A pesar de que no estoy escribiendo la historia de la colonización judía en la Argentina, debo agregar que no todos los que abandonaron las colonias vinieron a la ciudad. Algunos se colonizaron en otras comunidades con condiciones similares a las que daba la JCA, pero sin sus administradores ni su sistema, y no sabemos si hoy siguen siendo campesinos o si ahora son príncipes, o incluso si todavía se siguen dedicando al trabajo de la tierra.
Una gran corriente de colonos escapó a la ciudad durante la administración de Cohan en Moisés Ville (16), cuando se dieron los hechos que se reflejan en el primer periódico judío de Buenos Aires, Der Viderkol , publicado el día 14 del mes de Adar del año תרנח; es decir, a comienzos de marzo de 1898. Se mencionan en un artículo colérico cuyo título es “Di Inkvizitzion” [“La Inquisición”], escrito por Gershom Bartz, que empieza con el primer versículo del libro de la Biblia “Lamentaciones”: “¿Quién tiene tantas lágrimas para que yo pueda llorar día y noche por los muertos de mi pueblo?”. En este artículo se pide a los lectores que visiten los conventillos (17) adonde llegaron los colonos escapando de la lamentable Moisés Ville, en las calles Cuyo –hoy Sarmiento– y Corrientes. El autor de aquel artículo escribe que en los conventillos van a lanzar un gemido y también derramar una lágrima.
El artículo viene con el retrato fotográfico del colono Hirsh Tzainshtejer, que está de pie, descalzo, atornillado a un elemento de tortura de la época de la Inquisición, que parece que fue aportado por la policía local. Pero también menciona métodos modernos inquisitoriales, como el castigo con la fusta, la quemadura en la punta de los dedos, la tortura con sed… Este tipo de métodos todavía son utilizados en las comisarías alejadas, como un vestigio del Santo Oficio. Esa imagen fue reproducida de una fotografía que hasta hoy se puede ver en la casa de algunos pobladores antiguos de la zona. Yo la vi en la del fallecido activista Leon Jazanovich, cuando estuvo de visita por las colonias en el año 1909. Él la había recibido de Israel Zangwill (18), quien la usó como un documento testimonial en el proceso que llevó a cabo contra la JCA en Londres.
Entre 1889 y 1898, la comunidad judía en Buenos Aires creció. No tenemos una cifra exacta, pero Mijl Hacohen Sinay, en el feuilleton (19) impreso en el primer número de Der Viderkol , en marzo de 1898, escribe: “Aquí hay una cantidad importante de judíos. Entre ellos hay escritores y maskilim (20) a los que la pluma no les es extraña…”.
Entre los escritores y maskilim estaban Jacob Joselevich, un antiguo inmigrante de Europa nacido en Lituania, que había trabajado en Odesa y Varsovia, y que en la Argentina fue dueño de una fábrica de níquel, adscripto a Hovevei Tzion (21) y muy reconocido en su tiempo en Odesa, influenciado por Mendele Mojer Sforim (22); también Moshé Beib Lilienblum; Schlomo Liebeschutz, relojero de Kurland y sionista, con una cultura iluminista muy importante; Fabián Sh. Halevy, de Płock, un maskil que antes de vivir en Buenos Aires pasó algunos años en Lodz; Volf Zeitlin, un judío estudioso que tenía una imprenta; Zalman Levin, que luego fue redactor de Der Pauk y Di Blum ; Abraham Vermont, un políglota de Rumania que tenía un pasado oscuro y mítico, con una educación de escuela católica catequizante, un bohemio siempre en contacto con los cafés y con el ambiente de las “casas” (23), cuya primera actividad periodística fue en las ciudades orientales y después en Buenos Aires, donde trabajó incluso en periódicos no judíos, y que se jactaba de atreverse a decir toda la verdad, como indica en el primer número de Der Viderkol ; Jacob Liachovitzky, un muchacho que se infectó con el sionismo y operó en todos los frentes; Mijl Hacohen Sinay, hijo de un rabino que también había escrito algunas piezas referidas a la religión, nacido en Grodno y empleado como maestro en la colonia de Moisés Ville.
También había otros estudiosos y miembros de la intelligentsia que habían llegado a la Argentina para cumplir con el ideal de trabajar la tierra: los conocidos Mordejai Alpersohn y Abraham Rosenfeld, de la colonia Mauricio; Noé Cociovich, de Moisés Ville; los hermanos Shimon y Moshé Bustilnik, de Clara; y otros… A este grupo se agregaba el actual diputado Doctor Enrique Dickmann, que en esa época era un estudiante de Medicina y socialista asimilado que se movía en el ambiente judío dando clases de español.
Buenos Aires ya tenía en ese año una organización de trabajadores, que es la actual Bikur Jolim (24); también estaba la famosa Chevrah Keduscha (25), fundada en 1894 por el rabino de los alemanes, Henry Joseph; la Untershtitung Kassa (26), fundada en 1892 con sello alemán (que luego fue la Ezrah (27)); la Poalei Tzedek (28), con un templo y un grupo que se llamaba Hovevei Tzion; y una organización ortodoxa sionista, Zijron Schmuel (29), denominada así en honor al rabino Shmuel Mohilever (30).
En una palabra, teníamos aquí una especie de comunidad y algunas cosas para hacer. Solo faltaba un diario que agregara insultos, ataques personales y chantajes; o sea, todo lo que caracterizó a la colectividad judía argentina, como demuestra la vida de los periódicos de no mucho tiempo atrás.
1- El Barón Edmond Benjamin James de Rothschild vivió entre 1845 y 1934, y fue uno de los filántropos más importantes de su tiempo. Miembro de una familia de banqueros legendarios y poderosos, se convirtió en uno de los promotores más fuertes del sionismo.
2- Jewish Colonization Association.
3- El Barón Moritz (o Maurice) von Hirsch, que vivió entre 1831 y 1896, fue uno de los filántropos más importantes de fines del siglo XIX. Como el Barón Rothschild, apoyó el éxodo judío del Imperio Zarista, pero, a diferencia de él, se ocupó de dirigirlo hacia América. Para eso fundó en 1891 la Jewish Colonization Association (JCA).
La JCA compró tierras principalmente en la Argentina, Brasil, Canadá y Estados Unidos, apoyada en un capital de dos millones de libras esterlinas (equivalentes a 120 millones de libras del año 2020), aunque poco tiempo después el Barón lo cuadruplicó. La organización del Barón de Hirsch llegó a superar en su monto a todos los fondos públicos judíos de Europa y de América juntos y fue, en definitiva, la organización benéfica más grande del mundo finisecular. Su filantropía estaba concebida como un negocio en el que los capitales invertidos debían crecer sin pausa para realimentar la obra, y donde los colonos debían pagar sus tierras en cuotas anuales.
La primera colonia judía argentina se fundó en 1891 en las inmediaciones de la estación de tren de Carlos Casares, en la provincia de Buenos Aires, y se llamó “Mauricio”. Antes, en 1889, había sido fundada Moisés Ville, en la provincia de Santa Fe (por colonos independientes), y entonces también fue tomada por la JCA. A lo largo del siglo XX fueron creadas decenas de colonias: de ellas surgió la leyenda de los gauchos judíos y la mística de las cooperativas agrícolas. En 1925, con el florecimiento económico y cultural del sistema, se estimaba una población de 35 mil judíos en el campo argentino, sumando colonos, artesanos y comerciantes. A las colonias mencionadas se agregaron Barón Hirsch y Médanos (en la provincia de Buenos Aires); Montefiore (en Santa Fe); Lucienville, Clara, San Antonio, López y Berro, Santa Isabel, Palmar Yatay, Louis Oungre, Leonard Cohen, Avigdor, Walter Moss y Curbelo (en Entre Ríos); Nacisse Leven y Villa Alba (en La Pampa); Dora (en Santiago del Estero), Roca (en Río Negro); y Charata (en el Chaco). La JCA se retiró de la Argentina en 1975, pero todavía continúa existiendo en Israel, donde promueve el desarrollo agropecuario, educativo y turístico en Galilea y Negev.
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