¿Qué demonios había pasado?
Izan se quedó mirando la entrada de la tienda totalmente noqueado.
Suspirando, se levantó y se fue a su tienda, antes de caer en la tentación de seguirla y reclamar lo que su cuerpo tan dolorosamente le pedía.
—¿Qué le has hecho al gran amo?
Alex torció el gesto ante la pregunta, lo que le confirmó a Ana la idea de que efectivamente algo había pasado entre ellos, por la mirada que Izan le lanzó, nada más salir de su tienda por la mañana y verla en el mismo sitio que la noche anterior. Si hubiese podido comprobarse la teoría de la combustión espontánea, Izan la hubiese provocado por la mirada que le había lanzado.
Las mujeres estaban sentadas ante los restos del fuego de la noche anterior, que era donde Ana la había visto, sentada sola, cuando se había levantado hacía ya un rato.
Alex la miró sonriendo. Le gustaba esa chica, sincera y divertida. Era lo más parecido a una amiga que tenía en el campamento y le encantaba. Había perdido a casi todas sus amigas cuando pasó lo de su secuestro, porque no soportaba cómo la miraban. Porque ni ella soportaba en lo que se había convertido.
—¿Por qué? —Ella se negó a mirarlo y a contarle nada al respecto.
—Por una vez, te mira como normalmente lo haces tú —Ana lo miraba a él y le iba narrando las sensaciones que le provocaba—. Y como anoche eso no pasaba, supongo que esta noche ha pasado algo entre vosotros, que ha conseguido que se inviertan vuestros papeles de odio mutuo que os empeñáis en hacernos creer a los demás. Yo sé que es tensión sexual y por cómo te ha mirado, ya te digo yo que la tensión parece haber subido varios grados.
Alex soltó una carcajada y por lo extraño que era oírla reír así, llamó la atención de todos. Izan las observó con intensidad, pensando de qué estarían hablando para hacerla carcajearse así. Tenía una risa preciosa, profunda y cristalina; a continuación, le dio un ataque de tos, que hizo que todos la miraran, esta vez preocupados.
—Está gestando una bronquitis. Suelen darle cuando pasa frío o cambia bruscamente la temperatura.
Doc se lo comunicó a Izan mientras miraba a Alex preocupado.
—Tengo su medicación, aunque debería haber empezado a tomársela antes.
—Dásela cuando desayune.
Doc miró a Izan atentamente. Parecía cansado. No se había afeitado y parecía estar malhumorado.
—¿Una mala noche? —se arriesgó a preguntar por curiosidad.
—Ni te la imaginas, mejor no preguntes.
Izan se preguntó lo qué diría Doc si le contase lo sucedido por la noche con su gruñona amiga.
—¿Tiene algo que ver con nuestra Mata Hari?
Se sorprendió de lo perspicaz que podía ser su socio.
—¿No me digas que se intentó colar en tu cama? —y leyó su cara como un libro abierto—¿En serio? ¿Y qué hiciste?
Lo miró intentando parecer ofendido, aunque no funcionó.
—Sé que no te la has tirado, porque no te miraría como lo está haciendo ahora.
—Se le pasará.
—Bueno, es el segundo año que no estás interesado, aunque este año parece haber tenido más agallas y se ha lanzado. El año pasado se contentó con lanzarte alguna que otra indirecta. Es demasiado orgullosa para que nadie la rechace… dos veces.
No le pasó desapercibida la mirada que Alex le lanzó a la morena.
—¿Tiene algo que ver Alex en este tema?
—¿Por qué preguntas eso? —no podía ser tan perspicaz.
Izan lo miró asombrado del instinto que tenía su amigo. No quería hablarle del beso, aunque hubiese sido ella quién se lo diera. No quería hablar del tema cuando ni siquiera él tenía claro lo que había pasado.
—Por Dios, déjalo ya.
—¿Izan?
—Está bien, creo que la vio salir de la tienda y sacó sus propias conclusiones, o tal vez Sara le contara algo, no sé.
—¿Y por qué debería importarle a ella con quién te acuestas tú? —intentó no dejar entrever la diversión que todo el tema le provocaba.
—Pregúntaselo a tu amiga si quieres. Ahora por favor, ¿podemos cambiar de tema?
Las mujeres continuaron con su conversación.
—Anoche, Sara se acostó con Izan
Ana la miró sorprendida. Entre ellos dos había mucho más de lo que aparentaban, pero se contentaría con los cotilleos. Ya se enteraría de lo que pasaba. Le encantaba Alex, le resultaba una mujer fresca y sincera. No se parecía en nada a la altiva y egocéntrica Sara. Por eso parecían llevarse tan mal.
—Creo que te equivocas.
—Yo misma la vi salir de su tienda anoche. Sobre las cuatro y media o así.
Ana la miró mientras procesaba ese dato. Los ojos de Alex reflejaban pesar, cosa que también era muy revelador.
¡A ella le importaba! y por eso decidió ayudarle para animarla un poco. Entre ellos es posible que aún no hubiese nada, de ahí la frustración que emanaban los dos, simulando odio.
—Que saliera de su tienda no quiere decir que se lo haya follado —Y añadió a continuación— ¿Por qué la gente de este campamento se dedica a pasarse las noches campeando de tienda en tienda en vez de dormir, como es lo normal?
—Yo no suelo dormir demasiado.
—Mira, si pudieses verlo en este momento, Izan no parece un hombre satisfecho. De hecho, hoy es la viva imagen de la frustración sexual y no con Sara; me apostaría un mes de sueldo que él con quién está frustrado es contigo y no con ella.
Alex la miró sobresaltada, eso sí que no se lo esperaba.
—De hecho, nuestra Mata Hari particular tiene una cara de mala leche, que difícilmente es la de una mujer satisfecha.
—No entiendo nada… anoche ella me miró y sonrió dando a entender…
—Ahí lo tienes —exclamó Ana contenta, como si hubiese descubierto un gran enigma—, está claro que fue a por él y parece ser que nuestro apuesto Izan no estaba interesado en ella. Así que cuando salió de la tienda y se encontró contigo, te hizo ver que sí había tenido sexo, por el mero hecho de molestarte. Y porque su orgullo no le permitirá que nadie sepa que él la había rechazado.
Alex lo procesó todo en silencio y no pudo evitar sonreír divertida y mirar a Sara. Le provocó un escalofrío el odio con el que la miraba ella en ese momento.
—Esa mujer me odia.
—Claro que te odia. Le has quitado, sin proponértelo, al hombre que ella quiere. No es una rival fácil y menos cuando se siente rechazada como mujer. Deberías tener cuidado con ella —miró a Alex con atención antes de continuar—, lo que no termino de entender el por qué él parece enfadado hoy contigo. ¿Por casualidad pasó algo más anoche que no me has contado?
Ella se levantó con rapidez.
—No, ahora vamos a desayunar que ya están todos.
Ese día tenían que hacer una prueba de velocidad. 15 km en 1.20 horas como muy tarde, para las chicas, y en 1.10 horas los chicos. Quién no entrara en ese tiempo, estaba fuera.
Ella se había tomado la medicación para la bronquitis después del desayuno y eso le había aliviado un poco la tos. Pero sabía que sus pulmones estaban tocados.
Tenía problemas de alergia desde hacía años y era bastante sensible a los cambios de tiempo, o a pasar frío, como le había pasado el día de la lluvia. Así que sabía que no se encontraba al cien por cien. Aunque también sabía que mejor hacer la velocidad ahora, cuando aún no estaban sus pulmones demasiados jodidos, que unos días después, que su capacidad pulmonar podía verse reducida casi a la mitad, como le había sucedido otras veces.
Se encontraba calentando los músculos de las piernas a conciencia. Había sido runner mucho tiempo y era bastante rápida gracias a sus largas piernas y a una constitución que siempre había sido delgada.
Pero no se encontraba en su mejor forma física.
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