Literatura griega y romana
En la literatura greco-romana se pueden encontrar también ejemplos de parábolas. Se trata de narraciones que usan el lenguaje figurado similar a las formas en que Jesús utilizaba el género. Generalmente son formas de comunicación indirectas que incorporan analogías, alegorías y paralelismos (p. ej., Ilíada 9.502-514). Los filósofos griegos son los que más utilizan este tipo de comunicación (p. ej., Séneca y Plutarco).
Las primeras iglesias
En el Nuevo Testamento, aparte de los evangelios y específicamente de las enseñanzas y los mensajes de Jesús, no hay muchos ejemplos del lenguaje parabólico. Quizá en la literatura epistolar alguna analogía (p. ej., 1Co 9.26-27) y alegoría paulina (Gá 4.21-31), pero los ejemplos no son muchos ni significativos. Además, en la Epístola a los hebreos se utiliza la palabra griega parabolé , con un significado más bien metafórico: para indicar que el día del juicio era un símbolo o ilustración de la inefectividad del viejo orden de las cosas (Heb 9.9), y para afirmar que Abraham recibió figuradamente a Isaac de entre los muertos (Heb 11.19).
En la literatura apostólica posterior, la expresión griega parabolé se utiliza con cierta frecuencia. Especialmente en los documentos relacionados con el Pastor de Hermas, se encuentran bastantes referencias al género de las parábolas, aunque no se trata de enseñanzas y narraciones similares a las de Jesús (p. ej., Her 3.2.4—3.8.11; 3.3.2; 3.12.1-3). Y en las cartas de Clemente se utiliza la alegoría para contrarrestar algunas tendencias teológicas (1 Clem 23.4-5; 1 Clem 11.2-3).
Respecto al mundo que rodeó el desarrollo del género de las parábolas, es importante reafirmar lo siguiente: la influencia mayor de Jesús en el desarrollo de su ministerio parabólico fue posiblemente el Antiguo Testamento, aunque el entorno físico de Palestina debió haber incentivado la creatividad del Maestro. Predicó y enseñó Jesús en medio de un ambiente cultural y religioso judío, que también estaba influenciado por el mundo político y filosófico del imperio romano.
En medio de todas esas fuerzas militares y espirituales, y también al reconocer lo que le había sucedido a Juan el Bautista, Jesús decide llevar a efecto su ministerio parabólico, que ciertamente ha roto con los linderos del tiempo. Las parábolas han llegado hasta las comunidades académicas y a los grupos de fe en la sociedad contemporánea.
Las parábolas en los Evangelios sinópticos
Al evaluar el conjunto de parábolas que se incluyen en los cuatro Evangelios, se descubre que se trata de un fenómeno literario de la tradición sinóptica. Juan en su evangelio ciertamente incorpora un lenguaje metafórico (Jn 10.1-18; 15.1-8), pero la naturaleza y la extensión de esas comunicaciones son eminentemente de orden teológico. Inclusive, este cuarto evangelio no utiliza el término parabolé en sus presentaciones del ministerio de Jesús.
De singular importancia es notar que Marcos es, entre los sinópticos, quien incluye menos parábolas de Jesús, pues es el evangelio más corto. La situación cambia dramáticamente en Mateo y Lucas, que incluyen una gama extensa de las narraciones parabólicas de Jesús. Posiblemente, porque sus redacciones son posteriores a Marcos, estos dos evangelios incorporan en sus descripciones del ministerio de Jesús, casi todas las parábolas del segundo evangelio.
Mateo y Lucas tienen en sus evangelios nueve parábolas que provienen de otras tradiciones que no son de Marcos. Además, cada uno de estos evangelios incluyen parábolas únicas, que no están presentes en ningún otro evangelio canónico. De singular importancia, es descubrir que en Mateo 13 se juntan seis parábolas del Reino, que destacan ese fundamental tema en las enseñanzas prioritarias de Jesús. Y en Lucas, se incorpora un grupo singular de quince parábolas en la sección que tradicionalmente se conoce como “relato del viaje de Jesús” (Lc 9.51—19.44).
Las parábolas en el Evangelio de Juan
El estudio de las parábolas de Jesús encuentra un desafío especial al llegar al cuarto evangelio canónico. Por alguna razón, el evangelista Juan no incorporó en su redacción en torno a la vida y las actividades de Jesús las parábolas, que son tan comunes e importantes en los evangelios sinópticos. Se pone de manifiesto claramente de esta forma, la importancia que tiene el objetivo específico del evangelista y su audiencia en la redacción final de los evangelios neotestamentarios.
No son muchas las instancias en las cuales Jesús utiliza el lenguaje parabólico en Juan. En primer lugar, el idioma usado para presentar a Jesús como el buen pastor y la puerta es parabólico. Inclusive, de acuerdo con el relato, cuando el Señor explicó la parábola del buen pastor, el texto de Juan indica que los oyentes no comprendieron lo que el Maestro les indicaba (Jn 10.6).
Posteriormente, Jesús indica a los discípulos que hasta ese momento les ha hablado en parábolas, pero que llegará la hora en que les hablará con claridad respecto al Padre (Jn 16.25). La implicación es que los mensajes parabólicos son enigmáticos y ocultos.
Y entorno a ese mismo tema, los discípulos responden al Señor, y le indican, que ahora le entienden porque hablaba con claridad y «no en parábolas» (Jn 16.29). Esas afirmaciones ubican el uso del género parabólico en Juan, cercano a las comprensiones de la palabra hebrea mashal en el Antiguo Testamento. Para Juan, las parábolas son sistemas de comunicación complejos y ocultos, que vedan los significados y complican la comprensión adecuada del mensaje.
El estudio del cuarto evangelio, en contraposición con los sinópticos, pone de manifiesto que para el evangelista Juan la palabra griega parabolé, tiene un significado misterioso y enigmático. Sin embargo, el estudio de las parábolas en Mateo, Marcos y Lucas revela que el objetivo de las parábolas era la comprensión adecuada para generar una respuesta pertinente.
Esta comparación revela la intención teológica de Juan al redactar su evangelio. Su propósito específico es presentar a Jesús como el Cristo, Mesías o Ungido de Dios, que articula discursos teológicos sofisticados, profundos, misteriosos, desafiantes. En efecto, la finalidad del cuarto evangelista es mostrar que el Maestro de la Galilea articula una teología alta, es decir, que comparte pensamientos teológicos que están en diálogo con las corrientes teológicas y filosóficas que se manifestaban a finales del primer y principios del segundo siglo de la iglesia. De esta forma Juan se distancia del Jesús de los primeros evangelios, que es más educador del camino, más predicador de la calle, más profeta de pueblo.
La cristología de Juan se define desde los inicios mismos del evangelio. La primera afirmación teológica lo dice con claridad: en el principio está el Verbo o la Palabra. Y ese principio básico y fundamental está fuera de los niveles del tiempo: ya no está en Belén, Nazaret o Jerusalén, sino en los comienzos mismos de la historia humana.
Las afirmaciones en torno al Verbo de Dios o la Palabra divina, presentan a un Jesús denso en su teología, y en diálogo intenso con los maestros en la Ley y los filósofos griegos. La teología referente a la misión de Jesús ya no era la presentación del Reino que se asemeja o se parece a… En Juan se intenta explicar a Dios, comprender el mensaje del Hijo, presentar la presencia del Espíritu. Es un viaje novel hacia la razón, hacia el conocimiento, hacia la filosofía, hacia la alta teología, hacia el camino, hacia la verdad, hacia la vida…
Nuestra metodología
Muchos estudios de las parábolas las dividen en tres grupos. El primero se relaciona con las parábolas dichas en la Galilea, al comienzo de su ministerio. El grupo segundo se asocia principalmente con el capítulo 15 de Lucas, que son narraciones que se pueden asociar al tema de la misericordia. Finalmente está el tercer grupo, que incorpora las parábolas dichas en la etapa final de su ministerio, en Jerusalén.
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