Dicho esto, secuenciación remite al orden que diferentes elementos adquieren en instancias de planificación, al modo en que se encadenan incluso por fuera del proyecto áulico. Por ejemplo, en el diseño de un proyecto curricular institucional, los docentes realizan acuerdos de secuenciación de contenidos o actividades que vuelven esperables ciertos logros en ciertos años y niveles, siempre en el marco del currículum prescripto. Nos referimos aquí a una secuenciación esperable en la institución, sobre todo cuando diferentes docentes tienen a su cargo espacios de una misma área; los profesores de Lengua o Prácticas del Lenguaje, de Matemática, etc.
Así, dentro de lo que hemos llamado currículum real —frente al currículum prescripto—, podemos pensar en diferentes formas de secuenciación:
Entre niveles, en el marco de propuestas de articulación (nivel inicial, educación primaria, secundaria).
Entre docentes de un mismo espacio curricular, acordando progresiones dentro de un mismo año o entre años diferentes.
Entre docentes de áreas diferentes, permitiendo que una aborde determinado contenido desde unas perspectivas o problemas específicos y otra lo recupere luego, aportando otras miradas.
Al interior de propuestas específicas —proyectos, planificaciones anuales e incluso secuencias didácticas—, etc.
Estas secuenciaciones pueden abarcar períodos más extensos —un ciclo, un año, un cuatrimestre— o más breves —la duración de un proyecto o una secuencia didáctica— y plasmarse en documentos diversos —Proyecto Educativo Institucional (PEI), Proyecto Institucional Situado, proyecto curricular institucional, proyecto áulico o planificación, etc.— o bien sostenerse como acuerdos solo visibles en las articulaciones que muestran entre sí diferentes planificaciones.
Sin embargo, la secuenciación no es responsabilidad exclusiva de la escuela o de los docentes —o sea, no corresponde solo al currículum real o moldeado por los profesores, según la clasificación de Gimeno Sacristán que abordamos—, sino que previamente es asumida desde diferentes niveles de gestión educativa, nacional y jurisdiccional, en el contexto del currículum prescripto.
Por ejemplo, los NAP de Lengua explicitan los criterios de secuenciación seguidos en la presentación de los saberes que allí se incluyen, tanto en la educación primaria como secundaria. Podemos observarlo en el siguiente fragmento, incluido en los NAP para el 2º Ciclo de la Educación Primaria que, tal como indica el propio documento, deben ser considerados en forma combinada:
El grado de autonomía en la realización de las tareas de lectura y escritura por parte de los alumnos.
La inclusión progresiva de tipos y clases de textos.
La focalización en algún procedimiento o aspecto de los textos, relacionados o no con la situación comunicativa.
El incremento de variables paralelas a tener en cuenta en la resolución de tareas (la extensión y complejidad del texto, los recursos a incluir en él, los conocimientos previos necesarios, la forma de resolución de las tareas —individual o en pequeños grupos, de manera autónoma o con la colaboración del docente—, entre otras).
El grado de reflexión sobre la lengua y los textos (desde procedimientos que solo tienen en cuenta la intuición lingüística hasta aquellos en los que se involucran conceptos sobre la lengua y los textos para la resolución de las tareas).
Las características propias de los elementos analizados (desde los casos típicos —por ejemplo, el adjetivo para caracterizar al sustantivo al que modifica; una narración canónica que respete el orden cronológico de las acciones— hacia los menos típicos —por ejemplo, una narración que incluya rupturas temporales—).
Ministerio de Educación (2013).
Núcleos de Aprendizaje Prioritarios.
2º Ciclo Educación Primaria 4º, 5º y 6º Años (3ª).
Buenos Aires, Consejo Federal de Educación, p. 25
https://bit.ly/3099TBD
Entonces, ¿cuando hablamos de secuenciación nos estamos refiriendo a la organización de secuencias didácticas? La respuesta es no . Como vimos, una secuencia didáctica es una unidad de planificación que toma decisiones vinculadas a la secuenciación, pero no podemos dar por sentado que toda secuenciación constituye una secuencia didáctica ni que solo se secuencia al interior de esas unidades.
Por ello, conviene explicitar con claridad esta diferenciación:
En síntesis, una secuencia didáctica es una unidad de planificación estratégica que:
Se encuentra enmarcada en las decisiones de secuenciación asumidas por el currículum prescripto, por la institución educativa y por el propio docente al diseñar su planificación anual o proyecto de aula.
Recurre a la secuenciación para el ordenamiento interno de objetivos, actividades, etc.
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¿Qué no son las secuencias didácticas?
Si buscamos en Internet o incluso en bibliografía de referencia para nuestras áreas o materias, resultará bastante simple encontrar ejemplos de planificaciones muy diversas bajo el nombre “secuencia didáctica”. Sin embargo, resulta más complejo encontrar explicaciones coincidentes sobre los principios didácticos que guían su planificación. Esto hace que, tal como afirma el pedagogo mexicano Ángel Díaz Barriga —en su artículo “Secuencias de aprendizaje. ¿Un problema del enfoque de competencias o un reencuentro con perspectivas didácticas?”—, se dé el nombre de secuencia didáctica a prácticamente toda propuesta de actividades para un tema.
Podemos volver, entonces, a nuestra afirmación de que la noción de secuencia didáctica se utiliza de modo diverso y a veces contradictorio. Frente a esto, hemos caracterizado las secuencias didácticas como unidades de planificación estratégica en las que cada actividad incluida resulta significativa en sí misma y posee un objetivo, a la vez que se articula con el resto de las actividades en una progresión que permite el cumplimiento de un objetivo de aprendizaje mayor.
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