Quiero que bebáis agua, mínimo dos veces en el recorrido. No hace calor todavía, pero es importante. Guardaros fuerzas para el final. Os puedo ir cantando los tiempos en cada vuelta, si queréis. Y avisaré a quien se empiece a pasar del tiempo.
Los fue mirando uno a uno mientras hablaba.
—No os confiéis, que no es un recorrido cómodo, 15 km a 4,66 el km para vosotros, y a 5.33 para vosotras es muy exigente y no está al alcance de cualquiera.
Miró a los dos hermanos con atención.
—Debería ser pan comido para vosotros, pero controlad bien los tiempos, ¿de acuerdo?
—Después voy a querer una cerveza bien fría.
—Yo también —Marcos se sumó a la petición de Raúl
—Ya veremos —pero les sonrió a los hombres, dándolo por hecho —Preparaos. Recordad, coged agua en la vuelta dos y cuatro. Os recuerdo que son cinco vueltas de 3 km.
Miró a Alex, preocupado. Estaba algo pálida y parecía cansada. Se hubiese alegrado de que pasara tan mala noche como había pasado él, después de ese beso que le dio. Pero la verdad es que era un mal día para no encontrarse al cien por cien. Era una carrera de tiempos muy exigente, que de verdad dudaba que ella pudiese superar. Pero si algo sabía de Alex, era su capacidad de sorprenderlo continuamente.
Miró el cronómetro y dio la salida.
Allá iban.
Alex decidió coger un ritmo cómodo que no hiciera sufrir a sus pulmones desde la salida. Vio como los hombres se adelantaban en los primeros metros y pensó en seguirle el ritmo a la chica que se quedara justo delante de ella que le hiciese de liebre. Comprobó que Ana, que se había descolgado también algo del resto de chicas, llevaba un ritmo bastante parejo al de los hombres. Sólo le quedaba Sara justo delante y, al no tener referencia de tiempo hasta que diese la primera vuelta, se adecuó al ritmo de ella.
—Veinticuatro minutos, ritmo de menos de 5, vais bastante bien. Alex puedes ajustarlo más, frena un poco.
“¿Frenar más? ¡Y una mierda!”. Si se descolgaba mucho de ella, perdería la referencia totalmente y se arriesgaba a pasarse de tiempo. Pensaba sacrificarse un poco en las primeras vueltas y aflojar algo más cuando lo necesitara. Aunque comenzaba casi a jadear y aún le quedaban más de tres vueltas.
Dio la segunda vuelta al mismo ritmo que la primera, pisándole los talones a Sara, que intentaba cambiar de ritmo para descolgarla. Se dijo que, si tenía que subir aún más el ritmo, se desfondaría por completo y tendría que sacrificar los minutos ganados antes de lo que pensaba.
Se comenzaban a acercar a Samuel, que se había descolgado por entero del resto de los hombres y de Ana, que iba al mismo ritmo que su hermano, lo que indicaba que solían correr juntos a menudo.
Sara adelantó a Samuel y este la dejó pasar, pegándose a ella para controlar su propio tiempo y Alex decidió seguirle a él. Al menos el ritmo había vuelto a ser constante y algo más bajo que el que llevaba antes.
“¡No te librarás de nosotros, maldita bruja!”
—Tercera vuelta, Samuel vas bien todavía, pero no te relajes. Alex, vas bastante por encima, baja un poco y dales un respiro a esos pulmones.
Alex cogió una botella de agua ya abierta y bebió sin bajar el ritmo, lo que le provocó un acceso de tos, que le dejó los ojos llorosos. Pero apretó los dientes y continuó siguiendo a Samuel, que parecía estar llevándolo bastante mejor que ella. Volvieron a dar caza a Sara, que parecía empezar a resentirse de su cambio de ritmo, para descolgar a Alex.
La mujer se pegó a Samuel para evitarse quedar descolgada, pero estaba claro que no podía seguirle el ritmo y se puso a la altura de Alex, a la que miró con cara de pocos amigos.
¡Bueno, esto se pone interesante!, la arpía está sufriendo para mantener el ritmo. Pero para ser sinceros, ella ya no podía más. Miró a Izan angustiada cuando pasó por su lado.
—Última vuelta chicas, habéis perdido parte de la ventaja ganada, así que si os relajáis demasiado estaréis fuera las dos. Ánimo y mantener el ritmo.
Los hermanos habían llegado ya y estaban tirados a un lado de la pista, recuperando el aliento perdido.
—Vamos Barbie, última vuelta —la animó Ana, levantando la cabeza con cansancio.
Comenzó a toser antes de terminar la vuelta y pensó que tendría que pararse porque apenas podía respirar.
Sara la adelantó con cara de felicidad, pensando que por fin se podía librar de ella y Alex intentó por todos los medios poder seguirle el ritmo, aunque la tos apenas la dejaba respirar. Comenzó a dolerle el costado derecho y sabía que era por falta de oxígeno. Necesitaba pararse un momento desesperadamente, pero obligó a sus maltrechos pulmones a un esfuerzo titánico y llegó tras Sara, tambaleándose y a punto de desplomarse, ante los aplausos de todos.
Se desvió a un lado de la pista, apartándose de los demás, se inclinó y vomitó entre la hierba mientras intentaba recuperar el aliento.
Le ofrecieron una botellita de agua, ya destapada, cuando hubo terminado. Supo quién era sin necesidad de mirarlo. Se enjuagó la boca y escupió, para luego beberse la mitad de un solo trago. Se dejó caer en el suelo y se tumbó de espaldas, cerrando los ojos. Sus pulmones aún hacían un gran esfuerzo intentando recuperarse.
—¿Estás bien?
Ni siquiera lo miró, sólo asintió con la cabeza agotada.
—No deberías estar así tumbada, vas a coger frío y tus músculos necesitan que los estires.
—Dame un minuto, por favor.
Abrió los ojos para comprobar que la miraba con intensidad. No pudo descifrar su mirada en ese momento.
—Un minuto más y te levantas a estirar. —Después, se volvió para añadir —Has hecho una gran carrera. Felicidades.
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